escudo

SEMINARIO MAYOR AFROANGLICANO DE TEOLOGIA Y CIENCIA RELGIOSA

                                                    “AGUSTIN IBARBO QUIÑONEZ”

 

PRIMER MODULO.

I. Introducción a la educación cristiana

1. ¿Qué es la educación cristiana?

2. La expansión del cristianismo

3. La invasión de los bárbaros y la Edad Media

4. Reforma de la enseñanza

5. La escuela dominical

6. En la actualidad

​​​​​​​

I. Introducción a la educación cristiana o Formación catequética

1. ¿Qué es la educación cristiana?

 

En términos generales podríamos decir que es el esfuerzo de transmitir el mensaje de salvación de Cristo a alguien para que lo acepte y cambie de vida.

Jesús predicó sin cesar sobre el reino de Dios. La enseñanza fue una de las características más destacada de su ministerio. Proclamó la buena nueva de Dios en las sinagogas, en los caminos y las plazas; en el campo y a orillas de los lagos. Leemos: El sábado entró en la sinagoga a enseñar (Marcos 1:21). Recorría las aldeas del contorno enseñando (Marcos 6:6). Cuando enseñaba en el templo (Marcos 12:35 y Juan 7:14).

 

Todo el pueblo admiraba su enseñanza. (Marcos 11:18). Enseñaba con autoridad. (Marcos 1:22). Es una enseñanza nueva, con autoridad. (Marcos 1:27). La enseñanza de Jesús poseía una fuerza arrebatadora porque se identificaba con su vida. En Jesús enseñanza y vida coincidían.

 

Después de la resurrección de Jesús, los apóstoles y discípulos comenzaron a predicar la vida, muerte y resurrección de Jesús. Vieron en su vida cumplido el reino de Dios. Sabían que si todo el mundo viviera según el modelo de la vida de Jesús, el reino de Dios se haría realidad.

 

Primero trataron de convertir a sus hermanos de raza judía: Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado. (Hechos 2:36). Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados. (Hechos 3:19).

 

El contenido de la primera predicación era breve, sencillo, pero profundo. Se trataba de cambiar inmediatamente de vida aceptando a Jesús como Señor y salvador.

Sin embargo, hay que aclarar que el pueblo judío estaba muy bien preparado en materia religiosa. Cada sinagoga contaba con una escuela donde todos los niños aprendían desde pequeños las Sagradas Escrituras. Tan importante eran las escuelas para el pueblo judío que el Talmud afirma “que los pueblos sin escuelas deben destruirse”.

Así, se puede afirmar que el pueblo hebreo estaba maduro para aceptar sin muchas explicaciones el mensaje de salvación de Cristo. Un ejemplo fue la conversión del eunuco etíope, que tras la lectura del profeta Isaías (53:7-8) y la breve predicación de Felipe, fue bautizado en el camino. Este pueblo hebreo estaba ansioso de conocer bien el mensaje de Jesucristo, por eso acudía asiduamente a la enseñanza de los apóstoles (Hechos 2: 42).

El objetivo primordial de la enseñanza judía era la santidad, todos conocían de memoria el mandato levítico Yo soy Yahvé, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues yo soy santo (Levítico 11:44). El mensaje de los apóstoles sobre Jesús venía a perfeccionar y corroborar esa base religiosa

.

2. La expansión del cristianismo

 

Muchos judíos se convirtieron, pero otros muchos no. Por ello, los apóstoles empezaron a llevar el mensaje de Cristo a otras gentes. Haced discípulos a todas las gentes bautizándolas…y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he manado (Mateo 28:19-20). Así se inició la primera y gran empresa misionera cristiana. Pablo, Timoteo y Tito demuestran interés especial por la enseñanza y propagación del mensaje de salvación de Cristo.

 

Se lanzaron a todo el mundo grecorromano, encontraron nuevas culturas y religiones y tuvieron que ampliar el marco de enseñanza para convertir a gente más filósofa. Empezaron a crear teología. Por eso, la enseñanza, que para los judíos podía ser breve y sencilla, para los provenientes de otras religiones era larga y rigurosa. Así, para recibir el bautismo apareció la institución del catecumenado que duraba tres años.

 

Se creó una tensión enorme.

Algunos emperadores persiguieron a los cristianos y los martirizaron porque no adoraban al emperador y a los dioses paganos. Surgieron apologistas –defensores de la fe- como Justino Mártir (100-165) que dieron su vida por la fe. Aparecieron también grandes teólogos y maestros como Clemente de Alejandría (150-215) y Orígenes (185-254) que fueron estableciendo los fundamentos de la fe.

 

Con el emperador Constantino (313) el cristianismo adquirió legalidad de existencia, se devolvieron a la Iglesia todas las posesiones confiscadas, se crearon muchas escuelas para la enseñanza. La enseñanza de la doctrina cristiana había dejado de ser un sencillo mensaje de conversión para los judíos y había pasado a ser algo más complicado que implicaba una defensa constante de los principios cristianos contra la doctrina de otras religiones y filosofías.

 

Así aparecieron también grandes teólogos llamados los Padres de la Iglesia, Jerónimo (340-420), Agustín (354-430) quien escribió un resumen de la enseñanza cristiana: Primeras instrucciones para catequesis; y otros teólogos (véase Historia de la Iglesia). Todos ellos, fueron creando una base teológica que ha durado hasta nuestros días.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3. La invasión de los bárbaros y la Edad Media

El Imperio Romano empezó a desmoronarse debido a dos causas, a la corrupción interna y a la invasión de los bárbaros, pueblos del norte de Europa que descendieron hacia el sur arrasando y destruyendo las culturas existentes. Así desaparecieron las escuelas del Imperio y fueron pasando a un sector privado, religioso, entre los siglos IV y V.

 

Durante la Edad Media (529-1350) la educación cristiana quedó reservada a ciertos sectores de la Iglesia, a las escuelas catedralicias, a los monjes y a los candidatos al sacerdocio. Y con frecuencia esa misma enseñanza dejó mucho que desear por la corrupción tan alarmante que se extendió por toda la Iglesia. El pueblo permaneció analfabeto e ignorante en materia religiosa, desconocía la Biblia, por estar escrita en latín, y porque la inmensa mayoría del pueblo no sabía leer. Así surgieron infinidad de prácticas piadosas y se multiplicó la superstición.

A pesar de todas las deficiencias de la Iglesia en la enseñanza religiosa durante la época medieval, hay que admitir que gracias a ella se conservó la gran cultura de Occidente, y surgieron catedrales de una belleza extraordinaria.

 

4. Reforma de la enseñanza

Dada la corrupción que existía en la Iglesia todos anhelaban una reforma religiosa. Este deseo se extiende de los años 1350 hasta 1750.

Juan Wycliffe (1330-1384) tradujo la Biblia al inglés para que el pueblo pudiera leerla.

Martín Lutero (1483-1546), Felipe Melanchton (1497-1560) y Juan Calvino (1509-1564), reformadores de la Iglesia. En el tema que tratamos, dieron muchísima importancia a la educación religiosa, establecieron escuelas primarias y secundarias, educaron a los jóvenes y reforzaron la instrucción del clero. Todos ellos dieron primacía a la Biblia. Además escribieron catecismos para impartir la educación cristiana.

 

Otro tanto hizo la Iglesia de Inglaterra con la gloria del primer Libro de Oración Común (1549) en el cual se podría encontrar la doctrina fundamental de la Iglesia.

Por su parte la Iglesia católico romana dio avance a la educación religiosa con el establecimiento de seminarios y la creación del primer catecismo universal en 1566 conocido como el catecismo de Pío V; antes de esa fecha abundaban los catecismos privados, los más famosos fueron escritos por los santos Pedro Canisio y Roberto Belarmino. Apareció la orden religiosa de la Compañía de Jesús dedicada a la enseñanza. Sin embargo, la Biblia, para los católicos, permaneció en latín.

 

Todo esto supuso un gran avance con relación a épocas anteriores, pero no fue la solución definitiva, ya que la educación en general permanecía en manos de la Iglesia. Sólo en el siglo XX, cuando las naciones empiezan a preocuparse de la educación de sus súbditos y establecen la educación obligatoria en las escuelas estatales, empieza el pueblo a superar el analfabetismo. La

Educación secular pasa al estado y la religiosa a la Iglesia, esto sucede, sobre todo, en el mundo protestante, pues en el católico, las escuelas van a enseñar algo religión, historia sagrada (un compendio de la Biblia), y en la iglesia se enseña el catecismo y nada más.

 

 

5. La escuela dominical

Esta institución fue creación de Robert Raikes (1736-1811). Nacido en Gloucester, Inglaterra, empezó a impartir enseñanza a los niños a fin de prevenir el vicio, infundir las virtudes, difundir la luz del conocimiento y ayudar al ser humano a entender su lugar en el la sociedad y en el mundo. La idea de las escuelas dominicales llegó a América y se difundió rápidamente.

 

A mediados del siglo XVIII la Iglesia perdió el control de la educación por el avance del racionalismo y la ilustración que consideraban al cristianismo como una superstición. De esa manera, la educación religiosa y secular se separan, sobre todo en el mundo protestante.

 

 

 

6. En la actualidad

Esta rápida visión histórica de la educación religiosa nos lleva a comprender inmediatamente que el contenido informativo de la enseñanza se ha incrementado, por esos dos mil años de historia del cristianismo que tenemos a nuestra espalda. Toda esa información es necesaria, pero tal vez hayamos perdido de vista el principal objetivo que animaba a los primeros discípulos de Cristo que era difundir el mensaje de salvación que Jesús nos trajo.

 

Tal vez fuera bueno abandonar los términos “educación cristiana” y “escuela dominical” que tienen una connotación más informativa, para enfatizar el de “catequesis” que se usó durante toda la historia del cristianismo.

 

La palabra “catecismo” proviene de otras dos griegas que juntas significan la acción de proclamar o de anunciar fuertemente. El término “catecismo” apareció por vez primera en siglo XVI, pero ya vimos como san Agustín usó la palabra “catequesis” en el siglo IV. Los primeros cristianos impartían “catequesis” porque anunciaban fuertemente y con pasión el mensaje de Cristo.

 

La catequesis cristiana debe anunciar fuertemente el mensaje de Cristo. Ese mensaje debe incluir información de la mente, formación del carácter, y transformación de la persona para que ésta se conduzca como otro Cristo en el mundo.

 

La educación catequética tiene como marco ideal la iglesia, pero este lugar santo no debe ser exclusivo; hay que enseñar en los parques, en las fábricas y en las fiestas, donde quiera que se reúnan personas a compartir la vida hay oportunidad de proclamar la buena nueva de Dios. Hay que enseñar y predicar a “tiempo y a destiempo” y aprovechar todo medio que la tecnología moderna nos ofrece.

Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza (y al prójimo como a ti mismo). Queden grabadas en tu corazón estas palabras que yo te mando hoy. Se las repetirás a tus hijos, se las dirás tanto si estás en casa como si vas de viaje, cuando te acuestes y cuando te levantes; las atarás a tu mano como una señal, como un recordatorio ante tus ojos; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas. (Deuteronomio 6:4-9). Este es el mandato eterno que nos llega del mismo Dios.

Por lo tanto, la formación catequética (o educación cristiana) es el esfuerzo de transmitir el mensaje de salvación de Dios revelado en Cristo a alguien para que lo acepte, cambie de vida y se conduzca en el mundo como otro Cristo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDO MODULO

II. Las Sagradas Escrituras

A. Inspiración e interpretación

B. Visión panorámica de la Biblia

1. Antiguo Testamento

2. Nuevo Testamento

 

II. Las Sagradas Escrituras

A. Inspiración e interpretación

Para los cristianos la Biblia ocupa un lugar importantísimo en el culto porque en ella se encuentra la palabra inspirada de Dios. La Biblia mantiene nuestra fe y alimenta la vida espiritual de todo cristiano.

 

Quizá algunas personas no estén de acuerdo con la afirmación de que la Biblia está inspirada. Sin embargo, en ella se nos habla sobre la inspiración. La carta a Timoteo dice: Toda escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien. (3:16).

 

Ahora nos preguntamos ¿Quiénes son los inspirados, los autores de las Escrituras o las palabras que escribieron las inspiradas?

Para muchos las Escrituras tienen sólo un origen humano. Las escribieron autores humanos.

 

El Libro de Oración Común (p.762) dice: “Las Sagradas Escrituras contienen todas las cosas necesarias para la salvación, de modo que cualquier cosa que no se lee en ellas, ni con ellas se prueba, no debe exigirse de hombre alguno que la crea como articulo de fe, ni debe ser tenida por requisito necesario para la salvación”.

 

La inspiración no está contenida en cada palabra; tampoco cada parte de la Biblia es esencial ni necesaria para la salvación. Pero la Biblia en su conjunto tiene un mensaje de salvación y cualquiera que cumpla su doctrina se salvará.

Por eso, la comunidad de fe tiene que aprender a discernir entre la palabra de Dios y las palabras de los hombres (1 Corintios 11:14 y Mateo 5:44). De esa manera la comunidad de fe aceptará el mensaje de salvación como autoritativo.

 

Para otros las Escrituras no solamente están inspiradas, sino que no contienen error alguno. Argumentan así, ya que Dios es verdad y es la fuente de las Escrituras, por consiguiente, las Escrituras contienen la verdad. Dios mueve a los escritores de tal modo que les impide cometer errores (2 Pedro 1:20-21; Juan 17:17; Juan 10:34-35, Timoteo 3:16).

 

La Biblia está compuesta de gran variedad de tradiciones. El material usado no es primordialmente histórico, sino teológico y nos ayuda para la vida y la salvación. La historia de la Biblia refleja la vida de la comunidad de Israel, así como el Nuevo Testamento refleja la vida de la comunidad cristiana naciente de los primeros siglos. Las historias de los dos pueblos nos muestran su realidad central: que Dios está presente en ellos.

 

La estrecha relación entre las Escrituras y la comunidad tiene importantes consecuencias en la vida diaria de los miembros de la comunidad de fe. La inspiración ocurre dentro de la comunidad de fe y está “localizada” en la comunidad de fe y no simplemente en los libros de la Biblia.

La comunidad de fe “reformula” durante la transmisión del mensaje, cuando lee y reflexiona en la palabra de Dios, así cada uno de los participantes aprende sobre la fe, y establece una concreta y auténtica relación con la comunidad de fe y con la comunidad que la rodea. Cada vez que leemos las Escrituras nos motivan a “responder”, y a aplicar la respuesta a situaciones nuevas y específicas.

 

La inspiración se debe hallar en la tradición, en la situación donde nos encontramos y en la respuesta que demos a estas Escrituras.

 

La prueba de la inspiración en las Escrituras no se basa en las voces divinas, sino que tiene que descubrirse en los “efectos”, en los resultados que produce de amor, de compasión, de amor a la creación.

 

 Su autoridad está en el poder de moldear la realidad de la comunidad de fe

La Iglesia Anglicana, siempre ha tratado de mostrar la conexión, la interrelación que existe entre las Escrituras y la comunidad y su continuo proceso de que la comunidad tiene que constantemente reinterpretar, pues la misma tradición lo impone.

B. Visión panorámica de la Biblia

La Biblia está dividida en dos grandes partes: Antiguo y Nuevo Testamento. Pero resulta que cada una de estas dos divisiones presenta otras divisiones internas que nos permiten agrupar los diferentes libros de acuerdo a su contenido.

Así pues, los 45 libros del Antiguo Testamento los podemos dividir en 5 grupos desiguales y así nos va a quedar mucho más fácil identificarlos y estudiarlos después uno por uno.

Con idéntica intencionalidad haremos otro tanto con los 27 libros del Nuevo Testamento: lo vamos a dividir en cuatro grupos para poder abordar más fácil tanto su contenido como su sentido.

En cada grupo colocaremos el nombre de los libros con su sigla entre paréntesis y daremos una brevísima explicación del mismo

 

1. Antiguo Testamento:

a. El Pentateuco

Este primer grupito o conjunto de libros lo vamos a llamar “Pentateuco”. Desde hace muchos siglos se le llamó así porque estaba formado por 5 rollos. Antes de Cristo no había libros como los que tenemos hoy.

La gente escribía en un material llamado papiro (porque lo hacían de tallos de una planta muy común en Egipto que se llama así). El tamaño de cada hoja, juntando varios trozos del material, era como las que hoy tenemos para escribir cartas, y las unían una detrás de otra hasta que quedaba una cinta larga, larga que enrollaban sobre una especie de rodillo y luego lo guardaban en unos estuches de arcilla cocida que parecían cántaros o tinajas.

Esos estuches se les decía en griego “teuchos” (teujos). Ahora, “cinco” en griego se dice “penta”, luego, ahí tenemos la explicación de esta palabra: significa cinco estuches (teujos). Siglos más tarde, a alguien se le ocurrió la idea de colocar las hojas una sobre otra hasta hacer un montón y luego las cosió, a eso se le llamó “códice” y más tarde en nuestra lengua se llamó “libro”, por eso “Pentateuco” significa también “cinco libros”.

- Génesis (Gn): Nos habla de los orígenes del mundo y de los antepasados del pueblo de Israel, es decir de los patriarcas y sus peripecias en la tierra que Dios le prometió a Abraham.

- Éxodo (Ex): Nos narra la situación de esclavitud del pueblo de Israel en Egipto y cómo Dios lo liberó de allí. Hizo un pacto o alianza con ellos y los guió hasta la tierra prometida.

- Levítico (Lv): Este libro fue colocado aquí para instruir al pueblo sobre el aspecto social y religioso cuando estuvieran ya en la tierra que Dios les prometió. Es decir, cómo tenían que comportarse en el culto, los sacrificios y ofrendas y con los demás miembros del pueblo. Se insiste de una manera muy especial en la santidad: hay que ser buenos y santos porque Dios es bueno y santo. Números (Nm): Como el pueblo duró bastante tiempo haciendo la travesía entre Egipto y la tierra prometida, este libro nos cuenta todo lo referente a esa travesía. Es decir, se trata de las narraciones o relatos del pueblo mientras anduvo por el desierto.

 

- Deuteronomio (Dt): Este libro vuelve y cuenta todo lo referente a la salida de Egipto, cómo el pueblo había estado allá esclavizado y cómo Dios lo sacó poderosamente de las garras de los opresores, pero es para decirle al pueblo que ellos no pueden volver a montar ese mismo sistema de esclavización y abuso de los demás en la tierra prometida.

 

b. Libros “históricos”:

Para poder entender un poco mejor el porqué estos libros se denominan “históricos” es bueno que tengamos en cuenta que: 1. No se trata de una “historia” en el sentido estrictamente científico que hoy se le atribuye al término. 2. Las historias de las cuales se habla en estos libros, aunque mencionan personajes y lugares históricos, están contadas desde la óptica de la fe; por tanto, 3. Al escritor o escritores de estos libros no les interesaba tanto la verdad histórica, sino la verdad teológica; es decir, demostrar cómo Dios iba actuando en la vida e historia del pueblo elegido.

 

- Josué (Jos): Nos narra la entrada a Canaán y las primeras campañas conquistadoras del territorio así como el reparto de la tierra por tribus.

 

- Jueces (Jue): Hace referencia a la organización del pueblo en la tierra prometida o Canaán. Este libro es muy importante porque nos ayuda a entender que la mejor manera de practicar la justicia que Dios quiere es organizándonos como comunidad y disfrutar todos y todas de cada uno de los bienes que Dios ha creado.

 

- 1Samuel y 2Samuel (1Sm; 2Sm): El primer libro de Samuel nos cuenta el origen de este personaje. Samuel es el último de los Jueces de Israel, y es a él a quien le toca ver el fin de la experiencia histórica de organización comunitaria de Israel para darle paso a la experiencia de la monarquía. El segundo Libro nos va a narrar justamente los primeros tiempos de la monarquía con Saúl y luego con David.

 

- 1Reyes y 2Reyes (1Re; 2Re): El primer libro de los Reyes nos habla de la historia del Reino de Israel. Comienza con Salomón quien sucedió a su padre David; pero cuando muere Salomón, el reino se divide en dos: Norte y Sur, y aquí comienza la historia a narrarnos la sucesión de reyes tanto del Norte como del Sur. El reino del Norte desaparece en el 721 a.C., cuando los asirios arrasaron el territorio y deportaron grandes grupos de habitantes a otros lugares del imperio. El reino del Sur desaparece en el 587 a.C., cuando los babilonios arrasaron el territorio, destruyeron a Jerusalén e incendiaron y saquearon el templo y luego deportaron la población a la capital del imperio de turno: Babilonia.

 

- 1Crónicas y 2Crónicas (2Cr; 2Cr): Desde otra perspectiva y de la pluma de otra escuela de autores, surgen estos dos libros que básicamente cuentan lo mismo que 1 y 2Reyes.

- Esdras (Esd): Este personaje fue uno de los responsables del retorno de los cautivos de Babilonia nuevamente a la tierra prometida; por tanto, el libro nos narra todo lo concerniente a los cambios políticos del nuevo Imperio: el Persa, la llegada de los cautivos y los primeros años de la reconstrucción de Jerusalén y del templo.

- Nehemías (Neh): También como Esdras, es un personaje del retorno, por tanto, el libro nos continúa narrando los trabajos de la reconstrucción y sobre todo, la re-organización del pueblo. Esdras y Nehemías serían los verdaderos fundadores del judaísmo que subsiste hasta el día de hoy.

- 1Macabeos y 2Macabeos (1Mac; 2Mac): Después de los persas vinieron los griegos que comenzaron su penetración por todo el Cercano el Oriente a raíz de las conquistas de Alejandro Magno. La cultura griega comenzó a imponerse poco a poco por todo el imperio, pero muchos judíos se resistieron a los abusos de los griegos. Un ejemplo de resistencia por defender los valores religioso-culturales es esta “historia” de los Macabeos que empieza por una familia y termina con una dinastía: los asmoneos.

c. Los libros “didácticos”

Este tercer grupo de libros es denominado por algunas versiones como didácticos” o “narrataivos”; unas novelas cortas con personajes y situaciones ficticios que se escribieron en alguna época especial de la historia de Israel con el fin de transmitir alguna enseñanza en particular, pero por encima de todo con el fin de animar al creyente en su fe. Estos libros son:

- Rut (Rut): De autor anónimo y de época incierta, este libro nos narra la historia de dos mujeres, Noemí y Rut, que han quedado viudas y desamparadas en medio de una sociedad completamente machista. La capacidad de resistencia de ambas, pero sobre todo su amistad y amor solidario son decisivos para no perecer. El final feliz, después de trabajos, fatigas y dificultades, está en que Booz rescata o redime a Rut casándose con ella, cambiando así su suerte y la de Noemí que era su suegra (más adelante vamos a tener la oportunidad de desentrañar el valor teológico que alcanzó la práctica cultural del rescate en Israel).

- Tobías (Tob): Según algunos especialistas este libro pudo haber sido escrito hacia el final del s. III a. C. Para esta época muchos israelitas se encontraban dispersos por distintas regiones del imperio griego; ellos tienen que enfrentar la tentación de olvidarse de su cultura y su religión.

Mediante estos relatos, cargados de ficción, el lector es invitado a no perder su fe y su confianza en el Único Señor, el Dios de Israel.

 

- Judit (Jdt): Finalizando ya casi el Antiguo Testamento, un autor anónimo se da a la tarea de componer una obra con elementos y personajes antiguos con la finalidad de animar la fe del pueblo que se halla en grave peligro de olvidarse de su Dios para abrazar la corriente e ideologías griegas. Judit, “La Judía”, personaje más simbólico que individual, es quien encarna el mensaje religioso del libro, ella es la representación del pueblo que se aferra a su Señor y no pierde la confianza en Dios. No teniendo hijos físicos, puede asumir la maternidad de todo el pueblo y convertirse en “bienhechora” de Israel.

 

- Ester (Est) Igual que el libro de Tobías, este libro recrea unas escenas y unas imágenes que recuerdan la época de la dispersión (diáspora). Muchos judíos viven fuera de su país, a muchos hasta les va bien y ocupan cargos oficiales importantes; pero se corre también el peligro de diluirse como minoría étnica y religiosa en la masa del imperio, en este caso, del imperio persa. Ese peligro se escenifica o narrativamente toma forma haciéndolo ver como atentados y persecuciones reales, de las cuales escapan los israelitas gracias a su fe en el único y verdadero Dios. Se subraya que la victoria de los judíos es un gran juicio donde los malvados reciben su merecido; y ese juicio, según el autor proviene directamente de Dios.

 

d. Libros poéticos y sapienciales

Vamos ahora a tocar otro grupito de libros del Antiguo Testamento que los expertos clasifican como “poéticos y sapienciales”. Aunque tienen origen en épocas más o menos distantes y diversas, esta literatura tiene una característica común: la literatura poética está compuesta por himnos, cánticos y poemas que se recogen en uno solo volumen llamado “Los Salmos”; y, por otra parte, la literatura sapiencial recoge dichos, sentencias, refranes o adagios, parábolas, enigmas o adivinanzas, materiales que sirven para transmitir una idea: el hombre ha sido llamado por Dios para ser sabio. No se trata de saber muchas cosas, sino de vivir bien, de acuerdo con el querer de Dios.

 

. Literatura poética: Los Salmos. Es una colección de ciento cincuenta composiciones poéticas religiosas que sirvieron al pueblo israelita para manifestar su fe y su adhesión a Dios, para implorar sus gracias, su misericordia, el perdón de sus pecados y también para encomendarse a Él en momentos difíciles de persecución, de calamidad personal y comunitaria. Son pues muchos los temas y énfasis que presentan los Salmos.

Aunque en nuestra Biblia aparecen conformando un sólo libro, una lectura más atenta llevó a los especialistas a descubrir que es posible dividir esta colección de ciento cincuenta composiciones en cinco libros desiguales, pero donde cada libro gira más o menos en torno a temas similares. Aunque los Salmos fueron y son por excelencia la oración del pueblo de Israel, ellos “son también oración privilegiada de la comunidad cristiana y del individuo aislado. Muchos fueron rezados por nuestro Señor Jesucristo, quien les dio la plenitud de sentido que podían transportar...”

 

. La literatura sapiencial:

- Cantar de los Cantares (Cant): “Un único tema recorre todo el Cantar de los Cantares: el amor de marido y mujer, el misterioso descubrimiento del otro, realizando la plenitud de la unión en la fuerza creadora, en el poder fecundo del momento eterno. De esto nos habla este brevísimo libro de canciones para una boda, diálogo de novios recordando y esperando, de amantes que se buscan, se unen, se vuelven a separar, superan las dificultades para unirse definitivamente...” (La Biblia de nuestro pueblo).

 

- Proverbios (Prov): Es la obra más típica de la literatura sapiencial. Recoge un conjunto

de colecciones de enigmas (adivinanzas), sentencias, aforismos, refranes, adagios e instrucciones de carácter ético y moralizante a través de los cuales se transmite una sabiduría popular acumulada durante siglos. Su presentación estimula el esfuerzo de comprensión del oyente o lector: brevedad, carácter incisivo o enigmático y forma rítmica, al mismo tiempo que facilidad de retención en la memoria. Pretende enseñar que “la sensatez es una actividad artesana, atribuida al Dios creador y ofrecida al ser humano para que sea el artífice de su existencia, para que aprenda el sentido de la vida y dé sentido a su propia vida.” (La Biblia de nuestro pueblo).

 

- Job (Job): Parece que el tema predominante del libro es “el sufrimiento del inocente”. “El sufrimiento, dicen los amigos de Job, es el castigo que produce el pecado. Cuando Job, basado en su propia experiencia, rechaza semejante aseveración, los amigos responden que todos los humanos son pecadores. Niegan la posibilidad de que exista alguien que sufra siendo inocente. La situación, sin embargo, es más complicada y da paso a tres respuestas: el sufrimiento es un misterio, y nosotros no podemos comprender los caminos de Dios; el sufrimiento es el método utilizado por Dios para imponernos disciplina y hacernos mejores; el sufrimiento es permitido por Dios para probar la virtud de los justos. Todas estas respuestas nos permiten salvaguardar tanto la justicia divina como la inocencia humana” (Biblia de nuestro pueblo).

 

- Eclesiastés (Ecl): “El autor anónimo que vivió probablemente después del destierro, entre los siglos IV al III a.C., se presenta bajo el nombre genérico de “Qohelet”, término misterioso que parece aludir al sabio o al maestro que va desgranando sus reflexiones ante una asamblea. El nombre ha llegado hasta nosotros en su traducción griega de “Eclesiastés” traducido a su vez en nuestras lenguas, quizás incorrectamente, por “el Predicador”. El libro es para ser leído lentamente, despacio y con pausas, hasta que sus exigencias estilísticas y temáticas se conviertan en resonancias internas del lector. En ese momento, el de la resonancia interna, comienza de verdad la comprensión y madura el disfrute”. (Biblia de nuestro pueblo)

- Eclesiástico (Eclo): Bajo este título encontramos reunidos varios términos sapienciales: enseñanza, consejo, prudencia, sabiduría. El autor es 'Simón, hijo de Jesús, hijo de Eleazar, hijo de Sirá' (50:27), hombre culto y experimentado, conocedor, por sus viajes, de diversos pueblos y culturas. El libro fue compuesto hacia el 197 a.C., para reafirmar a los judíos de la diáspora en la fidelidad a la ley y a la tradición de sus mayores, frente a la influencia generalizada de la cultura helenísta.

- Sabiduría (Sab): “El libro pertenece al grupo o corriente sapiencial, que se ampara al patronato de Salomón. Entronca con los Proverbios, parece polemizar contra el Eclesiastés, tiene coincidencias notables con Eclesiástico y un cierto contacto con Job. La Sabiduría ocupa en el libro una alta posición, pero no exclusiva ni central. A partir del cap. 11 la sabiduría desaparece, salvo un par de menciones. En cambio la justicia atraviesa todo el libro desde el principio hasta el final: justicia e injusticia, justos e injustos, juicio. El libro de la Sabiduría es el más importante tratado de “teología política” del Antiguo Testamento. Si se prefiere, es un tratado sobre la justicia en el gobierno, con argumentación teológica y orientación doctrinal” (Biblia de nuestro pueblo).

e. Los profetas

Llegamos a un grupo de libros verdaderamente apasionante aunque también un poco desconcertante en algunos aspectos. Una tradición antigua en la Iglesia los clasifica como “profetas mayores” y “profetas menores” sin que se sepa hasta ahora una razón válida para dicha catalogación. Nosotros no vamos a tener en cuenta esa costumbre; los vamos a llamar Profetas sin más. Sólo los nombraremos, tratando de ubicarlos en la época y en el respectivo reino en el que ejercieron su ministerio. Nos va a resultar una lista un poco distinta a la que presenta normalmente la Biblia, pero el caso es que los nombremos a todos.

- Profetas del siglo VIII: Para esta época, Israel está dividido en dos reinos, el Reino del Norte con su capital Samaria y el Reino del Sur con su capital Jerusalén. Uno de los principales motivos que dieron origen a la actividad profética en Israel fue la práctica de la monarquía, a criterio de todos los profetas, el gran pecado del pueblo elegido, el cual se acrecentó aún más con la división ocurrida a la muerte de Salomón en el año 931 a.C.

Tenemos en el Reino del Norte: Oseas (Os) y Amós (Am). Solamente estos dos ya que en el año 721, los asirios arrasaron el territorio del norte desapareciendo también la monarquía de esta parte de Israel. Sólo quedó el Reino del Sur, allí ejercieron su actividad profética en este mismo siglo VIII, Joel (Jl), Miqueas (Miq) e Isaías (Is). De Isaías hay que decir que aunque estamos acostumbrados a mirarlo como un solo libro, en realidad son tres; por tanto, aquí sólo hablamos del Primer Isaías que comprende los capítulos 1 al 39.

- Profetas del siglo VII: Los profetas de este siglo ejercen todos su ministerio en el Reino del Sur, en su capital Jerusalén. Y al igual que los profetas del Norte, se destacan por sus permanentes denuncias contra el abuso de los reyes y de los líderes religiosos que han distorsionado a su antojo el verdadero querer de Dios para someter cada vez más al pueblo. Estos profetas son: Jeremías (Jer); Nahúm (Nah); Habacuc (Hab); Sofonías (Sof).

- Profetas del siglo VI: En este siglo ocurre lo que Israel nunca se esperaba: el Reino del Sur es destruido, el templo incendiado y saqueado y la clase dirigente de Jerusalén es deportada a la capital del imperio de turno, Babilonia. Ya algunos de los profetas que acabamos de mencionar habían entrevisto esta realidad, pero ni los dirigentes políticos ni los líderes religiosos habían querido creer. Se sentían muy seguros pues estaban convencidos que la ciudad santa, lugar de habitación del mismo Dios y su templo lugar de su refugio eran intocables. Sin embargo, también al Reino del Sur le llegó su turno en el año 587 a.C., como al Reino del Norte en el año 721 a.C. Los profetas de este siglo son, pues: Ezequiel (Ez); Ageo (Ag); Zacarías (Zac).

- Profetas del siglo V: La deportación a Babilonia tuvo una duración de unos 70 años. El fin del exilio se debió a la caída del imperio babilónico a manos de otro imperio: el persa. El rey Ciro de Persia decretó el retorno de todos los exilados a sus lugares de origen y, además, autorizó la reconstrucción de los centros religiosos. En el caso concreto de los judíos, se dieron a la tarea de reconstruir la ciudad de Jerusalén y su templo. Según la historia, ya para el 450 a.C., estaba concluida la obra de reconstrucción del templo. En esta época se podría ubicar el ministerio del profeta Malaquías (Mal).

- Profetas del siglo IV: Algunos especialistas discuten si para este siglo todavía hay profetas en Israel. Muchos dicen que ya no existen porque ya no existe tampoco monarquía. Sin embargo, otros aseguran que muy probablemente en esta época hubo un intento de resurgimiento del espíritu profético en Israel y que aquí habría que ubicar al profeta Baruc (Bar).

- Otros profetas: Tenemos en la lista de profetas, tres casos un poco singulares: se trata de Jonás (Jon); Daniel (Dn); y Abdías (Abd). Qué pasa con ellos: en el caso de Jonás, no se trata estrictamente de un personaje histórico como Isaías, Jeremías, etc., los estudiosos están de acuerdo que es el protagonista de una especie de narración novelada que realiza un papel de profeta que anuncia la destrucción de Nínive si no se convierte.

Otro personaje que aparece en nuestra lista de profetas es Daniel que ciertamente no desempeña un papel igual al de todos los profetas propiamente dichos. También en este caso se trataría de un personaje muy posterior a la época de los profetas. Sería una obra escrita ya en el período persa y cuyas características literarias se aproximan más a lo que se denomina “literatura apocalíptica”. Finalmente, tenemos a Abdías, cuya ubicación histórica aún no ha podido ser definida con certeza por los especialistas.

Tenemos pues, una visión panorámica del Antiguo Testamento según nuestro canon cristiano. Se trata sólo de un rápido recorrido que nos permita al menos tener una cierta familiaridad con el libro y que nos deje al menos motivados para regresar a él en el momento preciso para ahondar con más detenimiento.

No es bueno dejarse llevar por la idea de que el Antiguo Testamento queda superado con el Nuevo y que, por tanto, no hace falta profundizar en él. Criterios como este se escuchan frecuentemente en predicaciones de sacerdotes y pastores. Es una lástima, ¿cómo podremos entender y cómo podremos de verdad aprovechar el Nuevo Testamento si ignoramos que sus raíces más profundas se hunden justamente en el Antiguo? Ojalá nos animemos a profundizar lo más que se pueda en el Antiguo Testamento a ver si el Nuevo podemos asimilarlo con mayor claridad y, sobre todo, con mayor conciencia.

2. El Nuevo Testamento

Es importante tener en cuenta las divisiones internas que nos presenta la Biblia. Para el caso del NT, sabemos que se encuentra dividido en Evangelios, un escrito “histórico”, Cartas o Epístolas y Apocalipsis.

a. Evangelios: Tenemos cuatro evangelios que llevan el nombre de quienes la tradición nos dice que fueron sus escritores: San Marcos (Mc), San Mateo (Mt), San Lucas (Lc) y San Juan (Jn). Los tres primeros tienen características literarias que los hacen muy similares, siendo obviamente muy diferentes, por lo cual reciben el nombre técnico de “sinópticos”. El último es muy peculiar en su configuración tanto literaria como teológica y cristológica y sólo coincide con los tres primeros en los relatos de la pasión, muerte y resurrección del Señor.

b. Un escrito “histórico”: El mismo San Lucas, autor del tercer Evangelio, se dio a la tarea de escribir una obra con carácter histórico donde cuenta la vida de la comunidad primitiva y los primeros tiempos de expansión de la fe cristiana. Al final de su obra, se centra más especialmente en el Apóstol Pablo, la gran figura misionera, responsable de una gigantesca tarea de difusión del mensaje y expansión de la Iglesia.

c. Cartas o Epístolas: encontramos en el Nuevo Testamento una gran colección de Cartas o Epístolas atribuidas en su mayoría al Apóstol Pablo. Por lo general las Cartas llevan el nombre de la comunidad que recibe la carta, así tenemos: Carta a los Romanos, dos cartas a los Corintios, una a los Gálatas, una a los Efesios, una a los Filipenses, una a los Colosenses, dos a los Tesalonicenses, una a los Hebreos. Otras cartas tomaron el nombre de algún amigo de Pablo, destinatario de su escrito: dos cartas a Timoteo, una a Tito y una a Filemón.

Otras cartas o epístolas, llevan el nombre de su autor: Santiago, 1 y 2 de Pedro, 1, 2, y 3 de Juan, Judas. Estas cartas son también llamadas “católicas” puesto que no van dirigidas a comunidades concretas como es el caso de las paulinas, sino a destinatarios más universales.

d. El Apocalipsis: Cierra la Biblia una obra muy especial conocida como “Apocalipsis”, desafortunadamente muy mal utilizado especialmente por ciertos grupos cristianos para amedrentar a los creyentes. Nada más alejado de la verdad que enseñar que aquí se predice el fin del mundo o que ya se establece quiénes serán los únicos que se salvarán. Este libro fue en su momento una obra de consolación y de fortalecimiento de la fe y la esperanza en el verdadero y único Señor de la vida y de la historia. Y aún ese sentido hay que conservarlo y reforzarlo sobre todo en nuestra época tan llena de falsas promesas y de falsos mesianismos. Cómo hacerlo: estudiando muy juiciosamente, no sólo éste, sino todos los libros de nuestra Biblia.

A vuelo de pájaro, hemos echado un primer vistazo a la Biblia, ese Libro tan antiguo y tan actual, tan simple y tan complejo a la vez, tan liberador pero también tan fácil de ser manipulado para convertirlo en instrumento de opresión cuando amparados en él o por lo menos en el motete de “palabra de Dios”, inescrupulosos intentan retorcer su sentido y hacernos creer todo lo contrario a lo que quiere Dios de nosotros. Me gustó mucho una intervención del Arzobispo sudafricano Desmond Tutu en una Convención de la Iglesia Episcopal colombiana. Él nos contó que cuando los blancos llegaron al África, los africanos tenían las tierras y los blancos un libro bajo el brazo. Los blancos le pidieron a los africanos que cerraran los ojos, y cuando los abrieron, los blancos tenían la tierra y los africanos el libro… pero los blancos no sabían que en el Libro estaba todo cuanto era necesario para la resistencia y la lucha por la reconquista de la tierra.

Por su puesto que lo que nos planteó el Arzobispo, no es algo que se logra de la noche a la mañana. El hecho de llevar la Biblia bajo el brazo no nos garantiza nada. Sólo cuando seamos capaces de entenderla y llevarla al corazón, empezaremos a ver por dónde tenemos que empezar a construir la sociedad y el mundo que soñamos. Se trata de un desafío muy grande aunque aparentemente no se vea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TERCER MODULO

III. Fundamentos de la fe

1. Los credos

2. La Santísima Trinidad

3. La gracia

4. Los sacramentos

5. La Iglesia, el pueblo de Dios

6. Los ministerios en la Iglesia

III. Fundamentos de la fe

1. Los credos

La Iglesia Episcopal expresa sus creencias de varias maneras, pero sobre todo lo hace en el contexto de los ritos del Libro de Oración Común. Estas liturgias (ya sean los servicios de la Oración Matutina o Vespertina o de la celebración del bautismo y la eucaristía) se distinguen por las profesiones de fe que se hacen. Normalmente en el culto se recita (a veces se canta) uno de los credos.

En el oficio diario y en el bautismo profesamos la fe con las palabras del Credo de los Apóstoles (LOC p. 59). Éste se formó como resultado de la práctica de examinar a los candidatos para el bautismo en las comunidades cristianas primitivas. (Se le llama “de los Apóstoles” por una leyenda que afirma que cada uno de los doce apóstoles contribuyó con uno de los doce puntos del credo).

Durante la celebración de la eucaristía el pueblo reunido profesa su fe con el texto del Credo Niceno (LOC p.280). Este credo incluye más información teológica que el de los Apóstoles. Es el resultado de los primeros concilios de la Iglesia. La primera versión fue publicada por el Concilio de Nicea y luego fue revisada por subsecuentes concilios.

La forma actual utiliza un lenguaje plural igual a la original (Creemos en un solo Dios). Así refleja que no es la fe del individuo, como en el bautismo, sino es la fe de la Iglesia cristiana a través de los siglos y entre todos los pueblos.

El tercer credo de la Iglesia es el de san Atanasio que más bien se originó como un himno. Este texto es muy explícito en cuanto a la doctrina de la Trinidad y la Encarnación de Jesucristo. Ya no se usa en el culto de la Iglesia Episcopal, pero está incluido entre los Documentos Históricos del Libro de Oración Común (pp. 758-759).

Hoy día muchos no aceptan al pie de la letra algunas enseñanzas particulares de los credos. Sin embargo, en su conjunto son símbolos de nuestra fe y aunque se discuta algún punto, forman parte de la enseñanza oficial de la Iglesia Episcopal.

Algo muy importante es que los credos no son propiedad exclusiva de nuestra Iglesia. Forman parte de la gran herencia teológica de todos los que buscan vivir su fe en continuidad con la larga y profunda tradición cristiana de todos los siglos.

2. La Santísima Trinidad

En la tradición cristiana aceptamos que el misterio de la Trinidad sobrepasa nuestra capacidad para entenderlo. No obstante, es una realidad de la fe que radica en la experiencia bíblica del pueblo de Dios. Dios se ha manifestado de tal manera que creemos que él es a la vez uno y trino. Un Dios y tres personas.

Históricamente la Iglesia Episcopal ha afirmado la doctrina de la Trinidad de la siguiente manera: Hay un solo Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo, partes o pasiones, de infinito poder, sabiduría y bondad; el creador y conservador de todas las cosas, así visibles como invisibles. Y en la unidad de esta naturaleza divina hay tres Personas de una misma sustancia, poder y eternidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Artículos de la Religión I, (LOC p. 761)

Otras religiones del mundo han tenido experiencias doctrinales parecidas, mas para nosotros el mensaje trinitario aparece de una manera más clara en la Biblia. Hay una serie de afirmaciones en ella que nos revelan el carácter trinitario de Dios:

Hay un solo Dios (Marcos 12:29).

El Padre es Dios (Juan 6:27)

El Hijo es Dios (Juan 1:1)

El Espíritu Santo es Dios (Marcos 3:29)

El Padre es persona. (Juan 15:9)

El Hijo es persona. (Marcos 14:62)

El Espíritu Santo es persona. (Romanos 8:26)

Los tres son uno. (Mateo 28:19; 1 Juan 5:7)

En la Biblia podemos observar las grandes acciones salvíficas de Dios en tres maneras que se identifican con las personas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Tradicionalmente se asocia al Padre con la creación del mundo, al Hijo con la redención y al Espíritu Santo con la santificación.

Cuando no se tiene un concepto claro de Dios se pueden caer en prácticas que van contra la auténtica religión, como la hechicería, conocida también como magia negra; se refiere a la practica o poderes de hechiceros o brujos especialmente cuando se trata de espíritus malos o diabólicos. La hechicería existe desde tiempos remotos. También se la menciona en la Biblia (Números 24:1; Deuteronomio. 18:10-13; 2Reyes 17-17; 21:6; 2Corintios 33:6; Hechos 8:9; 13:6,8; 19:19), para dar una pocas citas bíblicas. El practicar la hechicería o creer en ella es equivalente a quitarle su lugar a Dios. La Biblia afirma que es una práctica abominable a Dios.

La gracia

El tema de la gracia de Dios es muy amplio y a veces ambiguo porque se trata de un amor no merecido que Dios ofrece a la humanidad. De hecho, la palabra usada en el Nuevo Testamento significa un regalo, un don gratuito.

Tanto en la Biblia como en la teología cristiana, la gracia aparece en casi todos los contextos, pues nuestra relación con Dios se basa en ella: Porque ustedes han sido salvados por la fe, no por mérito propio, sino por la gracia de Dios; y no por las obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9).

Dios distribuye su gracia de una manera misteriosa. Dios quiere que todos nos salvemos y, por ello, obra en consecuencia a esa voluntad. Sin embargo, seguimos sin comprender cómo esa misma gracia o amor se realiza en cada uno de nosotros.

El Catecismo define la gracia de esta manera: “Es el favor de Dios para con nosotros, favor que no hemos ganado ni merecido. Por medio de la gracia Dios perdona nuestros pecados, ilumina nuestras mentes, aviva nuestros corazones y fortalece nuestras voluntades” (p. 750). Según esta definición, no debemos entender la gracia como algo concreto o físico, sino como una relación amorosa de Dios hacia el ser humano. En esta relación participa el ser humano, y por ello decimos que somos fieles o no a la gracia, como cuando un hijo es fiel o no al amor y protección que los padres le ofrecen.

Un tema relacionado con el amor divino es el del sufrimiento. Si Dios es bueno, si nos ama, ¿por qué sufrimos? Este ha sido un tema debatido durante toda la historia de la humanidad, y no tenemos una respuesta satisfactoria. Sin embargo, se pueden apuntar algunas observaciones. Pensemos por un lado que si todo ser humano se portara correctamente, como Dios manda, habríamos suprimido en un instante infinidad de sufrimientos. Es decir, no podemos atribuir ni quejarnos de Dios por los males que nosotros mismos nos infligimos.

Por otro lado, algunos sufrimientos corporales son propios de la naturaleza en que hemos sido creados. Un dolor de muelas o de vientre nos indica que algo anda mal y tenemos que poner remedio. Sicológicamente sabemos que todo sufrimiento nos purifica y contribuye a que nuestra personalidad madure.

Sí, hay sufrimientos físicos, temporales, atmosféricos, para las cuales no encontramos explicación; pero podríamos imaginarnos también que la Tierra es toda ella como un organismo, y todo fenómeno tiene su función propia y razón de ser; por ejemplo, si no viene un vendaval y tira todas las ramas secas y maleza que hay en los árboles, corremos peligro de que nos caigan en la cabeza cuando caminamos por un parque o un bosque. Y así se podría pensar de otros casos. Lo que sucedes es que los humanos tenemos que aprender a conocer bien nuestro planeta y ajustarnos a su naturaleza y modo de ser.

4. Los sacramentos

La Iglesia Episcopal, como comunidad cristiana que mantiene la fe católica y bíblica, es también una iglesia sacramental. Es decir, somos la comunidad de creyentes que valora ciertos actos que nos conducen a vivir la fe bajo la acción de la gracia de Dios. A esos actos que nos confieren gracia los llamamos sacramentos. (Véase lo que se dice en el capítulo sobre la liturgia en el apartado sobre las devociones populares).

La teología anglicana históricamente ha definido la palabra sacramento como un signo (o símbolo) visible y externo de una gracia invisible e interna (LOC p.750). Creemos que los sacramentos nos comunican el favor de Dios por medio de la fe. Los sacramentos no son algo mágico. Hay cierta conexión entre ellos que debe conducir a un crecimiento en nuestra relación con Dios. En otras palabras, la recepción de los sacramentos debe mejorar nuestra vida espiritual individual y comunitaria.

En la Iglesia Episcopal hablamos dos sacramentos instituidos directamente por Jesucristo: el bautismo y la eucaristía. Ambos forman parte esencial de nuestra vida cristiana, por uno nacemos en Cristo y por el otro crecemos en él.

La Iglesia celebra también otros cinco ritos, aceptados como sacramentos menores, que no está tan claro que los instituyera Cristo directamente, pero se desarrollaron en la vida de la Iglesia primitiva y que de alguna manera tienen cierta base en el Nuevo Testamento, son: confirmación, reconciliación, unción de los enfermos, ordenación y matrimonio. Estos sacramentos no son necesarios para toda persona pero sí son importantes en la vida humana y funcionamiento de la Iglesia.

a. El bautismo

El bautismo es el sacramento en que Dios nos adopta como sus hijos y nos incorpora en el cuerpo de Cristo, es decir, nos convierte en miembros de la Iglesia cristiana, no sólo la episcopal, sino de toda la Iglesia extendida por todo el mundo, comunidad de fe unida en Cristo. En el Nuevo Testamento encontramos repetidamente la práctica del bautismo como requisito para seguir a Cristo y pertenecer a esa comunidad de fe y amor: Vayan a todos los pueblos, anunciando el Evangelio y bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28:19).

En la doctrina anglicana, el bautismo requiere compromiso y responsabilidad. No bautizamos por motivos sociales o políticos. Bautizamos por la fe en Jesucristo. El Pacto Bautismal del Libro de Oración Común explica los compromisos y responsabilidades de los bautizados: renunciar al mal, a Satanás y al pecado; y aceptar y obedecer a Jesucristo como Señor y Salvador. También el bautizado se compromete a mantener la fe y la actividad de la Iglesia, resistir al mal, proclamar el evangelio, servir a Cristo en los demás, luchar por la justicia y respetar la dignidad de todo ser humano.

En los Hechos de los Apóstoles encontramos varios pasajes en que personas y familias enteras –incluidos niños – fueron bautizadas después de recibir el mensaje de salvación de Jesucristo y de arrepentirse del pecado. Por eso, la Iglesia Episcopal también bautiza a los niños.

b. La eucaristía

La eucaristía es el sacramento ordenado por Cristo como memorial perpetuo de su vida, muerte y resurrección (LOC p. 751). En este sacramento los cristianos recordamos y revivimos la Última Cena del Señor en que tomó pan y vino y se los entregó a sus discípulos con el nuevo significado de su cuerpo y sangre en respuesta a su orden: Hagan esto en memoria mía (Lucas 22:19).

Tradicionalmente se ha enfatizado el aspecto de sacrificio y de la muerte de Jesús en la eucaristía. En la Iglesia Episcopal decimos que ofrecemos nuestro sacrificio de alabanza y acción de gracias en unión con la “oblación…una vez ofrecida” y “el sacrificio completo, perfecto y suficiente por los pecados de todo el mundo” (LOC p. 256). El Nuevo Testamento apunta que en la eucaristía proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva (1 Corintios 11:26). Las plegarias eucarísticas nos recuerdan que Jesús nos redime con su vida, muerte y resurrección.

En la eucaristía Dios nos alimenta con el cuerpo y de la sangre de Cristo sin que entendamos precisamente cómo el pan y vino consagrados pueden ser transformados. Los anglicanos han sido muy celosos en afirmar que la presencia de Jesús en la Eucaristía es un misterio de fe. Sólo sabemos que Cristo dijo: Esto es mi Cuerpo…Esto es mi Sangre (Marcos 14:22-25).

Nosotros admitimos a todos los cristianos bautizados a la recepción de la eucaristía. Así se afirma la unidad esencial de todos miembros del cuerpo de Cristo, sean anglicanos o no. Aquí hemos de mencionar que durante mil trescientos años, los niños, una vez bautizados, recibían la comunión. La costumbre de la primera comunión se inició hacia el siglo XIV. En nuestra Iglesia se pueden aceptar las dos costumbres, siempre teniendo en cuenta que todo bautizado tiene derecho a la eucaristía. En las iglesias ortodoxas los niños también comulgan una vez bautizados.

A través de los siglos se han utilizado diferentes nombres para designar este sacramento. Las expresiones, santa comunión, cena del Señor y misa, son las que han aparecido en las varias ediciones del Libro de Oración Común y son aceptables dentro de la Comunión Anglicana y de la Iglesia Episcopal c. La confirmación

La confirmación es el sacramento en el que los bautizados reafirman su profesión de fe ante el obispo y la comunidad de fe, y reciben la imposición de manos con una oración para que sean equipados para el servicio de Dios en la Iglesia y en el mundo. La base bíblica de este rito aparece en la práctica de los Apóstoles en el Nuevo Testamento, especialmente en su oración para que los bautizados recibiesen el don del Espíritu Santo (Hechos 8:17, 19:2; Hebreos 6:2).

Todo confirmado debe establecer un compromiso con Dios y su iglesia. Ser fiel a Dios y a su comunidad cristiana, colaborando en todo lo que pueda y difundiendo el amor de Cristo.

d. La reconciliación

El fundamento bíblico de este sacramento viene de la autoridad de perdonar y de retener los pecados que Jesús confirió a los apóstoles después de su resurrección: Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos (Juan 20:22-23).

Los diversos nombres usados para designar este sacramento hacen referencia a diferentes aspectos: reconciliación: recobramos la amistad perdida con el hermano o con Dios; confesión, decimos nuestros pecados en la oración comunitaria o al confesor que ofrece nos consejo y culmina con la absolución; penitencia, recuerda las penitencias o sacrificios que los primeros cristianos imponían por haber cometido pecados grandes, luego continuó indicando la penitencia o el pequeño castigo que nos impone el confesor por los pecados cometidos y ya personados.

En la Iglesia Episcopal no es obligatorio confesarse ante el sacerdote, pues el sacramento sirve un fin pastoral y la liturgia de la Iglesia provee oportunidades para expresar el arrepentimiento y recibir el perdón de Dios. Según el Libro de Oración Común, un diácono o un laico puede escuchar confesiones sin declarar la absolución, pero, en todo caso el sigilo de la confesión es absoluto (LOC p. 368).

e. La unción de los enfermos

Este sacramento existe para el consuelo y sanación de los enfermos. El ministro que administra el sacramento ora por el enfermo y puede ungirlo con óleo (aceite) bendecido para este propósito.

La intención es atender a las necesidades espirituales de los que padecen algún sufrimiento físico o psíquico. Antiguamente solía llamarse a este sacramento la extrema unción, es decir, la última unción recibida en la vida. Pero, hoy día no debe esperarse a los momentos inmediatamente previos a la muerte. Siempre que haya una enfermedad seria se debe administrar. La Carta de Santiago anima a los cristianos a orar con los líderes de la comunidad de fe para que enfermos sanen: Si uno de ustedes cae enfermo que llame a los ancianos de la comunidad para que recen por él y lo unjan con aceite invocando al Señor. La oración hecha con fe sanará al enfermo (Santiago 5:14-15a).

f. El matrimonio

En el matrimonio un hombre y una mujer entran en una unión de por vida con la exclusión de todas las demás personas. Asimismo hacen promesas ante Dios, la Iglesia, y la sociedad en general para establecer entre ellos una alianza de amor. La Iglesia enseña que el hombre y la mujer son los ministros de este sacramento y no el sacerdote. El sacerdote es testigo oficial y bendice la unión y el pacto entre los contrayentes.

El matrimonio tiene mucho valor para los anglicanos por su dignidad bíblica e importancia como fundamento de la sociedad humana. La Iglesia se sirve de la misteriosa relación que existe entre Cristo y su Iglesia (Efesios 5:23-32), para explicar este sacramente. Así como Cristo dio su vida por nosotros: la Iglesia, de la misma manera esposo y esposa deben dar sus vidas el uno por el otro.

Los propósitos más importantes del matrimonio: la ayuda y el gozo mutuos (Génesis 2:18-25); y la procreación y crianza de los hijos (Génesis 1:28).

El trasfondo bíblico nos indica que algunos aspectos del pensamiento sobre la sexualidad deben revisarse a luz del mensaje evangélico. La sexualidad no es mala ni pecaminosa, es un don de Dios. Lo que afirmamos es que el matrimonio es el lugar de su expresión adecuada.

Algunos preguntan, ¿me puedo casar en la Iglesia por segunda vez? Eso implica que el primer matrimonio ha sido disuelto. Nuestra Iglesia enseña que la alianza del matrimonio debe ser para toda la vida. Pero, dada la locura y debilidad humana, lo cierto es que no siempre actuamos como santos o seres perfectos. Con frecuencia cometemos errores. Si se puede probar que el primer matrimonio fue un error, queda anulado o disuelto. También hay personas que no tienen la suficiente responsabilidad como para vivir en una relación permanente. Si no hay respeto personal, fundamental y básico. Si se da violencia, abuso o engaño permanente, no hay obligación de permanecer en esa relación y queda libre para otra.

Algunas parejas optan por vivir juntas sin casarse, ¿pueden comulgar? En primer lugar habría que analizar el porqué de tal situación y conducir a la pareja a un compromiso responsable. Mientras tanto, si son fieles, si se quieren, si piensan seguir juntos, en realidad y tácitamente es como si estuvieran casados y podrían comulgar –. Sin embargo, como somos una sociedad visible, el cuerpo de Cristo, el pueblo de Dios, es importantísimo resolver esa situación cuanto antes y vivir bien ante los ojos de Dios y de la comunidad eclesial. g. La ordenación

La ordenación, o lo que históricamente se llaman las sagradas órdenes, es el sacramento del ministerio eclesiástico. La Iglesia Episcopal entiende que este ministerio es el producto del llamado de los Apóstoles al servicio de Cristo y de las necesidades del pueblo de Dios durante la época del Nuevo Testamento y no es la propiedad de ningún grupo o iglesia en particular, es una vocación al servicio de toda la Iglesia cristiana (LOC p. 412).

El ministerio ordenado consiste en tres órdenes: diáconos, presbíteros (o sacerdotes) y obispos. Las personas llamadas a estos ministerios reciben la imposición de manos con la oración de un obispo, o, en caso de los obispos, de tres obispos como mínimo. Son consagrados al servicio de Dios y de la Iglesia. Una vez ordenada, la persona siempre será un ministro ordenado aunque renuncie el ministerio activo; esto es lo que se conoce con el término de carácter.

El ministerio ordenado no es un fin en sí, sino que su finalidad consiste en apoyar a todos los cristianos en su crecimiento espiritual y testimonio ante el mundo.

5. La Iglesia, el pueblo de Dios

La Iglesia cristiana es la heredera y continuadora del pueblo hebreo escogido por mediación de la Buena Nueva que nos trajo nuestro salvador Jesucristo con su vida, muerte y resurrección. El Catecismo define la Iglesia como: “El cuerpo, del cual Jesucristo es la cabeza y del cual todos los bautizados son miembros. También es llamada, pueblo de Dios, Nueva Israel, nación santa, sacerdocio real, columna y fundamento de la verdad” (p. 746).

Algunas de esas expresiones hacen referencia a experiencias que el pueblo escogido experimentó en el Antiguo Testamento. A nosotros nos interesa más fijarnos en la expresión el pueblo de Dios, como miembros regenerados en el bautismo. Muertos al pecado y resucitados con Cristo, continuamos la obra de salvación iniciada por él, contribuyendo a restaurar a todos los pueblos a la unión con Dios y a los unos con los otros en Cristo (Romanos 6:3-5).

También decimos, a veces, que somos la comunidad del Nuevo Pacto. Con ello, queremos decir, que así como Dios estableció diferentes pactos (con Noé: Génesis 9,1-17; con Abrahán: Génesis 15,1-19; con Moisés: Éxodo 20,1-21) antes de la venida de Jesucristo a la Tierra, finalmente, para llevar a cabo la salvación de la humanidad, Dios realizó el último y definitivo pacto o alianza, con la vida, muerte y resurrección de Jesús.

Así, debemos afirmar que somos una comunidad que debe amarse y portarse como Jesús nos enseñó, debe profesar fe en la palabra salvífica de Jesús, y que camina por este mundo con la firme esperanza de que un día se reunirá con él en el cielo. Esta actitud de duplicar la vida de Cristo en la Tierra nos ha movido a hablar de la Iglesia como un sacramento de salvación. Es decir, lo mismo que Jesús salvó con su santa presencia en este mundo, así la santidad de la Iglesia, dando ejemplo de excelente conducta, puede conferir salvación a cuantos la observen.

Tradicionalmente se han asignado a la Iglesia unas notas distintivas y características. Notas que se encuentran ya en los credos primitivos de la Iglesia, son: una, santa, católica y apostólica.

La Iglesia es una, porque bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, formamos una comunidad de creyentes bajo la cabeza y guía de nuestro salvador Jesucristo.

La Iglesia es santa, porque el Espíritu Santo mora en ella, consagra a sus miembros y los guía a efectuar la obra divina de salvación.

La Iglesia es católica, porque proclama la fe en Jesucristo a todos los pueblos, hasta el fin de los tiempos, y porque formamos una comunidad asociada a la Trinidad.

Finalmente, la Iglesia es apostólica, porque continúa en la enseñaza y comunión de los apóstoles y es enviada a llevar la misión salvadora de Cristo a todos los pueblos.

6. Los ministerios en la Iglesia

El Catecismo, afirma que la Iglesia lleva a cabo su misión mediante el ministerio de todos sus miembros. (LOC, p.747). (Véase también, Filipenses. 2:12 1Tesalonicenses. 1:7-9). Así pues, todo bautizado puede y debe ejercer un ministerio y discipulado según su condición y según la vocación para la que ha sido llamado. Veamos un poco:

a. Los laicos

Reciben la responsabilidad en el bautismo –y son ratificados en la confirmación –, de participar, según sus dones, en la vida, gobierno, desarrollo y crecimiento de la Iglesia representando a Cristo y a toda la comunidad cristiana en todo el mundo y proclamando el Evangelio por medio de la palabra y el ejemplo. (Véanse estos textos Ef. 4:16; 2Corintios 5:20; Filipenses 4:3; Filemón 2:11,23).

Los cánones generales de nuestra Iglesia describen algunas de las áreas en las que los laicos pueden desarrollar sus dones: líder pastoral, líder en la liturgia, predicador, ministro eucarístico, visitante eucarístico, catequista. Pero el ministerio de los laicos no debe terminar ahí; antes bien, ahí empieza, para luego salir al mundo e impregnar toda la sociedad de espíritu evangélico. Trasformando, poco a poco todos los estratos de la sociedad. Sin el ministerio y discipulado de los laicos la Iglesia no puede existir ni subsistir. b. El obispo

Representa a Cristo y su Iglesia, especialmente como apóstol, sacerdote principal y pastor de una diócesis; vela por la fe, unidad y disciplina de toda la Iglesia; proclama la palabra de Dios; actúa en nombre de Cristo para la reconciliación del mundo y la edificación de la Iglesia, confirma y ordena a otros cristianos para que continúen el ministerio de Cristo. (LOC p. 784). (1Timoteo 3:2, 5, 6,11; Tito 1:5, 7,9; 2:15).

c. El presbítero o sacerdote

Representa a Cristo y su iglesia, especialmente como pastor del pueblo participa con el obispo en el gobierno de la iglesia; proclama el evangelio; administra los sacramentos; bendice y declara el perdón en nombre de Dios. (LOC p. 748). (1Timoteo.4:14).

Al principio del cristianismo había mujeres ordenadas que ejercían el diaconado. Se han descubierto restos arqueológicos que indican que probablemente también había mujeres ordenadas al presbiterado. Los evangelios dan mucha prominencia a las mujeres. Un grupo de ellas siempre acompañaba a Jesús y sus apóstoles y algunas estuvieron al lado de Jesús en los momentos más difíciles: al pie de la cruz. Fueron también las mujeres las primeras en ir al sepulcro y una de ellas anunció la resurrección del Señor.

La mujer ordenada puede ministrar mejor, en ciertas ocasiones, a otras mujeres que un sacerdote. En la Iglesia Episcopal, después de una larga reflexión, ponderación y debate, la Convención General aprobó la ordenación de mujeres en 1976.

d. El diácono

Representa a Cristo y a su iglesia, especialmente como servidor de los necesitados; y ayuda a los obispos y presbíteros en la proclamación del evangelio y la administración de los sacramentos. (LOC p. 748). (Hechos 6:1-6; 1Timoteo 3:13).

e. Se pueden casar los diáconos, sacerdotes y obispos?

La respuesta es afirmativa. Durante la mayor parte de la historia de la Iglesia, todos estos ministros se casaron. Hubo varios intentos de suprimir esa costumbre pero nunca se logró totalmente, y es que en las Sagradas Escrituras no hay nada que lo prohíba. Los apóstoles estaban casados. San Pablo menciona el matrimonio como un derecho natural: ¿Por ventura no tenemos derecho a comer y a beber? ¿No tenemos derecho a hacernos acompañar de una esposa cristiana como los demás apóstoles, los hermanos del Señor y Cefas? (1Corintios 9:4-5). Así que tanto sacerdotes como obispos y muchos papas se casaron durante la historia del cristianismo.  El sacerdote casado puede comprender mejor la naturaleza del matrimonio y de la familia y así aconsejar mejor al pueblo de Dios.

f. Órdenes religiosas

También debemos mencionar a las personas consagradas a Dios por medio de votos o promesas especiales. Estas personas viven normalmente en órdenes religiosas. Los votos tradicionales que emiten son de pobreza, castidad y obediencia. A veces profesan otros votos, como de humildad, etc. Estas órdenes religiosas han sido de gran a poyo en el desarrollo del cristianismo y han obrado grandísimas obras de testimonio cristiano. A través de los siglos unas órdenes han ido desapareciendo y otras han ido surgiendo, porque normalmente estas órdenes son fieles a un carisma o misión especial que los distingue, si ese carisma deja de tener sentido en otra época de la historia, esa orden religiosa, normalmente desaparece para dar paso a una nueva. Hoy día algunas órdenes tradicionales están en crisis, pero están apareciendo otras nuevas que crecen mucho, como la fundada por la Madre Teresa Hermanas de la Caridad para ayudar a los enfermos y a los “más pobres entre los pobres”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CUARTO MODULO

IV. Historia de la Iglesia y Anglicanismo

A. La Edad Antigua (siglos I-VII)

1. La Iglesia y los apóstoles

2. Las persecuciones

3. Las catacumbas

4. Los concilios

5. Los Padres de la Iglesia

6. La conversión de los bárbaros

7. El monacato

8. La conversión de Occidente

 

IV. Historia

Historia de la Iglesia, el Anglicanismo, y gobierno de la Iglesia

A. La Edad Antigua (siglos I-VII)

1. La Iglesia y los apóstoles

La Iglesia, como comunidad de salvación, nace en la Pascua de Cristo, cuando él “pasa” de este mundo al Padre (Juan 13:1). Cristo, surgiendo triunfante del sepulcro, crea “la nueva humanidad” (Efesios 2:15) con esperanza de salvación. Pero el toque de consagración eclesial lo recibirán los apóstoles el día de Pentecostés con la efusión carismática, “se llenaron del Espíritu Santo” (Hechos 2: 4). Los apóstoles se lanzaron a todas las partes del mundo, con el mensaje de una nueva comunidad de amor. En poco tiempo se formaron grupos compactos con un mismo sentir y vivir (Hechos 4: 32).

La comprensión del mensaje de Jesús resultó difícil desde el principio. Un problema que empezó a preocupar a los apóstoles fue el de las conversiones. El mensaje de Cristo, ¿era universal o particular? ¿Había que bautizar a todos o sólo a los del pueblo judío? Por otra parte, ¿era necesario que los gentiles se convirtieran al judaísmo para hacerse cristianos, o no? Para

resolver la cuestión se convocó el concilio de Jerusalén (49d.C.). Pedro, Pablo, Santiago y Juan se reunieron para resolver el problema.

El concilio de Jerusalén abrió las puertas a los apóstoles para lanzarse, en afán misionero, a todas las partes del mundo conocido. Pablo recorrió toda Asia Menor, Grecia, y Roma. Pedro llegó a Roma. Juan se estableció en Asia Menor, Tomás en la India, Bartolomé en Persia, Felipe en Frigia, Mateo en Etiopía, Marcos en Alejandría. Sin embargo, esto no hay que aceptarlo a ciencia cierta; las comunidades cristianas más pujantes, en los centros más importantes, tenían a honor demostrar su origen apostólico, pudiendo ser el motivo para atribuir su presencia.

Ya desde los mismos orígenes se formó una jerarquía eclesiástica que quedaba delineada de esta manera: apóstoles, obispos, sacerdotes o presbíteros, y diáconos.

2. Las persecuciones

Los romanos eran tolerantes en materia religiosa. Permitían a los pueblos sometidos practicar su fe religiosa. Pero exigían a los cristianos adorar también a los dioses romanos, sobre todo al emperador. Los cristianos rehusaban lo uno y lo otro, por ello fueron acusados de traición al Imperio y de ateísmo. Al celebrar los cristianos la Eucaristía en secreto y en casas privadas se les acusó de inmoralidades horrorosas, incluso de canibalismo.

He aquí una lista de emperadores que persiguieron a los cristianos: Nerón (54-68), Trajano (98-112), Decio y Valerio (249-260), Diocleciano (284-305). “La sangre de los cristianos es la semilla de la Iglesia”, dijo Tertuliano.

Constantino el Grande (306-337). En 313 publicó el Edicto de Milán por el cual se concedía tolerancia a los cristianos, se les devolvía la tierra usurpada durante las persecuciones y en cierto modo se protegía al cristianismo. Cometió el error del “cesaropapismo” o intromisión en los asuntos eclesiásticos. Se bautizó al final de su vida. Conservó el título de Pontífice Máximo. El paganismo permaneció como religión oficial del estado.

Graciano (375-383). Renunció al título de Pontífice Máximo. Privó al paganismo de todo apoyo estatal.

Teodosio I (379-395). En 380 bajo ley imperial, declaró al cristianismo la religión oficial del Imperio romano y prohibió los sacrificios paganos. La Iglesia ya no era la comunidad pequeña de fervientes cristianos, sino la religión del poderoso Imperio romano.

3. Las catacumbas

No fueron como se cree, lugares de refugio durante las persecuciones, sino cementerios. Durante la persecución de Diocleciano, los cristianos llenaron las catacumbas de tierra para evitar la desacralización de las tumbas. En los años 313-410 las catacumbas más importantes fueron descubiertas, decoradas y usadas como capillas. Los símbolos más importantes son: la viña (Cristo), el buen Pastor (Cristo), el áncora (la cruz), el pez (Cristo), la paloma (el Espíritu Santo), el pavo real (la vida eterna), el cordero (Cristo), etc. Desde el Saco de Roma por Alarico (410), hasta los siglos VIII y IX, los cristianos abandonaron la costumbre de enterrar en las catacumbas, por miedo a que las destruyeran. Poco a poco se olvidaron de ellas hasta que fueron redescubiertas en el siglo XVI por arqueólogos romanos.

4. Los concilios

Anteriormente hemos mencionado el concilio de Jerusalén (Hechos 15) en el que unos apóstoles se reunieron para resolver cuestiones concernientes a la nueva Iglesia. Así pues, los concilios son convocaciones o asambleas en las que el pueblo de Dios se reúne para dirimir asuntos pertinentes al funcionamiento de la Iglesia. En el de Jerusalén se reunieron sólo apóstoles y algunos discípulos. Un concilio ecuménico se da cuando asiste una representación universal de obispos, y representantes de otros cuerpos religiosos. En la historia se han celebrado muchos concilios, para nosotros los más importantes y que aceptamos como doctrinales son los cuatros primeros ecuménicos (Nicea 325; Constantinopla 381; Éfeso 431, Calcedonia 451).

5. Los Padres de la Iglesia

Para ser reconocidos como tales se requieren las siguientes características: su doctrina no debe ofrecer duda sobre las verdades de la fe, se debe haber distinguido por su santidad, debe haber vivido en Occidente antes de la muerte de san Gregorio el Grande (604) y en Oriente antes de san Juan Damasceno (753), sus obras deben haber sido aceptadas por la Iglesia. Algunos Padres reciben el título de Doctores de la Iglesia por su especial actitud de educadores en la fe.

a. Padres apostólicos: (70-150). Sus enseñanzas son importantísimas pues estuvieron en contacto con los mismos apóstoles o con sus discípulos: San Clemente: Carta a los corintios. San Ignacio de Antioquía: Carta a los romanos. La Didajé, obra anónima pero de extraordinaria importancia.

b. Apologistas: (s. II-III). Apología es una defensa de algo o de alguien. Los apologistas defendían a los cristianos y a la fe cristiana. Cuadrato, Arístides, Traciano, Justino Mártir, Atenágoras, Municio Félix, Meliton. Los más importantes son san Irineo y Tertuliano.

c. La edad de oro de los Padres:

En Oriente se formaron dos escuelas importantes:

- Escuela de Alejandría: santos: Eusebio de Cesarea, Atanasio, Basilio, Gregorio de Nisa.

- Escuela de Antioquía: el más importante, san Juan Crisóstomo.

En Occidente no hubo escuelas. Los más importantes son: san Jerónimo (347-419), san Ambrosio (340-397), san Agustín (354-430), san Gregorio el Grande (590-604).

6. La conversión de los bárbaros

a. Las invasiones de los bárbaros. Se llamaban bárbaros a los pueblos germánicos y orientales que por razones climáticas, por el incremento demográfico y por su espíritu de aventura, se vieron obligados a invadir toda Europa. Los pueblos más famosos fueron: los hunos, los godos, los visigodos, los ostrogodos, los vándalos, los francos, los lombardos. Las invasiones acaecieron en los siglos V y VI; con esos pueblos y con todo el cambio que supusieron se originó una época nueva en la historia: la Edad Media.

b. Los bárbaros no respetaban arte ni cultura alguna. Destruían las iglesias. Algunos de estos pueblos habían sido convertidos al cristianismo por un arriano, Ufilias (311-383). Esto perjudicó en gran manera la conversión de los pueblos. La Iglesia se vio en la responsabilidad de salvar la cultura y de convertir a estos pueblos bárbaros. El papa León I Magno (440-461) salvó a Roma en dos ocasiones: la primera con motivo de la invasión de los hunos (452) al acercarse Atila a Roma; la segunda con la invasión de los vándalos, cuando se acercaron a la ciudad al mando de Genserico (455), el papa le suplicó que respetara las basílicas. Estos hechos dieron pie al nacimiento del poder temporal de los papas, apoyado por el pueblo ante las hazañas logradas. Este papa estableció el principio de que el poder espiritual está sobre el temporal. San Ambrosio de Milán aclaró y difundió esta doctrina que adquiriría su máxima influencia en los años de la Edad Media

7. El monacato

El monacato contribuyó en gran manera a conservar la fe cristiana. En un principio no estaba regulado por ley alguna, ni los monjes vivían en comunidades. Se originó en el Oriente y era muy riguroso. San Simón Estilita (459) se encadenó a una roca, cosa que le prohibió su obispo. Pasó el resto de su vida encaramado en una columna, a diez metros de altura. San Antonio de Egipto (356) es el prototipo de la vida monástica.

Significado del monacato. Fue extraordinario, pues aunque el fin primario de los monjes era su propia salvación, las obras que realizaron de caridad y en favor de la cultura fueron enormes. Con Casiodoro (475-570) aparecen los escribanos que salvarían innumerables obras transcribiéndolas. Pero tal vez la mayor gloria fuera la conversión de toda Europa invadida por los bárbaros.

8. La conversión de Occidente

a. La conversión de los pueblos europeos se realizó poco a poco y gracias a grandes santos que dieron su vida por difundir el Evangelio. Irlanda. San Patricio (385-461) nació en Inglaterra y fue educado en el cristianismo. Irlanda fue el primer pueblo en convertirse totalmente al cristianismo.

b. Inglaterra. Se cree que el cristianismo llegó a Inglaterra con las legiones romanas, porque para el año 314 tres obispos británicos estuvieron presentes en el concilio de Arlés celebrado en Francia. Hacia el año 410 las legiones romanas se retiraron de Bretaña dejando campo abierto a nuevos invasores, los sajones, los anglos y los jutos. Estos arrollaron con la organización cristiana y durante ciento cincuenta años la Iglesia británica quedó casi destruida. Mas el cristianismo volvería a revivir por obra de san Columbano, monje irlandés, quien con doce compañeros desembarcó en una islita, llamada Iona, al oeste de Escocia en 563. Allí erigió un monasterio que se haría famoso como centro de santidad y alivio de pobres y menesterosos. Siendo papa Gregorio Magno (590-604) envió a Inglaterra a san Agustín de Cantórbery y a cuarenta monjes benedictinos, quienes realizaron una labor misionera definitiva en favor del cristianismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

QUINTO MODULO

B. La Edad Media (siglos VII-XIII)

9. El Imperio Carolingio

10. El feudalismo en la Iglesia

11. El papado

12. La reforma medieval

13. La reforma del papado

14. El iconoclasmo

15. Las cruzadas

16. Algunas lumbreras de la Edad Media

 

B. La Edad Media (siglos VII-XIII)

9. El Imperio Carolingio

Carlomagno, a la muerte de su padre Pepino, se proclamó rey de los francos (Francia). A los 26 años de edad demostró una habilidad extraordinaria para gobernar. Unió y consolidó pronto a toda la Europa Occidental y Central. Fue sincero y devoto cristiano. Estableció al papa como Señor de Roma.

El año 800, durante la misa de Navidad, el papa León III coronó a Carlomagno mientras la gente gritaba: “Viva Carlomagno, el grande y pacífico emperador de los romanos, coronado de Dios”. Carlomagno fue un gran defensor de la causa cristiana y también se interesó por la cultura. Decretó que toda catedral y todo monasterio debían tener una escuela adjunta y abierta, no sólo para los sacerdotes sino para todo el público. Alcuino fue el escritor más famoso de este movimiento cultural. 10. El feudalismo en la Iglesia

Durante la invasión de los bárbaros y del Islam, muchos monasterios se refugiaron en la protección de los nobles. El noble se convirtió en dueño del monasterio con influencia perniciosa a la hora de nombrar superiores y abades. Los abades se ocuparon de enriquecer a los monasterios y olvidaron la vida monacal. La inmoralidad creció.

Todavía fue peor la decadencia de los obispos. Reyes y nobles nombraban obispos según su conveniencia; incluso los investían en su oficio a pesar de que la ley eclesiástica expresamente lo prohibía y establecía que los obispos debían ser elegidos por los sacerdotes de la catedral. Así sucedió que muchos obispos se dedicaban más a asuntos políticos que a religiosos. Todos cuantos ambicionaban un episcopado prometían de antemano cosas indignas o injustas, o bien lo compraban sencillamente a precio de oro.

El obispo que así entraba en la diócesis se endeudaba, y para pagar a su acreedor vendía curatos, diaconías y demás beneficios, al mejor postor, y exigía cantidades injustas de dinero por conferir las órdenes sagradas, administrar los sacramentos, etc.

Lo mismo sucedió en las parroquias. La mayoría de las iglesias rurales eran de fundación privada y, por consiguiente, propiedad de un señor, el cual designaba el sacerdote que debía vivir a su servicio en aquella posesión. Así aparecieron sacerdotes sin preparación ni vocación.

Este era el mal conocido con el nombre de la investidura, que estaba relacionado con la simonía.

11. El papado

La decadencia llegó al papado. Nicolás I (858-867) fue el último papa digno de su cargo. Después de él, las familias nobles de Roma se peleaban por el cargo. Las familias más famosas fueron: los teofilactos, los crescencios, los tusculanos, los frangipani, los pierleoni. Entre 867-1048 nueve papas, de los cuarenta y cuatro que reinaron, murieron violentamente. Muchos papas fueron hombres inmorales. Algunos de ellos, elegidos como tales en edad juvenil, carecían de espíritu religioso y eclesial. Así que se dieron asesinatos, hijos ilegítimos de papas que llegaban a ser papas, como el papa Juan XI, hijo ilegítimo del papa Sergio III. Otón I prometió que en el futuro todo papa debía ser elegido con su consentimiento. Los ciudadanos romanos estaban furiosos con semejante intrusión, ya que en el pasado el clero y el pueblo de Roma habían elegido a obispos y a papas a su antojo.

Tan oscuro estaba el panorama espiritual que al acercarse el año 1000 cundió entre la gente la idea de que el fin del mundo estaba marcado por ese año. Apareció el milenarismo.

12. La reforma medieval

En 910 el abad Beno fundó un monasterio en Cluny (Francia) bajo la protección del duque Guillermo de Aquitania. Cluny estaba libre de toda autoridad seglar. El abad tenía pleno poder en el monasterio. La regla de san Benito se practicaba fielmente. La vida religiosa floreció. Otros monasterios se sometieron fielmente al liderazgo de Cluny. Cluny fue un centro cultural y artístico de primer orden.

Puntos que deseaban reformar: la simonía, el casamiento de clérigos, la investidura.

13. La reforma del papado

Con el papa san León IX (1049-1054) llegó de nuevo la dignidad al papado. Se rodeó de hombres expertos y responsables que le ayudaran a reformar la Iglesia. Su sucesor, Nicolás II (1059-1061), siguió el ejemplo y estableció que sólo el Colegio Cardenalicio podría nombrar papa. Esto resultaba una novedad con relación a tiempos anteriores.

El papa Gregorio VII (1073), antes, monje Hildebrando, fue tal vez, el más enérgico reformador. Fue nombrado por aclamación del pueblo y aprobado como papa por los cardenales. En el período de dos meses fue ordenado sacerdote, consagrado obispo y elevado al papado. En ese momento el espectáculo que presentaba la Iglesia occidental era lamentable. Se propuso terminar con la simonía, la investidura y establecer el celibato sacerdotal. Papas anteriores habían intentado estas reformas pero no lo habían conseguido. Gregorio VII logró algunas de ellas. En el asunto del celibato encontró la oposición del clero. Tan arraigada estaba la práctica del matrimonio de los sacerdotes que, cuando el papa promulgó un decreto queriendo establecer el celibato, los sacerdotes bramaron de coraje contra el decreto del papa, acusando a éste de hereje, pues iba claramente contra las palabras del Señor: “No todos son capaces de ello” (Mateo 19:11), y contra las del Apóstol: “Mejor es casarse que abrasarse” (1 Corintios 7:9), y alegaban que antes abandonarían el sacerdocio que el matrimonio.

14. El iconoclasmo

El emperador Oriental León II (717-740) probablemente bajo la influencia musulmana, determinó que la veneración de las estatuas y del arte religioso era pecado. Así empezó la destrucción de las imágenes sagradas. Trató de resolverse la cuestión en el concilio de Nicea II (787), declarando al iconoclasmo una herejía, pero sólo en el concilio de Constantinopla (843) se dio fin a la persecución de las imágenes.

15. Las cruzadas

El período que va de finales del siglo XI a finales del siglo XIII es conocido como el período de las cruzadas. También se conoce a estos siglos con el nombre de la Alta Edad Media y es cuando esta época de la historia llegó a su apogeo.

Las cruzadas fueron movimientos religiosos y militares, iniciados por los papas para recobrar la Tierra Santa. Se prometieron beneficios a cuantos tomaran parte en las “peregrinaciones”. Se dieron muchos abusos humanos por parte de los cruzados, contagiados, de egoísmo, de lujuria, de afán de gloria.

Las cruzadas fueron un desastre militar. Fueron en su momento, un testimonio de la fe y del celo religioso de Europa. Hoy las vemos bajo diferente perspectiva y no andamos muy a favor de ellas.

16. Algunas lumbreras de la Edad Media

Santo Domingo de Guzmán (1210), español, fundador de la orden de los dominicos. San Francisco de Asís (1182) fundador de los Hermanos Menores (1210). San Buenaventura (1221-1274), titulado “Doctor seraficus”. San Alberto Magno (1193-1280), “Doctor universalis”. Santo Tomás de Aquino (1225-1274), “Doctor angelicus”. Dante Alighieri (1265-1321), escritor de “La Divina Comedia”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SESTO MODULO

C. La Edad Nueva (siglos XIV-XVII)

17. Cambios de épocas

18. El cisma de Occidente

19. El conciliarismo

20. El Renacimiento

21. Causas de la Reforma protestante

22. Martín Lucero

23. Enrique VIII

24. La Contrarreforma católico romana

25. La Cristiandad dividida

26. La Iglesia Católica Romana en el siglo XX

 

C. La Edad Nueva (siglos XIV-XVII)

17. Cambios de épocas

Europa pasó por años de transición en los siglos XIV y XV. El orden medieval se desmoronó. La Iglesia entró en crisis y decadencia.

a. Cambios económicos. La economía medieval era agraria. En el siglo XIV el comercio adquiere importancia capital. El dinero -oro y plata- se hace indispensable. La riqueza medieval, con base en la tierra, se resquebrajó. La Iglesia sufrió el cambio y hubo de buscar nuevos rumbos. Aparece el capitalismo.

b. Cambios sociales. La guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia. La Peste Negra (1348-1350) aniquiló a más de 40 millones de personas, entre ellas a muchos sacerdotes que fueron reemplazados por candidatos con deficiente formación. Aparece la clase burguesa o media y hombres de dinero que deseaban desbancar a nobles y clérigos de su posición social.

c. Cambios políticos. Cae el feudalismo como sistema de gobierno. Ya no son los nobles sino el monarca quien controla el poder. El monarca poco a poco se libera de las intrusiones papales en la política. Aparecen los nacionalismos. La gente empieza a considerarse “francesa”, “alemana”, “inglesa”, “española”, en vez de cristiana que vive en esos países.

Todos estos cambios supusieron una crisis para la Iglesia.

18. El cisma de Occidente

A la muerte de Gregorio XI, los cardenales, en su mayoría franceses, eligieron a Bartolomeo Prignamo. La gente había suplicado y exigido un papa italiano. Bartolomeo tomó el nombre de Urbano VI el 18 de abril de l378. Urbano la emprendió contra los cardenales, haciéndoles la vida imposible. Por ello, los cardenales se reunieron de nuevo en Anagni, declararon inválido su nombramiento y eligieron a Clemente VII, que decidió residir en Aviñón. La Iglesia estaba dividida. Dos papas con cardenales, obispos y clérigos nombrados de cada lado. Inglaterra, Alemania, e Italia iban con el italiano. Francia, Escocia y España con el de Aviñón.

La universidad de París, entre otras soluciones, sugirió que un concilio podría resolver la cuestión. Los cardenales de los dos papas se reunieron en Pisa, Italia, en 1409 y eligieron a Alejandro V. Pero esto sólo sirvió para que se formaran no ya dos, sino tres papas. Uno en Roma, otro en Aviñón, y otro en Pisa.

El concilio de Costanza (1414-18) zanjó el asunto. Convocado bajo la protección del emperador Segismundo, depusieron al papa pisano Juan XXIII, y al de Aviñón, Benedicto XIII. Permitieron al de Roma convocar oficialmente el concilio y para luego renunciar al cargo. Eligieron a Martín V en 1417. El primer papa en 39 años reconocido por toda la Iglesia.

19. El conciliarismo

En 1324 Marsilio de Padua defendió que un concilio está sobre la autoridad del papa y que sólo el concilio puede definir las verdaderas enseñanzas de la Iglesia. Esa opinión se vio reforzada por el cisma de Occidente, por el descrédito de los papas, y por el hecho de que un concilio tuviera que resolver la cuestión del cisma.

20. El Renacimiento

El Renacimiento significa un volver al mundo clásico de las artes y de las letras, un redescubrir el mundo fascinante de Grecia y de Roma. El Renacimiento da énfasis al placer de esta vida con desplazamiento de los bienes espirituales.

a. El Renacimiento en la Iglesia. Los papas se convirtieron en mecenas del arte y de la literatura. Rafael, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, todos pusieron su talento al servicio de los papas. Humanistas como Tomás Moro y Erasmo de Rotterdam, con perfecto conocimiento del griego y del latín, ofrecieron espléndidas traducciones del Nuevo Testamento y de las obras de los Padres de la Iglesia.

b. El reinado de los papas del Renacimiento va de 1447 al 1517. Liderazgo espiritual muy pobre. Fueron buenos políticos, pero frívolos y amantes del placer. Así decayó el prestigio papal. Se sirvieron de simonía para enriquecer a sus familias; de nepotismo, dando cargos a familiares; de comendaciones, nombrando a alguien para un oficio antes de tener la edad correspondiente; de pluriempleo, siendo obispo de cuatro o más diócesis, con el resultado de ausentismo de obligaciones; algunos obispos no visitaron nunca su diócesis pero sí recogían sus derechos monetarios.

c. Criticas. Erasmo criticó la vida frívola y superficial de los clérigos. Pero más famoso fue el caso de Savonarola (1452-1498), monje dominico que denunció la vida mundana de los clérigos y seglares de Florencia, Italia. Tomó el poder de la ciudad y trató de gobernarla con mano dura. Pero exageró, pues prohibió hasta diversiones sanas. En 1498 el fanático Savonarola fue quemado en la plaza de la Signoría de Florencia. Fue, sin embargo, un intento de corregir las malas costumbres.

21. Causas de la Reforma protestante

a. Intelectuales. La Iglesia no controlaba ya ni las mentes ni los espíritus de los cristianos. El secularismo se había extendido. La gente se interesaba más por asuntos de este mundo que por los del otro. La invención de la imprenta favoreció la rápida difusión de ideas liberales.

b. Políticas. Los príncipes favorecían la reforma de la Iglesia para debilitar el poder del papa.

c. Económicas. La Iglesia era rica, los reinos pobres, favoreciendo la reforma encontraban arma fácil para confiscar los bienes a la Iglesia.

d. Sociales. La clase burguesa resentía el apoyo que la Iglesia ofrecía a los nobles. Con la reforma y nuevas religiones, encontraban alivio y campo abierto para su vida y acababan con las prohibiciones de acumular riquezas.

e. Religiosas. El prestigio clerical, incluido el papal, estaba minado. Los reformadores denunciaban los abusos e incluso las enseñanzas de la Iglesia. La gente los oía y seguía.

22. Martín Lutero (1483-1546)

Sacerdote agustino rompió con la Iglesia debido, entre otras cosas, a la cuestión de las indulgencias. En octubre 31 de 1517 colocó en la puerta de la iglesia de Wittenberg sus 95 famosas tesis.

El papa León X estaba muy ocupado con la construcción de la basílica de san Pedro (por eso, el papa había acentuado la predicación de las indulgencias, para recaudar dinero necesario para la construcción). Al principio, el papa no prestó interés al fraile, pero en 1520 el papa publicó una encíclica en la que condenaba la doctrina de Lutero y le daba sesenta días para retractarse. Como no lo hiciera, en abril de 1521 fue excomulgado.

La doctrina de Lutero puede resumirse en los siguientes puntos: a) La salvación se logra sólo por la fe. b) La Iglesia carece de autoridad; es sólo una sociedad libre de creyentes. c. Sólo la Biblia es norma de fe. d) Sólo el bautismo y la comunión fueron instituidos por Cristo. e) El monacato y el celibato son un mal. f) El estado debe proteger a la Iglesia.

En pocos años el luteranismo se extendió por Dinamarca, Suecia y Noruega.

23. Enrique VIII (1509-1547)

Coronado rey de Inglaterra en 1509. En 1521 escribió contra Lutero la Defensa de los siete sacramentos; el papa le otorgó el título de Defensor de la fe. En 1527 llevaba ya casado dieciocho años con Catalina de Aragón, de quien había tenido tres varones y dos hembras, pero todos, excepto una niña, habían muerto en la infancia. Catalina, ya en los cuarenta, no parecía ofrecer esperanzas de alumbrar a un nuevo varón. Ninguna mujer en el pasado había reinado con acierto en Inglaterra. Se necesitaba un hombre para suceder a Enrique en el trono. Éste se había casado con Catalina, viuda de Arturo, hermano mayor de Enrique, muerto en 1502, a instancias de sus padres y bajo dispensa especial del papa Julio II. En el curso normal de las cosas, a Enrique no se le hubiera permitido casarse con Catalina. Y ahora el rey insistía en que su matrimonio era nulo por esa razón. No pedía un divorcio sino una declaración de nulidad. Los papas en el pasado habían anulado matrimonios en circunstancias parecidas y con razones de menos peso. Todos sabían que el papa, ahora Clemente VII, deseaba conceder a Enrique la anulación anhelada si pudiera hacerlo sin ofender al emperador Carlos V, sobrino de Catalina, y a quien el papa tenía miedo acérrimo.

Por ello, en 1532, cansado de esta indecisión y apoyado en el derecho romano, el rey promulgó el Acta de Limitación de Apelaciones, reconociendo a Inglaterra como “imperio, con poder plenario, completo y entero”, sin necesidad de recurrir a autoridad extranjera para ninguna causa. Roma e Inglaterra quedaban separadas.

El 23 de marzo de 1533, el nuevo arzobispo de Inglaterra, Thomas Cranmer, declaró nulo el matrimonio del rey.

Enrique VIII, se preocupó de que se mantuviera el orden católico. En l536 promulgó los Diez artículos, en los cuales pedía que los sacerdotes debían predicar por lo menos trece domingos seguidos, y después regularmente, en contra de la “autoridad jurisdiccional que el papa se había usurpado”. En l539, de nuevo el rey publicó un libro conocido como Los seis artículos, en el cual defendía seis puntos tradicionales doctrinales, litúrgicos y pastorales, que la rama protestante quería cambiar.

El problema que esto presentaba era que la mayoría de los sacerdotes en Inglaterra, y en otras partes del mundo cristiano, no sabía predicar, y muchos no conocían bien la doctrina de la Iglesia. Para aliviar el problema, Cranmer escribió un libro conocido como El libro del obispo en el cual se presentaba la enseñanza de la Iglesia.

Mientras tanto, Enrique VIII se había transformado en el tirano que mataba por igual a católicos como a luteranos que no acataran sus órdenes. Al final de su reinado, se había nombrado a sí mismo, “cabeza suprema en la tierra de la Iglesia de Inglaterra”; sin embargo, la vida religiosa en las parroquias continuaba como si nada hubiera pasado, la liturgia seguía siendo la misma y los sacerdotes se conducían como siempre. La reforma que afectara al pueblo no había llegado. Enrique VIII moría en 1547.

24. La Contrarreforma católico romana

Los primeros intentos de reforma aparecieron en España con el cardenal Cisneros y los Reyes Católicos. En 1524, una nueva orden, los teatinos, se propuso formar sacerdotes dignos que se dedicaran exclusivamente a predicar y administrar los sacramentos.

Pero el cambio únicamente podría venir reformando al papado. León X fue el último papa del Renacimiento.

Pablo III (1534) fue el papa de la contrarreforma. Nombró nuevos cardenales que estuvieran dispuestos al cambio. Nombró la “comisión de los nueve” para que investigaran los abusos que se daban en la Iglesia. Como resultado, la Comisión (1537) destacó estos males: simonía, pluriempleo, ausentismo y nepotismo. El papa, con mano firme, corrigió tales males. Convocó el concilio de Trento que se reunió por primera vez en 1545-47.

Julio III (1550-55) convocó la segunda reunión del concilio en l551. Reactivó la Inquisición. Pío IV (1559-65) convocó la tercera reunión en 1562. En ésta se completó la obra del concilio, que se clausuró en 1563. En l564 revisó el “Índice de libros prohibidos”. Pío V (1566-1572) promulgó el famoso catecismo, que todavía hoy se conoce con el nombre de Catecismo de Pío V. En l570 apareció el misal revisado y el breviario fue reformado. En l604 apareció una revisión nueva de la Biblia, la Vulgata (la Biblia traducida al latín por san Jerónimo). La reforma de la Iglesia católico romana se mantuvo con firmeza. Se formaron seminarios. Nuevas devociones.

Las órdenes religiosas antiguas fueron reformadas: benedictinos, franciscanos, dominicos, carmelitas, reformados éstos por santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Aparecieron nuevas órdenes: barnabitas, ursulinas de Jesús, oratorianos, compañía de Jesús.

25. La Cristiandad dividida

La Cristiandad se dividió por falta de comunicación sincera y caritativa. Todos andaban cegados por sus pasiones, incapaces de mantener un diálogo calmado. Se cometieron excesos por todos los lados. No hubo reforma completa por ninguna parte. Vemos esto porque la Iglesia Católica Romana tuvo que esperar cuatrocientos años, hasta el concilio Vaticano II (1962-65), para adoptar muchos de los cambios litúrgicos y pastorales realizados por la Iglesia Anglicana en el siglo dieciséis. La separación de Roma e Inglaterra fue más política que doctrinal. Enrique demostró tener razón al librarse de las intromisiones papales en los reinos civiles. Hoy ninguna nación tiene que pagar impuestos de ninguna clase a Roma.

26. La Iglesia Católica Romana en el siglo XX

Antes de terminar esta sección es imperativo apuntar unas notas sobre la gran reforma efectuada por la Iglesia Católica romana en el siglo XX. El 25 de enero de 1959 el papa Juan XXIII, a quien el pueblo bautizó como “el papa bueno”, anunció a los cardenales, en la basílica de san Pablo Extramuros, su propósito de convocar un concilio. Ese concilio sería el Vaticano II (1962-1965). Un concilio verdaderamente innovador, pastoral, y reconciliador.

Se puede asegurar, sin lugar a dudas, que ese concilio fue no de los acontecimientos más revolucionarios y transcendentales de todo el siglo XX. Los cambios por él generados afectarían no sólo a toda la Iglesia Católica Romana, sino a todas las confesiones cristianas. Gracias a ese concilio, hoy todos los cristianos estamos más cerca unos a otros. Gracias a ese concilio, hoy día somos todos hermanos y no enemigos. Gracias a ese concilio caben esperanzas de tiempos mejores para toda la Cristiandad y para toda la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TEPTIMO MODULO

D. La Iglesia Anglicana

27. La Reforma anglicana

28. El Anglicanismo

29. La Comunión Anglicana

30. Instrumentos de unidad

31. Las 38 Provincias de la Comunión Anglicana

32. Continuidad eclesial

33. ¿Es católica la Iglesia Episcopal?

34. El espíritu anglicano-episcopal

 

 

D. La Iglesia Anglicana

27. La Reforma anglicana

A la muerte de Enrique VIII, hereda el trono su hijo Eduardo VI a la edad de nueve años. Inexplicablemente, su padre le había puesto bajo la enseñanza de maestros protestantes. Durante siete años, debido a la edad de Eduardo VI, Inglaterra estuvo gobernada por un Consejo bajo las riendas del duque de Somerset.

Libres de la tiranía del rey padre, quienes habían estado fraguando la reforma, vieron llegado el momento y se lanzaron contra todo aquello que –según ellos– pudiera oler a superstición, reliquias, imágenes, flores, candelabros, cruces, lámparas, incensarios, etc. Muchas de esas cosas, verdaderas obras de arte, se vendían por unos centavos, y hoy serían de valor incalculable.

A la muerte de Eduardo VI sube al trono la hija mayor de Enrique VIII, María, que suprime todas las reformas realizadas, exige el celibato y restablece la reconciliación con Roma en l555. El pueblo se alegra, porque estaba acostumbrado a las costumbres medievales. Los reformadores anglicanos que no quisieron someterse, fueron encarcelados y quemados en la hoguera, incluido Cranmer; otros huyeron al continente europeo.

Pero María cometió el error de casarse con Felipe II, rey de España, cosa que el pueblo inglés no podía tolerar. El reinado de María fue un desastre. Bajo el punto de vista reformador, la gente ya no iba a olvidar las reformas efectuadas durante Eduardo VI, la persecución que tan salvajemente María llevó a cabo disgustó a la mayoría, y los sacerdotes, casi todos casados, no podían abandonar a sus esposas e hijos. Así que a su muerte casi todos se alegraron 28. El Anglicanismo

El Anglicanismo va adquiriendo cada día más notoriedad en el mundo entero. No es de extrañar, pues, que muchos se pregunten sobre el significado de la palabra y de su origen.

Algunos pueden pensar que el Anglicanismo es el producto acabado de la Reforma Protestante. Todo lo contrario. La reforma inglesa, por lo menos durante el reinado de Enrique e Isabel, tuvo un carácter más político que teológico. Sin embargo, el ambiente político, social y cultural, de aquella época, pudo dar lugar a un pequeño germen, a una primera toma de conciencia de lo que en siglos posteriores terminaría siendo el Anglicanismo. Pero empecemos por el principio y veamos en primer lugar el significado de algunas palabras.

a. Términos “anglicano” y “anglicanismo”

Ambas palabras tienen un mismo origen: la palabra latina anglicanus que significa “inglés”. Así, el papa Gregorio Magno, a principios del siglo VII, en cartas a Agustín de Cantórbery, escribe sobre “la iglesia de los ingleses”. La expresión ecclesia anglicana era de uso frecuente a partir de mediados del siglo XII y durante el siglo XIII y siempre se entendía como “la iglesia de Inglaterra”.

Cuando Juan Jewel (1522-1571) y Ricardo Hooker (1554-1600) escriben sus apologías en defensa de la Iglesia de Inglaterra, los términos que todavía emplean en sus obras carecen de la connotación que posteriormente adquiriría la palabra anglicanismo.

Por otra parte, aunque el término anglicano aparece por vez primera a mediados del siglo XVI, sin embargo, es sólo a partir de los siglos XVIII y XIX cuando empieza a tener implicaciones nacionales y teológicas. Algunos teólogos empiezan a usar expresiones como “católicos, anglicanos y calvinistas” en un tono muy diferente a como se había usado en anteriores centurias.

b. Fundamentos de fe y autoridad en el Anglicanismo

La suprema autoridad en el Anglicanismo es Dios, Trino y Uno. Jesucristo es la cabeza de la Iglesia. Sin embargo, tradicionalmente se ha hablado de tres fuentes de autoridad que son al mismo tiempo los fundamentos de fe en el Anglicanismo: la Escritura, la tradición y la razón.

Las Escrituras

 

De Los artículos de la religión, el VI indica que: “Las Sagradas Escrituras contienen todas las cosas necesarias para la salvación; de modo que cualquier cosa que no se lee en ellas, ni con ellas se prueba, no debe exigirse de hombre alguno que la crea como artículo de fe, ni debe ser tenida por requisito necesario para la salvación”. Somos de tradición bíblica, pero no tenemos doctrina de supremacía de la Biblia, de inspiración literal, o de inerrancia bíblica. Se tiene gran respeto a la Biblia, pero no es la última autoridad en todos los asuntos y tampoco nos obliga todo lo que se encuentra en ella.

No es nuestra autoridad única, pero provee a la Iglesia de criterios primarios para sus enseñanzas y es fuente principal de orientación, en términos de principios y normas.

La Biblia contiene la Palabra de Dios, la revelación. Aunque no contenga la última palabra en toda cuestión teológica o ética, sí contiene todo lo necesario que hay que creer para salvarse.

La Biblia es un documento literal, histórico que necesita ser examinado e interpretado; hay que interpretarla en su conjunto, en su totalidad. Aunque en la Biblia haya un elemento unificador también hay gran diversidad de opinión.

La Biblia es el producto de una comunidad que creía que Dios se encontraba misteriosamente presente en medio de ellos. La Biblia emerge de una tradición oral y es un libro de historias. (1 Corintios 15:3).

La Tradición ayuda a interpretar la Biblia

 

De la tradición se aceptan: los tres credos: el de los apóstoles, el niceno, y el de san Atanasio; las enseñanzas de los Santos Padres de la Iglesia; los cuatro primeros concilios ecuménicos (Nicea 325; Constantinopla 381; Éfeso 431, Calcedonia 451); liturgias antiguas: propios, colectas, salmos, lecturas; los cinco siglos después de Cristo; los Artículos de la Fe (1571).Estos 39

artículos, compuestos en su mayoría por Thomas Cranmer no son ni un formulario de la fe cristiana ni un credo. Son un sumario oficial del punto de vista de la Iglesia con relación a ciertas verdades discutidas en tiempo de la Reforma. Los artículos no obligan en conciencia, son más bien un documento histórico.

Como la Biblia, la tradición también debe ser interpretada, de acuerdo a la experiencia y a las ciencias modernas.

La razón está siempre dispuesta a interpretar el espíritu de los tiempos. La razón

 

desempeña una función especial en el discernimiento de la voluntad de Dios. La gracia de Dios siempre está presente en la razón haciendo posible que el Espíritu Santo nos guíe en la verdad.

La razón no es infalible. Es la facultad que Dios nos ha dado para ayudarnos, con la Biblia, la Tradición y la asistencia del Espíritu Santo, a encontrar la verdad en el momento presente.

Estos tres fundamentos se mantienen en tensión, por eso, es necesario vivir “con humildad mansedumbre y paciencia, soportándonos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unida del Espíritu con el vínculo de la paz” (Efesios 4, 1-3).

c. Lo distintivo del Anglicanismo

Lo típico del Anglicanismo es su modo de acercarse a posturas opuestas tratando de reconciliarlas y trascender los conflictos en cuestión. No se trata, sólo de mantener una via media, un compromiso, un puente, entre dos visiones opuestas, sino de encontrar un equilibrio, una postura moderada.

Esta actitud se basa en la constatación de que los destellos que de la Verdad absoluta nos llegan, nos son elusivos. Tratar de convertirlos en fórmulas fijas nos ha llevado, en el pasado, a más de un error. Es preferible mantenerse bajo una postura abierta, en expectativa, en tensión, hasta lograr captar la verdad, si es posible, en su genuina manifestación. La historia y la experiencia nos demuestran que es preferible una prudente espera a un impetuoso espíritu condenatorio y dictatorial que presume de controlar la verdad.

El Anglicanismo, en casi todas las esferas de la vida litúrgica, pastoral e intelectual, manifestará siempre una actitud acogedora, flexible, comprensiva, moderada, respetuosa y democrática.

Según esto el Anglicanismo en modo alguno implica una ruptura con la Iglesia primitiva. Antes bien, significa un desarrollo, una toma de conciencia de aquel espíritu original en el cual los patriarcados existentes (Jerusalén, Constantinopla, Alejandría, Antioquia y Roma) se respetaban con una autoridad de paridad y buscaban un consenso armónico en consulta mutua. En oposición a aquel armónico entendimiento fue surgiendo otra manera nueva de tomar decisiones fundamentada más en el poder que en el respeto y el amor. Y surgieron instituciones que impartían miedo, y condenaban cuando no se asentía a afirmaciones que no estaban confirmadas de una manera científica.

 

 

29. La Comunión Anglicana

La expresión “Comunión Anglicana” la utilizó por vez primera un obispo americano enviado en 1847 a Constantinopla como representante de la Iglesia americana ante las iglesias orientales. Luego se empleó en la Primera Conferencia de Lambeth en l867.

La Comunión Anglicana ha sido descrita como una hermandad de iglesias en comunión con la sede de Cantórbery. Una comunión que se expresa en igualdad, en comunión de vida, en interdependencia, y en mutuo afecto y respeto. Una comunión que reconoce que cada una de las iglesias individuales pertenece a la una, santa, católica y apostólica Iglesia de Jesucristo y participa en la misión de todo el pueblo de Dios.

Esta hermandad eclesial implica graves responsabilidades. Implica no tomar decisiones unilaterales en asuntos esenciales que puedan dañar la unidad de la comunión. La Comunión Anglicana ha de tener siempre presente el antiguo principio canónico de que lo que afecta a uno debe ser decidido por todos.

A mediados del siglo XIX la Comunión Anglicana consistía en tres iglesias, hoy son 38 las que se mantienen en comunión con la sede de Cantórbery. El Imperio británico, sin proponérselo, fue un decidido propagador del espíritu anglicano, hasta el punto de que hoy día, el mayor número de anglicanos no se encuentra ni en Inglaterra ni en Estados Unidos, sino en el resto del mundo. La Comunión Anglicana se extiende por todo el mundo en un mosaico variado de razas, lenguas, culturas, que expresan su fe, con una base común, pero con diferentes matices al son de los más variados sonidos y colores.

30. Instrumentos de unidad

Ahora bien, a medida que la Comunión ha ido creciendo ha sido necesario crear algunos organismos o “instrumentos” democráticos que den respuesta a ciertas preguntas que han ido surgiendo. He aquí los cuatro más importantes:

En l867 tuvo lugar la primera Conferencia de Lambeth para responder a cuestiones de interpretación bíblica. Esta Conferencia, que se celebra cada diez años, implica una obligación de carácter moral, no de autoridad jurídica. Sin embargo, dado el peso que llevan los acuerdos, implican cierta obligación. Lo cual no quiere decir que sean decisiones infalibles ni que se puedan revocar si es necesario, una vez superado su genuina razón de ser.

En la Conferencia de Lambeth de 1968 se aprobó una resolución de crear un organismo nuevo que mantuviera a las provincias de la Comunión en un contacto más continuo y cercano dentro del intervalo de los diez años de la Conferencia de Lambeth. Se redactó una constitución que fue aprobada por todas las provincias y en octubre de l969 el Consejo Consultivo Anglicano (ACC) era una realidad. El organismo está integrado por obispos, clérigos y laicos; el número de asistentes representantes depende del número de miembros en cada provincia anglicana hasta un máximo de tres. Así, algunas provincias pequeñas sólo pueden mandar uno. En la actualidad sirven en este cuerpo consultivo unas 120 personas. Se dio a los laicos una función importantísima en la vida de la Iglesia. En la práctica este organismo lidia con más asuntos y toma más decisiones que cualquier otro.

 

Otro instrumento es la Reunión de los Primados para manifestar su hermandad y apoyo. De 1979 al 1997 los primados se reunieron cada dos o tres años para tratar de asuntos teológicos, sociales o internacionales. Desde el año 2000 se han reunido anualmente. Esta reunión ha ido ganando cada vez más importancia en la vida de la Comunión.

Finalmente, el Arzobispo de Cantórbery es el centro de la unidad de la Comunión y el único que puede convocar la Conferencia de Lambeth. El Arzobispo de Cantórbery es reconocido como “primus inter pares” y la reunión de los primados tiene lugar bajo su invitación. El arzobispo sería la figura equivalente al papa en la Iglesia católico-romana, pero no es lo mismo. El papa tiene el poder jurisdiccional sobre todo la Iglesia romana, puede imponer leyes que obliguen, incluso bajo pecado. Nuestro arzobispo no puede hacer eso. Es el pastor que orienta con el ejemplo de su vida y liderazgo, pero no puede imponer leyes para toda la Comunión Anglicana.

La Comunión Anglicana estaría dispuesta a aceptar un “papa” que fuera “primus inter

pares”, sin poder jurisdiccional sobre toda la Iglesia y que fuera el pastor y líder de todos.

Además del arzobispo, en cada una de las 38 Provincias eclesiales, hay un obispo

Presidente que mira por el bien de su comunidad eclesial, y siempre debe hacerlo con los

demás instrumentos de gobierno propios en nuestras comunidades eclesiales: sínodos,

concilios diocesanos, convenciones generales, comités permanentes, etc…

En conclusión, la Comunión Anglicana no es algo estático, sino algo dinámico. Se trata en definitiva de una comunión que evoluciona y se adapta a los tiempos. Y a medida que crece, serán necesarios más ajustes. El arzobispo Rowan Williams ha declarado que “merece la pena trabajar en el Anglicanismo con estructuras que ni nos obligan a una uniformidad estructural carente de sentido ni nos abandonan a un aislamiento mutuo”.

31. Las 38 Provincias de la Comunión Anglicana

La Iglesia Anglicana en Aotearoa, Nueva Zelanda y Polinesia

La Iglesia Anglicana de Australia

La Iglesia de Bangladesh

La Iglesia Episcopal Anglicana de Brasil

La Iglesia Episcopal de Burundi

La Iglesia Anglicana de Canadá

La Iglesia de la Provincia de África Central

La Iglesia Anglicana de la Región Central de América

Provincia de la Iglesia Anglicana del Congo

La Iglesia de Inglaterra

Hong Kong Sheng Kung Hui

La Iglesia de la Provincia del Océano Indico

La Iglesia de Irlanda

La Comunión Anglicana del Japón (Nippon Sei Ko Kai)

L Iglesia Episcopal en Jerusalén y en el Medio Oriente

La Iglesia Anglicana de Kenia

La Iglesia Anglicana de Korea

La Iglesia de la Provincia de Melanesia

La Iglesia Anglicana de México

La Iglesia de la Provincia de Myanmar (Burma)

La Iglesia de Nigeria (Comunión Anglicana)

La Iglesia del Norte de India (Unida)

La Iglesia de Pakistán (Unida)

La Iglesia Anglicana de Papua Nueva Guinea

La Iglesia Episcopal de Filipinas

La Iglesia Episcopal de Ruanda

La Iglesia Episcopal de Escocia

Iglesia de la Provincia del Sureste de Asia

La Iglesia del Sur de India (Unida)

La Iglesia de la Provincia del Sur de África

La Iglesia Anglicana del Cono Sur de América

La Iglesia Episcopal del Sudán

La Iglesia Anglicana de Tanzania

La Iglesia de la Provincia de Uganda

La Iglesia Episcopal de EE.UU.

La Iglesia del País de Gales

La Iglesia de la Provincia de África Occidental

La Iglesia de la Provincia de las Indias Occidentales

Lo que aglutina y da unidad a esas iglesias es el Libro de Oración Común. En otras palabras, la liturgia contenida en ese libro da unidad a toda la Comunión Anglicana. El Libro de Oración Común, con pequeñas variantes, se encuentra en las 38 iglesias que integran la Comunión.

La doctrina anglicana se encuentra en el LOC que ofrece unidad en lo esencial y flexibilidad en lo no esencial. Si alguien le pregunta ¿qué significa “anglicano”? Habría que responderle, “venga y adore con nosotros”. Otras ramas del Cristianismo le invitarán a explorar las Sagradas Escrituras, otros a examinar la doctrina o teología. Para nosotros en la liturgia se encuentra todo lo que somos. Los asuntos teológicos y éticos se resuelven, dentro de la Comunión, por decisiones relacionadas con la liturgia. (Sobre los valores peculiares del anglicanismo véase más en el capítulo de Moral Cristiana).

En otras ramas del Cristianismo las cuestiones doctrinales se resuelven en concilios, declaraciones doctrinales, interpretaciones de los teólogos, interpretaciones particulares de la Escritura, o en declaraciones autoritarias. En el Anglicanismo la doctrina se encuentra en el libro de culto, conocido como el Libro de Oración Común cuya primera versión apareció en 1549; el libro hoy adquiere modificaciones y variedad de manifestaciones accidentales pero en su esencia el contenido es casi idéntico. Fiel al espíritu anglicano se rechaza la homogeneidad global porque se prefiere que cada pueblo adore a Dios según las características propias a su cultura. Por todo ello, las provincias que se mantienen en la Comunión se rigen democráticamente siguiendo el principio de subsidiaridad, es decir, que las decisiones se toman a su propio nivel. No es necesario esperar una decisión de un organismo superior, cuando uno pude gobernarse y decidir en el nivel en que se encuentra.

32. Continuidad eclesial

Con frecuencia en los libros de historia aparece la frase que alguna de estas provincias “se fundó” o “se independizó” en el año tal, dando la sensación al lector de que son iglesias nacidas del capricho de algún visionario. Nada más lejos de la verdad.

Lo que esas expresiones indican es que allí donde no existía la Iglesia de Cristo, empieza a existir. Tienen el mismo sentido que cuando se dice “se fundó una misión en tal lugar”, “se fundó una nueva casa religiosa en tal lugar”, “santa Teresa de Jesús fundó dieciséis conventos”.

Las Provincias que integran la Comunión Anglicana son una continuidad directa del catolicismo primitivo y tradicional tal como se ha heredado de la Iglesia Católica implantada en Inglaterra en los primeros años de la era cristiana. Las diferencias entre ellas son accidentales, no esenciales.

33. ¿Es católica la Iglesia Episcopal y la Comunión Anglicana?

Católico, según Ignacio de Antioquía sería lo que enseñaba la Iglesia en todas partes, en oposición a la doctrina impartida por una iglesia local. Según Cirilo de Jerusalén, católico implicaría el estar extendido por todas partes e impartir enseñanzas necesarias para la salvación del género humano. Otros elementos, más pertinentes, serían el espíritu corporativo y comprehensivo, espíritu de comunidad organizada bajo la autoridad de un obispo, liturgia tradicional y simbólica, un orden ministerial de obispo, presbítero y diácono, y el bien común; todo eso en oposición al espíritu protestante que aboga por una liturgia amorfa y gris, por el individualismo y el bien privado.

El documento del Concilio Vaticano II, sobre el ecumenismo afirma: “Entre aquellas (comuniones) en las que las tradiciones y estructuras católicas continúan subsistiendo en parte, ocupa lugar especial la Comunión Anglicana” (UR n.13). Fueron precisamente esas “tradiciones y estructuras católicas” las que movieron a ambas iglesias, entre los años1967 y 1968, a trabajar juntas en la creación de un documento publicado el 3 de enero de l968 con el título Una visión hacia la unidad. Esa comisión teológica conocida con el nombre de Comisión Internacional 56

Católica Romana-Anglicana, o con las siglas en inglés ARCIC, ha llegado a importantes acuerdos en trabajos realizados desde 1971 al 2004.

El espíritu católico del anglicanismo siempre se ha aferrado a tres pilares tradicionales: Escritura, tradición y razón.

En el Libro de Oración Común se incluyen peticiones por la Iglesia católica, forma III de las oraciones de los fieles, y lo mismo sucede en otras colectas de la adoración (p.706, nº 7). Cuando miembros de otras denominaciones cristianas deciden ingresar en la nuestra, el obispo dice: “Te reconocemos como miembro de la Iglesia una, santa, católica y apostólica; y te recibimos en la hermandad de esta comunión” (pp. 230, 340). En los ritos de ordenación de un obispo se menciona que sea consagrado en “la Iglesia una, santa, católica y apostólica” (p. 415); en la ordenación de un presbítero se pide al obispo que sea ordenado en la “santa Iglesia católica de Cristo” (p. 428); lo mismo sucede con la ordenación de los diáconos, (p.440).

Sin duda alguna que somos católicos, pero dentro de este espíritu católico también hay grupos con una tendencia un poco más evangélica y reformada.

34. El espíritu anglicano - episcopal

La Iglesia Episcopal es una continuación directa del catolicismo primitivo; se profesa una fe católica y reformada. No se trata de una “fe anglicana” ni de una “fe episcopal”, sino de una actitud y atmósfera anglicana-episcopal, dentro del espíritu católico.

Mantenemos la misma fe que se profesó en los primeros años del cristianismo, con un espíritu más evangélico que el derivado de tiempos medievales. Mantenemos que la última y decisiva verdad es mucho más profunda de lo que nuestras mentes son capaces de captar. De ahí que sea necesario permanecer siempre una actitud abierta, flexible, tolerante, moderada, y comprensible.

Este breve repaso esquemático de la Historia de la Iglesia ha pasado por alto muchas glorias y triunfos a favor de la humanidad. A pesar de todas las debilidades, a aperar de todos los pecados de los humanos, el bien ha triunfado a través de los tiempos. Para plasmar en papel todas las obras buenas que los cristianos han logrado a través de los siglos “ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran” (Juan 21,25).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OCTAVO MODULO

E. Gobierno de la Iglesia

35. El pueblo de Dios

36. La Convención General

37. Los sínodos provinciales

 

E. Gobierno de la Iglesia

35. El pueblo de Dios

La Iglesia Episcopal forma parte del pueblo de Dios. Proclamamos al mundo el mensaje de Cristo, mensaje de de salvación y de amor a todo el género humano. Sin Jesús seríamos sólo una organización humanitaria. Cristo vive en nuestro medio, nos inspira, y fortalece para continuar su obra (Mateo 28,30; Colosenses 1,18).

La comunidad cristiana inicial de seguidores de Cristo creció para formar la Iglesia universal. Esta Iglesia, este pueblo de dios, realiza su obra en pequeñas comunidades. Los cristianos se reúnen en comunidades que llamamos parroquias o congregaciones, si son más pequeñas. Un grupo de congregaciones y de parroquias forma una diócesis, presidida por un obispo. El obispo es el pastor principal de una diócesis. Como no puede presidir la adoración de cada una de las comunidades, delega a los sacerdotes para que le representen y ejerzan sus funciones. Así como el obispo se sirve de los sacerdotes para difundir el mensaje de Cristo, de la misma manera en toda comunidad los fieles, laicos, con el sacerdote, o rector, difunden juntos el mensaje de salvación. Cada fiel recibe talentos de Dios para llevar adelante la obra de salvación (Efesios 2: 8-10; 4: 11-13).

En todo grupo de personas se necesita un liderazgo. Las parroquias y congregaciones cubren esa necesidad con una organización llamada junta parroquial. La junta parroquial está formada por un grupo de líderes comprometidos a difundir la obra de salvación de Cristo Jesús. La junta parroquial actúa en representación de la parroquia, los miembros que integran la junta no deben realizar todo el trabajo, antes bien han de asegurarse de que el mayor número posible de fieles participe en las metas a lograr. En toda junta parroquial hay funciones que los miembros deben ejercer como: “guardianes” mayor y menor (equivalente a presidente y vicepresidente), secretario, tesorero, etcétera.

36. La Convención General

Semejante a los concilios, en nuestra Iglesia tenemos las reuniones de convenciones generales. A las convenciones generales asisten representantes de las provincias. Una provincia está constituida por la agrupación de unas diócesis. La Convención General es el órgano de gobierno de la Iglesia Episcopal. Es un cuerpo legislativo bicameral que consta de la Cámara de Diputados formada por más de 800 miembros (hasta cuatro clérigos y cuatro laicos de todas las diócesis), y la Cámara de Obispos formada por casi 300 obispos activos y jubilados. Asisten representantes de las nueve provincias que actualmente forman la Iglesia Episcopal. La Convención General se reúne cada tres años.

37. Los sínodos provinciales Los cánones de la Iglesia piden que periódicamente haya un sínodo, o reunión de las diócesis, en cada Provincia. La reunión estará constituida por la Cámara de Obispos y la Cámara de Diputados. Se reunirán según la misma Provincia lo determine con el propósito de organizar y establecer las responsabilidades de la misma Provincia en la forma indicada por los cánones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOVENO MODULO

V. La liturgia: obra del pueblo

1. La adoración

2. El Libro de Oración Común

3. Himnología

4. Las estaciones del año litúrgico

5. Los colores

6. Gestos litúrgicos

7. Las devociones populares

8. Los santos, fieles siervos de Dios

9. Devoción mariana

10. El fin de los tiempos

 

V. La liturgia: la obra del pueblo

1. La adoración

La palabra liturgia significa obra del pueblo. Cuando esta obra del pueblo se relaciona a lo religioso se conoce como culto a la divinidad. La historia de rendir culto o establecer una relación con un ser superior se inicia con la historia del ser humano.

La historia de todas las culturas ha indicado la necesidad de adorar y hacerse sumiso a un ser superior; por eso, esta experiencia no es única al pueblo cristiano, pues se encuentra incrustada en cada una y en todos los relatos de nuestras culturas indignas (todas tenían dioses a quienes temían y rendían cultos).

El pueblo de Israel tenía una forma de culto para cada ocasión, para ser iniciado en la vida de dicha comunidad o llegar a formar parte del pueblo. El cristianismo, a través de Jesús y los primeros cristianos, heredó muchas prácticas litúrgicas propias del judaísmo. Luego, adoptó otras costumbres de la cultura grecorromana. Y más tarde incorporó otras costumbres según el cristianismo iba creciendo y madurando. Algunas costumbres que surgieron durante la época de la Edad Media, se desviaron algo del auténtico espíritu de Jesús, por eso, en el siglo XVI hubo una gran Reforma.

La iglesia inglesa fue una de las más innovadoras en temas litúrgicos, pero al mismo tiempo mantuvo la gran tradición primitiva de la Iglesia; esa obra litúrgica se plasmó en el Libro de Oración Común.

2. El Libro de Oración Común

El Libro de Oración Común se consideró una obra necesaria para abreviar la proliferación que, de libros litúrgicos, se daba en el siglo XVI. Por orden del rey Eduardo VI se debía crear uno que se pudiera usar en todo el reino inglés y que diera unidad a la práctica litúrgica.

Se sabe que la mayor parte del libro fue creación y redacción de Cranmer, quien deseaba seguir en el espíritu católico de la Iglesia, y así recogió material de las liturgias gálicas y orientales, así como del uso medieval romano. Además lo fundamentó en la Biblia, la práctica primitiva de la Iglesia, en la doctrina de los Padres de la Iglesia, pero también incluyó ideas nuevas, algunas provenientes de Alemania, y sobre todo, una de las obras más influyentes fue el breviario propuesto por el cardenal español Francisco Quiñones y la liturgia mozárabe. El primer libro de oración se aprobó el 14 de marzo de l549.

La obra apareció con este título: El Libro de Oración Común y administración de los sacramentos y otros ritos y ceremonias de la Iglesia, para el uso de la Iglesia Anglicana. El título manifestaba a las claras que los autores deseaban mantenerse dentro de las directrices católicas de adoración. Más que una innovación se trataba de una reforma. Estos fueron los logros obtenidos: eliminaba prácticas y devociones ya caídas en desuso, consolidaba varios libros en uno, los servicios litúrgicos se realizaban en la lengua del pueblo y se pedía a los fieles más participación litúrgica.

Como los tiempos cambian nuevas ediciones han surgido, adaptadas a la época y motivadas siempre por el deseo de producir lo más apropiado para la oración. Se pueden recordar las siguientes fechas: 1549, 1552,1559, 1662, 1785, 1789, 1892,1928, 1979, correspondientes a los libros publicados, los cuatro primeros en Inglaterra, los últimos en Estados Unidos.

El actualmente en uso, y publicado en l979, es el más innovador, el mejor de todos. Es también el más ecuménico. Se escribió con el fin de lograr una adaptación litúrgica y teológica a los tiempos modernos, más flexibilidad en las rúbricas litúrgicas, y un uso más amplio de lecturas bíblicas. También es el más práctico y fácil de entender. Además, recobra la importancia teológica del domingo y lo califica como el día de la creación, de la resurrección y acentúa la importancia del Espíritu Santo.

El Libro de Oración Común es un verdadero tesoro para la Comunión Anglicana. Cada una de sus páginas refleja la identidad anglicana, pues están repletas de citas bíblicas, basadas en la tradición de la Iglesia y apoyadas en la razón y experiencia del pueblo cristiano. Para ver todo su contenido se recomienda revisar todo el índice.

3. Himnología

Mientras que muchos de los elementos litúrgicos fueron apareciendo con el paso de la historia, la música y el canto han acompañado al culto desde tiempos remotos.

Jesús mismo cantaría los salmos más de una vez. Mateo dice que después de haber cantado el himno, salieron al monte de los Olivos (Mateo 26:30). La Iglesia primitiva continuó esa tradición la carta a los de Éfeso, se dice: Cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor (Efesios 5:19).

San Agustín afirma que “los textos sagrados, cantados, constituyen un estímulo más fervoroso y ardiente de piedad para nuestro espíritu que si no se cantaran”.

Así, los himnos y canciones religiosas ocupan un lugar importante en la formación y difusión de conceptos teológicos y doctrinales en el pueblo de Dios.

Durante la Edad Media la música se hizo exclusiva de los monjes. El pueblo no cantaba, por ello, digno de toda alabanza es el esfuerzo realizado por Lutero y otros reformadores por devolver el canto al pueblo.

El canto ha de contribuir a formar comunidad. Ningún otro signo litúrgico manifiesta tan patentemente el espíritu comunitario de la asamblea como el canto. Al cantar se superan todas las barreras y diferencias, todos los individualismos, y se crea una sintonía que une los corazones.

El espíritu comunitario y poético creado por el canto y la música contribuyen, también, a crear un ambiente festivo que ha de manifestar las alegrías celestiales. En realidad toda la celebración litúrgica debiera expresar un ambiente festivo y de gozo, por la convicción de seguir a un Cristo no clavado ya en la cruz, sino triunfante en el cielo.

4. Estaciones del año cristiano

Este concepto de crear un “año litúrgico” se debe a reconocer que el tiempo también es sagrado. El tiempo se separa para celebrar la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo. Se celebra su nacimiento, vida, ministerio, pasión, muerte, resurrección y ascensión, culminando con la venida del Espíritu Santo.

En un principio sólo se celebraba la Pascua, luego en los primero siglos de la iglesia cristiana, prácticamente sólo había una estructuración de la celebración de los domingos como centro del año litúrgico. Más adelante otras celebraciones, como el Domingo de Ramos, la Vigilia Pascual, empiezan a tomar forma. En el siglo VIII se inicia la estructuración de los meses del año en torno los diferentes sucesos de la vida de Jesús.

En la actualidad el año litúrgico se encuentra organizado de la siguiente manera:

a. Adviento son las cuatro semanas y domingos que anteceden a la Navidad.

b. Navidad que va del 25 de diciembre al 6 de enero.

c. Epifanía que puede durar de 4 a 9 semanas dependiendo de la fecha de Pascua de Resurrección.

c. Cuaresma que da inicio el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos d. Semana Santa y el Triduo pascual: Jueves Santo, Viernes Santo y Vigilia Pascual.

e. Pascua de Resurrección dura aproximadamente 50 días (a los 40 días se celebra la ascensión y 10 días más tarde termina la estación de Pascua.

f. Pentecostés dura aproximadamente 6 meses, de 27 a 29 semanas. El domingo de la Santísima Trinidad se celebra el primer domingo después de Pentecostés.

5. Los colores litúrgicos

Estos colores son: blanco, rojo, púrpura y verde.

El blanco desde tiempos antiguos ha estado asociado a la luz y a la vida divina. En la transfiguración los vestidos de Jesús se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la viene (Marcos 9:3). A veces se combina o se substituye por el dorado; representa el deseo de vivir moralmente puros, alto grado de virtud, la presencia de Jesús resucitado en la comunidad cristiana. Se usa para las fiestas del Señor, de las bodas, de la Virgen, de los bautizados y de los santos no mártires.

El rojo refleja la ardiente intensidad del amor de Cristo en su muerte. También significa la sangre de los mártires y el fuego del Espíritu Santo. Se usa el domingo de Pasión, en la fiesta de los mártires, evangelistas, Pentecostés, fiesta de los apóstoles y el Viernes Santo.

La púrpura simboliza la realeza de Cristo. Se usa en Cuaresma y Adviento.

El verde es símbolo de crecimiento y desarrollo espiritual. Se utiliza el resto de los días y domingos del año conocidos como “ordinarios” o “propios”.

6. Los gestos litúrgicos

El acto de adoración es una manifestación de todo el ser humano. El espíritu se expresa externamente por medio de formas verbales y no verbales, llamadas gestos.

En la adoración todos debemos tomar parte activa. Vamos a participar, no a observar. Tanto la asamblea como los ministros van a usar gestos, y cada uno lo hace según la función que ejerce. Los gestos se han de realizar con reverencia, cuidado y convicción. Hay gestos tradicionales y otros que se van incorporando por el fenómeno de enculturación que estamos viviendo. He aquí algunos gestos litúrgicos:

a. Posturas:

Estar de pie significa primariamente respeto. Ésta ha sido la postura tradicional judeo-cristiana. (Nehemías 8:5-7). Ésta es la postura preferida en los evangelios para orar: Y cuando

 

os pongáis de pie para orar... (Marcos 11:25; Lucas 18:11-13). Los primeros cristianos oraban de pie los domingos y todo el tiempo después de la Pascua de Resurrección. Era un tiempo de alegría en el Cristo resucitado.

Arrodillarse significa súplica y adoración. El criado se prosternó ante él suplicándole... (Mateo 18:26). Ésta postura indica también humildad y penitencia. Se hizo popular durante la Edad Media. Hoy prevalece más el estar de pie.

Sentarse indica presencia y descanso y es comúnmente usado por el que preside con autoridad el acto cultual y enseña (Marcos 14: 62; Mateo 5,1; Lucas 4:20). También es muy apropiado para la asamblea mientras recibe instrucción.

b. Acciones:

Inclinar la cabeza o la mitad del cuerpo, manifiesta una actitud de respeto y reverencia hacia una persona u objeto. Es muy común en los libros del Antiguo Testamento (Éxodo 23: 24; Salmo 86; etc.). En Occidente se ha usado más la genuflexión, aunque modernamente se está imponiendo la inclinación profunda.

Genuflexión. Esta acción es una forma abreviada del arrodillarse. Los primeros cristianos la rechazaron por la asociación que tenía con la adoración del emperador, y en algunos casos por la burla hecha a Jesús en su pasión (Mateo 27:29; Marcos15:19).

Procesión. Esta acción, puede implicar a cierto número de personas o a toda la asamblea congregada. Ejemplos durante la misa: procesión de entrada, procesión del evangelio, procesión del ofertorio, procesión de la comunión, procesión de salida. Hay procesiones de tipo festivo, como en una boda, o la celebración de una quinceañera; de tristeza, en los funerales; de veneración, como el día de Viernes Santo; de candelas y luz, el día de la Presentación; de ramos, el domingo de Pasión; de alegría y gozo, como en la Vigilia pascual de Resurrección.

Movimientos rítmicos. Esta acción participaría en cierto modo de la acción procesional. Se le añade el movimiento rítmico del cuerpo acompañado de música. Este estilo se está imponiendo donde es propio de la cultura.

 

c. Gestos:

Elevación de las manos y de los ojos. Este el gesto clásico de la oración. Así lo demuestra Jesús en el Evangelio: Levantó los ojos hacia el cielo (Mateo 14:19; Marcos 6,41).

La señal de la cruz o persignar. Por él se muestra unión con Cristo y discipulado. Se puede hacer sobre uno mismo (persignarse) o sobre una cosa (signación); o también en el aire para

 

bendecir o invocar la gracia divina. Los primeros cristianos lo usaban con mucha frecuencia marcando la cruz en la frente.

La extensión de las manos al bendecir indica la transmisión del poder de una persona a otra o a toda la asamblea. …Con mano poderosa, con brazo extendido, reinaré sobre vosotros (Ezequiel 20:33; Éxodo 7,11-12). La imposición de las manos en algunos ritos sacramentales, es el gesto afín al indicado e implica el mismo significado.

El extender la mano para recibir la comunión era el gesto usado por los primeros cristianos, y el que se va imponiendo en nuestros días.

7. Las devociones populares

El estudio de las devociones populares está de moda. Los investigadores recogen este tipo de costumbres para determinar sus orígenes y encontrar el significado profundo de las mismas. Saben que tras ellas se esconde la mentalidad colectiva de los pueblos en su evolución vital.

a. Qué son

El Cristianismo continuó practicando muchas costumbres judías. En esto siguió el ejemplo de Jesucristo que acudía a la sinagoga, al Templo, y realizaba por sí mismo otros gestos misteriosos. Tocaba los ojos y los oídos de los enfermos; utilizaba el agua, el vino, el pan, el barro –como símbolos para transmitir un mensaje superior. Algunas de aquellas prácticas, culminaron en lo que hoy conocemos como sacramentos.

Además de los sacramentos, la Iglesia ha reconocido ciertas acciones llamadas sacramentales, signos de carácter simbólico parecidos a los sacramentos. Algunas de estas prácticas pueden tener su origen en el mismo Jesucristo, pero otras se fueron formando con el crecer del Cristianismo. La Tradición Apostólica del obispo Hipólito de Roma (215) se refiere a la ofrenda del aceite, del queso y de las aceitunas; también da normas para la bendición de frutos, como las uvas, los higos.

Ahora bien, hay otras costumbres, fruto del encuentro entre la cultura y la religiosidad humana, que han dado en llamarse devociones populares, religiosidad popular. El fenómeno que las distingue es la emotividad, la música, la danza y toda una constelación de matices que hacen de ellas una amalgama de cultura y religión. A veces esa religiosidad popular nos parece que raya en lo supersticioso o ridículo, si nos fijamos en los calificativos que se suelen emplear. Así, se da culto a un Cristo llamado de las “ampollas”, y “de los pasos”. Pero, es precisamente en ese “calificativo” donde subyace parte de la historia que origina una devoción popular.

Todo ministro debe acercarse a esta religiosidad con respeto, porque encontrará gentes que no asisten nunca al templo salvo el día de su devoción preferida, que sí estarán presentes. Sirviéndose de esa circunstancia se puede entablar un diálogo con el pueblo para que dé un paso adelante. Tratar de erradicar una devoción porque no encaja con nuestra mentalidad racionalista es perder el tiempo. El devoto continuará su costumbre de una manera u otra. Es preferible adoptar una postura constructiva y depurar lo menos sano de tales costumbres. Hay que tener presente que por encima de la devoción popular hay una continuidad en la experiencia religiosa coherente con una vivencia profunda que le dio origen.

b. Origen de las devociones populares

Algunas pudieron haber tenido un origen milenario, anterior al mismo Cristianismo –pensamos en la acción de gracias, cuando los niños cumplen tres años de edad. El patriarca Abrahán dio gracias a Dios porque su hijo Isaac (a la edad de tres años) había superado el período difícil de la mortalidad infantil (Génesis 21:1-8). Alguien pensó que esa era una práctica digna de ser conservada y así surgió la costumbre de “presentar” los niños al cumplir tres años.

Otras surgieron en los primeros años del Cristianismo, como el culto dado a las reliquias, a las cruces. El papa Gregorio Magno (540-604) fue un decidido promotor de la religiosidad popular. La época medieval constituyó un importante caldo de cultivo, dando origen a innumerables leyendas que desembocaron en otras tantas devociones populares.

Con la llegada de los misioneros al Nuevo Mundo se habría de producir toda una afloración de nuevas devociones adaptadas a la realidad del Continente. Estos misioneros creían que entre los indígenas podría recuperarse la pureza del cristianismo, corrompido en Europa. A la consecución de este fin ensayaron diversos métodos de evangelización, que dieron lugar a una forma de religiosidad cristiana que se enriqueció tanto de los elementos llegados del exterior como de otros ya existentes. Así tenemos prácticas todavía vigentes, como el “día de los muertos”, “la quinceañera”.

Los misioneros, conscientes de que los indios no podían leer, recurrieron a representaciones dramáticas a las que los indígenas eran aficionados. Aparecieron entonces “las pastorelas”, “los belenes”, “las posadas”, “las procesiones con imágenes”, “los autos sacramentales”. Algunas de las más famosas fueron: “La destrucción de Jerusalén”, “La caída de Adán y Eva”, “La adoración de los Reyes Magos”, “La tentación de Cristo”. También recurrieron a representaciones iconográficas de pasajes de la vida de Cristo, como “El Señor de la columna”, “El Cristo rey de burlas”, “El santo entierro”, “La piedad”.

Tal vez la devoción más difundida por los misioneros, haya sido el amor a la Virgen. Traían consigo variedad de imágenes marianas, entre ellas, la de la Inmaculada. También se hicieron famosas las imágenes de la Virgen que difundían los franciscanos, las cuales carecían de advocación y sólo tenían tallada la cara y las manos; el resto se cubría con algún vestido, por ello, se las conocía como imágenes para vestir.

No es de extrañar que cada país latinoamericano haga alarde de un amor especial a María. Entre sus historias encontramos elementos legendarios. Las más de las veces tales supuestos fenómenos sobrenaturales son casualidades que el fervor del pueblo interpreta como portentos. Con todo, esas leyendas sirven, para estimular la devoción de gente humilde que ama a María como portadora del mensaje de Cristo.

c. Valor de las devociones populares

Las devociones populares contienen diversidad de valores. Sirven para completar la vida litúrgica de todo cristiano. Según esto, los fieles pueden orar sin cesar, sirviéndose de devociones privadas, de las cuales una de las más comunes es el rosario.

La religiosidad popular presenta aspectos tanto positivos como negativos. Entre los positivos se mencionan el sentido de lo trascendente, disponibilidad hacia la palabra divina, capacidad para orar, desprendimiento de lo material a favor de lo divino y espiritual.

Entre los negativos se indican la falta de sentido de pertenencia a la Iglesia en muchas de esas devociones, desvinculación entre fe y vida, no conducir a una vida sacramental, exagerada valoración del culto a los santos con detrimento de una entrega más profunda a Cristo, sincretismo religioso peligroso, relativismo religioso.

8. Los santos, fieles siervos de Dios

Con frecuencia se acercan latinos a la Iglesia Episcopal preguntando: ¿Creen los anglicanos (episcopales) en los santos? Vayamos por partes.

a. Nociones bíblicas e histórica

La Biblia no desarrolla una doctrina sobre los santos o hace distinción entre ellos y los demás miembros del pueblo de Dios. El concepto bíblico es que todo el pueblo de Dios debe ser consagrado a la obra de Dios: Sean santos, porque yo el Señor su Dios soy santo (Levítico 19:2). Sin embargo, el Nuevo Testamento hace más de 70 referencias directas a “los santos”. Casi todas se refieren a uno de tres ejemplos de santos bíblicos: los santos ángeles, los santos profetas y los santos como comunidad de fe.

La mayor parte de las citas bíblicas hablan de los santos como la comunidad cristiana que ha sido redimida por Cristo. Varias cartas paulinas se dirigen “a los santos” aún a pesar de la condición pecadora de los recipientes (véase 1ª Corintios). Para Pablo la Iglesia es la comunidad de los santos porque Cristo, su cabeza, es santo y une a todos (Efesios 4:4-6). Posteriormente este concepto recibió el nombre de la Comunión de los Santos (véase el Credo de los Apóstoles).

La devoción a los santos es algo muy arraigado en el cristianismo y su rechazo por unos sectores realmente se ve como una anomalía. Nadie duda de que ya existiera una devoción hacia los héroes de la fe cuando la Iglesia fue permitida celebrar su fe públicamente en el siglo IV.

Los tres credos ecuménicos mencionan la creencia en la comunión de los santos. Esta doctrina enseña que todos los cristianos –vivos y muertos – pertenecen a un solo cuerpo. Así que la catolicidad de la Iglesia va allende los pueblos e incluye a todos los tiempos. Algo que se nota en las liturgias más antiguas es la cantidad de oraciones por los santos. La Iglesia pedía a Dios también que la Virgen y los santos tuvieran paz y gozo hasta el día de la resurrección general.

b. Devoción a santos particulares

Durante los tres primeros siglos del cristianismo se persiguió a los cristianos. La Iglesia vivía en secreto y en algunos lugares celebraba sus cultos en lo que se llamaban “catacumbas”. En estos lugares se conmemoraba a los mártires que murieron por no adorar a dioses romanos. Muchos de los primeros altares en realidad eran tumbas de las víctimas de la persecución. (Así se desarrolló la costumbre de depositar reliquias de los santos en el altar). También se contaban las historias de los mártires en el aniversario de su muerte. Con el correr del tiempo algunos de estos relatos se volvieron cada vez más legendarios. En todo caso los héroes de la fe fueron recordados el día de su muerte física, o sea, el día en que entraron en la vida eterna.

c. El problema de la Edad Media y la Reforma

A pesar de la gran devoción practicada en esa época se daban algunos problemas teológicos. Sí, hubo gran fe, pero también hubo mucha ignorancia. Cada oficio y cada estado de vida tenía su santo patrono y todos buscaban tener el mejor intercesor ante Dios en el día de juicio. Esa devoción resultó en la celebración de muchas misas, pero en poca atención a las enseñanzas bíblicas de la salvación por la fe en Jesucristo, el tema principal de la Reforma.

Durante la Reforma, estudiosos de la Biblia como Martín Lutero insistían que según las Sagradas Escrituras la salvación no llega al ser humano mediante las oraciones dirigidas a los santos, sino por el sacrifico de Jesús en el Calvario, que se recibe por la fe, no mediante prácticas devocionales cada vez más extravagantes. Muchos teólogos aún adentro de la Iglesia romana promovieron la reforma del santoral que se leía en los monasterios d. Los anglicanos y la devoción a los santos

El primer documento litúrgico en lengua vernácula publicado por la Iglesia anglicana fue la Gran Letanía. En la primera versión (1547), el arzobispo Cranmer redujo las invocaciones a los santos, que en ocasiones se numeraron en más de doscientas, a sólo tres y las revisiones subsecuentes las eliminaron por completo.

Se eliminó la referencia a una multitud de santos por nombre en la plegaria eucarística y se simplificó el calendario de las fiestas. El santoral quedó con las fiestas de los santos bíblicos y solo la mención de los santos menores en el calendario oficial. Las colectas y las lecturas para esto días se editaron para dar énfasis en el ejemplo de los héroes de la fe. Se les recuerda a los santos como miembros de la familia de Dios y modelos de una vida piadosa. No hay mejor testimonio de la teología anglicana con respecto a los santos que la colecta para el Día de Todos los Santos del Libro de Oración Común:

Dios todopoderoso tú has entrelazado a tus elegidos en

una sola comunión y hermandad en el cuerpo místico de

tu Hijo Cristo nuestro Señor: Danos gracia para que de tal

modo sigamos a tus benditos santos en toda virtuosa y

santa vida que alcancemos los gozos inefables que tú has

preparado para los que te aman sinceramente; por

Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo

vive y reina, un solo Dios, en gloria sempiterna. Amén.

Otras formas de devoción no se eliminaron. Casi todos los templos fueron titulados con nombres de santos. Se puede ver el testimonio de sus vidas en la arquitectura y en el simbolismo del arte y la decoración. El nombre más popular ha sido siempre el de la Bendita Virgen María. Es interesante notar que la poesía y la música anglicanas constantemente recuerdan a los santos y muchas veces por nombre. No podemos decir que la Iglesia anglicana abandonó la devoción a los santos sino que la reformó de acuerdo a principios bíblicos.

Tampoco la Iglesia ha desistido de su autoridad de reconocer como santos a cristianos cuyas vidas han reflejado una santidad notable y formalizar su conmemoración estableciendo oraciones y lecturas propias para el día de la conmemoración.

f. La devoción a los santos en la actualidad

Durante los siglos XIX y XX la devoción a los santos en la Iglesia Episcopal se revitalizó con las revisiones litúrgicas y los diálogos ecuménicos. Hoy todas las Iglesias históricas han reformado sus santorales y recuerdan a los santos por su testimonio y ya no es tema de mucha controversia teológica.

En casi toda Convención General se agrega uno o dos nombres al santoral. En nuestro santoral hay santos de todas las épocas de la Iglesia cristiana y se incluyen hombres y mujeres de otras iglesias cristianas. En cierta forma puede decirse que la memoria de los santos ha florecido en los últimos años.

g. Hacia el futuro

Al aumentar la diversidad cultural en nuestras iglesias se sentirá la necesidad de incluir ejemplos de santidad que reflejen a todo nuestro pueblo. La Iglesia tendrá que reflexionar más sobre el valor de los santos no-europeos. La inclusión de santos de todas partes del mundo en el calendario oficial del Libro de Oración Común es un paso que se debe acelerar

También las comunidades que vienen de culturas en donde la devoción a los santos ha sido muy fuerte deberán reinterpretar sus prácticas de acuerdo a los principios fundamentales de las Sagradas Escrituras. Debemos esforzarnos en la misión de anunciar el Evangelio a toda criatura con la esperanza de participar en las alabanzas ofrecidas a Dios por las gentes de toda lengua, raza y nación (Apocalipsis 5:9; 14:6).

9. Devoción mariana

El tema de la doctrina y devoción mariana dentro de la Iglesia Episcopal es de mucha importancia. Es un punto controvertido por muchos de adentro y de afuera; sin embargo, el anglicanismo no ha guardado silencio en cuanto a la Bendita Virgen María.

a. Doctrina en la Biblia y tradición

La Biblia no dice mucho acerca de María, la madre de Jesús. De hecho, se la menciona solamente en los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles. La información de importancia se resume en los siguientes pasaje: Es “muy favorecida” (Lucas 1:28). Era virgen al momento de la concepción de Jesús (Mateo1:18, 23; Lucas 1:27, 34). Se casó con José (Mateo 1:16, 24; Lucas. 4:23). Aceptó el menaje de Dios (Lucas 1:45; 2:3-5). Asistió a la crucifixión (Juan 19:19). Estuvo presente en el día de Pentecostés (Hechos 1:12).

La fe de la Iglesia se ha expresado en los credos y en los dictámenes de los Concilios Ecuménicos. El Credo de los Apóstoles y el Niceno expresan la creencia de que la concepción de Jesús es obra del Espíritu Santo y la Virgen María y, por ende, no el producto del proceso normal de concepción humana. El de san Atanasio sólo hace mención de “su Madre”.

La definición del Concilio de Calcedonia se expresó sobre las dos naturalezas de Cristo y el término “Teotókos” para referirse a la Virgen María. Normalmente esta palabra se traduce como “madre de Dios” o “paridora de Dios”. Esta misma doctrina fue sostenida por todos los Reformadores principales y se ha afirmado a través de la historia de la teología anglicana.

Hay unanimidad acerca del significado de “Teotókos” en la definición de Calcedonia. La doctrina afirma que la Virgen María dio a luz al Dios-Hombre Jesucristo. Obviamente, María no es madre de la divinidad por separado, pero tampoco es madre sólo de la naturaleza humana de Jesús. Es madre de la persona que es Dios y hombre a la vez.

La postura de la Iglesia primitiva enfatiza que la doctrina mariana debe llevar al cristiano a los pies de Cristo y a cumplir el mandamiento de María, haced todo lo que él os dijere (Juan 2:5).

b. Autores anglicanos

Los teólogos de la época carolina (siglos XVI-XVIII) son de gran importancia para el desarrollo del anglicanismo. Durante este período aparecieron comentarios sobre la doctrina mariana de la Iglesia inglesa. La mayoría de ellos no rechaza la devoción mariana, pero sí cuestiona lo que parece un abuso dentro de la Iglesia romana.

Los Artículos de la Religión criticaron las prácticas relacionadas con la invocación de los santos (XXII). Varios autores analizan estas invocaciones y las rechazan. Sin embargo, los mismos autores escriben sobre los honores que se deben ofrecer a María.

El obispo John Pearson en su famosa Exposición del credo expresó un sentimiento parecido al decir que ninguna reverencia hacia la madre de nuestro Señor es demasiada con tal de que no llegue a la adoración que es digna sólo del Señor.

c. La BVM en el Libro de Oración Común

El Libro Oración Común, en sus varias ediciones clásicas, ha sido el documento de unidad por excelencia entre los anglicanos.

Una visión del calendario del Libro de Oración Común 1662, –la edición todavía vigente en Inglaterra – muestra varias fiestas vinculadas a la Virgen María. Hay dos principales que contienen el nombre de María (la Purificación y la Anunciación) y dos fiestas menores (la Concepción y la Natividad de la BVM). A éstas, adiciones posteriores restauraron las fiestas de la Visitación y la antiguamente llamada Dormición de la BVM.

Como han citado varios autores anglicanos, el Oficio Diario también muestra devoción mariana. En la reforma litúrgica que acompañó la Reforma de Iglesia, se mantuvo el uso diario del Cántico de María. Lo mismo puede decirse del uso del mismo cántico en la Purificación de mujeres o Acción de gracias después del parto. El Libro de Oración Común 1979 elevó el estatus de las fiestas de la Visitación y la del 15 de agosto a ser fiestas mayores, ésta última se llama de la Bienaventurada Virgen María, madre de nuestro Señor Jesucristo. que se hallan en la liturgia.

Además de estas fiestas, esta edición del LOC continúa el uso de colectas que refieren a la

BVM, la de Navidad es el mejor ejemplo y en las Plegarias Eucarísticas. También se puede mencionar en todas las conmemoraciones de los santos

d. La BVM dentro de los himnarios oficiales

La devoción religiosa muchas veces se expresa en la música del pueblo de Dios. La Iglesia Episcopal ha publicado una serie de himnarios oficiales o semioficiales. De los oficiales, los de 1945 y 1982, en el idioma inglés, son los más importantes. En el mundo de habla hispana, los del 1960, 1982 y 1998 han tenido impactos reconocidos. Con la excepción de El Himnario del 1998, todos los demás han contenido muchos himnos con referencias marianas.

e. Nuestra Señora de Walsingham

Los anglicanos históricamente han sido reticentes en mencionar la Virgen bajo la inmensidad de avocaciones populares entre los pueblos de habla hispana. Pero existe una excepción, la de Nuestra Señora de Walsingham. Antes de la Reforma, la Abadía de Walsingham era el sitio de peregrinaje más privilegiado del norte de Europa, siendo visitado por reyes y nobles de todas partes. Fue destruida en un alboroto iconoclasta durante la Reforma. A pesar de estar en ruinas durante cuatrocientos años, el sitio fue reconstruido en 1931 y desde entonces ha gozado del reconocimiento de varios obispos y arzobispos y el cariño de multitudes de fieles. Copias de la imagen de Nuestra Señora se encuentran en iglesias y catedrales en toda la Comunión Anglicana. A Walsingham también pertenece el privilegio de ser el único sitio de devoción mariana que tiene capillas anglicanas, católico-romanas y greco-ortodoxas y de esta manera contribuye a la unidad cristiana.

Dado este espíritu tradicional de devoción mariana dentro de la Comunión Anglicana, no estamos opuestos a otras avocaciones siempre que se venere a María de la forma entendida en este apartado. Una oración que podría ser válida para cualquier otra fiesta o advocación sería la siguiente:

Oh Dios, que quisiste que tu Hijo se encarnara en el seno de

María Santísima y la bendijiste con abundancia de gracias para

que fuera la primera misionera pidiendo a todo ser humano que “hagamos lo que Jesús nos diga”, concede que en la fiesta

que hoy celebramos, de____________________ , seamos fieles

seguidores de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina por los

siglos de los siglos. Amén.

8. El fin de los tiempos

No faltan personas preocupadas con el fin de los tiempos, como si el fin del mundo presentara peores efectos que los que estamos ya acostumbrados a vivir: terremotos, volcanes, huracanas, tormentas; guerras desastrosas, etc… ¿Qué puede haber peor que todo eso? ¿Cómo puede afectarnos la imaginación de algo futuro y no lo que está sucediendo diariamente? Será más

a. La muerte

La única realidad que nadie pude eludir es la muerte. Solemos entristecernos al mencionarla. Sobre todo si vienen a nuestra mente esas imágenes con que se la ha pintado: esqueleto y guadaña en mano que va eliminando a todo el mundo.

Sin embargo, los grandes santos tienen otra idea muy diferente de la muerte. No les asusta, antes la desean porque saben que al morir se encontrarán con Dios. San Juan de la Cruz dice: “El alma no teme morir cuando ama, antes lo desea”. Dice el mismo santo que el alma enamorada de Dios se siente impulsada “con tanta vehemencia de ir a Dios como la piedra cuando se va más llegando a su centro”. Así san Juan de la Cruz solía rogar a Dios: “Máteme tu vista y hermosura”. La muerte es pues, el encuentro con la hermosura de Dios. Por eso, podemos muy bien afirmar que la muerte es al mismo tiempo una resurrección a una vida mejor, a una vida divina.

b. Más allá de la muerte

Las Sagradas Escrituras hablan de una vida más allá de esta vida. La parábola de del rico y del pobre Lázaro nos cuenta que ambos murieron y fueron llevados a otro lugar. (Lucas 16:22). En el libro del Apocalipsis el escritor nos dice que vio un cielo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir. (Apocalipsis 21:1). San Pablo en la carta a los Efesios habla de que en unión con Cristo Dios nos resucito y nos hizo sentar en regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia (Efésios 2:6 y 7). Y en otra ocasión dice que nosotros somos ciudadanos del cielo (Filipenses 3:20). Entonces nuestra fe cristiana tiene como meollo, una vida más allá de esta tierra, en otra forma de vivir que llamamos cielo.

El ser humano desconocedor del más allá tiende a pintar la otra vida con pinceladas parecidas a las de la tierra. Así, en la Edad Media se crearon dos realidades de ultratumba, el limbo y el purgatorio. El limbo, – era considerado como un estado en que permanecían los niños muertos sin el bautismo – tala idea, por fin, ha sido rechazada. La idea del purgatorio surgió al creer que antes de ir a Dios las almas tienen que ser purgadas de cualquier mancha o cicatriz de pecado. Se pensó en un lugar o estado parecido al infierno, donde con fuego y llamas se van purgando los seres que se encuentran de paso.

Muchos cristianos no aceptan ya tales pinturas de la imaginación. Si hemos de sufrir una purificación o adaptación a la nueva vida, eso lo puede realizar Dios en un instante. En definitiva, para nosotros, hay libertad de aceptar o de rechazar la idea del purgatorio

c. ¿Existe el infierno? ¿Descendió Jesús a “los infiernos”?

El credo de los Apóstoles dice que Jesús “descendió a los infiernos”. ¿Qué significa esa expresión? El pueblo escogido de Israel no tuvo conciencia clara de las realidades de ultratumba desde un principio. El pensamiento iba madurando. Los libros más antiguos de la Biblia no pudieron imaginarse lo que nosotros hemos llegado a llamar infierno.

Para acercarnos al pensamiento de los antiguos, son característicos los libros de Job, el Eclesiastés y el Eclesiástico, donde se plantean interrogantes sobre el destino humano, y sobre retribuciones. No se sabía cómo pagaría Dios a cada uno según sus obras. Creían, lo mismo que otros pueblos antiguos, que tanto buenos como malos, al morir, iban a un lugar oscuro y moralmente neutro, llamado sheol, parecido al hades de la antigua mitología griega, donde se dan cita todos los vivientes (Job 30,23), y que era como un agujero, una fosa (Salmo 30,10), enclavado en lo más profundo de la tierra, traspasando el abismo subterráneo, donde la claridad misma se parece a la noche sombría (Job 20,21). Allí se perdía toda esperanza.(Salmo 88,6). Vemos que no se habla de tormento físico eterno.

Esa era la idea común de la vida de ultratumba en general. Hoy diríamos simplemente que es el poder de la muerte. Cristo descendió a esos “infiernos”, es decir, conoció la muerte y triunfó sobre ella, por eso, a partir de Jesús, podemos preguntarnos: ¿dónde está tu victoria, oh muerte?

En el cristianismo primitivo surgió la idea de que, después de un juicio final, los malos serían condenados a un infierno de fuego llamado gehenna, palabra griega derivaba de la hebrea Gehinnon y que hacía referencia al desolador Valle de Hinnom, al sur de Jerusalén, donde la basura ardía sin cesar y donde en el pasado se habían ofrecido sacrificios humanos a dioses cananeos. A esa idea, la fantasía fue agregando otros elementos, como el fuego y la desolación de Sodoma y Gomorra (Génesis 19,24).

Algunos evangelistas ponen en boca de Jesús imágenes expresivas de otros libros del Antiguo Testamento, como: allí habrá llanto y crujir de dientes (Mateo 13,42), el gusano no muere y el fuego no se apaga (Marcos 9,43). Se trata de metáforas que no significan precisamente lo que dicen. Si Jesús las pronunció es porque eran conocidas de todos. Otras expresiones que se atribuyen a Jesús (Mateo 25,30 y 41), es probable que pertenezcan más a Mateo que a Jesús.

Hoy día algunos cristianos todavía piensan que el infierno es un lugar de tormento, mientras que otros creen que es un estado de separación de Dios. En l999 el mismo papa Juan Pablo II declaró en una audiencia que la Biblia usaba un “lenguaje simbólico” y que el infierno, en vez de un lugar, consiste en un estado de separación de Dios, escogido libremente.

La verdad es que tanto de ésta como de otras realidades imaginadas de ultratumba no tenemos ni ciencia ni evidencia. Sólo podemos hablar de conjeturas. Y cada día cunde más la idea de que si existe Dios, un Dios que ha creado la inmensidad de un universo maravilloso, ¿cómo va a permitir que lo mejor de su creación – los seres humanos – vayan a sufrir durante toda una eternidad?

Se dice que el pecador al pecar está rechazando a Dios, pero nos preguntamos, ¿cómo un ser humano puede rechazar a Dios, conscientemente? Eso es algo impensable. Estamos tratando aquí de conceptos que superan la capacidad de la mente humana. Aquí también podemos afirmar que, para nosotros, hay libertad en aceptar o rechazar la idea del infierno.

d. El cielo

El Dios que Jesús nos ha mostrado en los evangelios, es más misericordioso que justiciero, y su compasión no tiene límites. Por eso, hemos de pensar que el más allá ha de ser inmediatamente mejor que esta vida. ¿Cómo puede Dios crear seres humanos para que un día estén apartados de él o que sufran durante toda la eternidad?

La realidad que llamamos pecado es más bien un error que cometemos en esta vida. Cometemos errores porque precisamente estamos buscando a Dios, a la Felicidad, y creemos que se encuentra donde no está. Así caemos en toda clase de errores. Pero si pudiéramos ver a Dios cara a cara, ¿quién podría ya cometer un error o un pecado? Nadie.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10 MODULO

VI. La mayordomía

1. ¿Qué significa “mayordomía”?

2. Dios, creador

3. Dios, redentor: Jesucristo

4. Dios santificador: el Espíritu Santo

 

VI. La mayordomía cristiana

En la creación Dios formó al ser humano a imagen y semejanza de su divinidad y le dio responsabilidad sobre todo el universo. El ser humano participa en el designio divino de la creación asumiendo responsabilidad y cuidado del acontecer humano. En otras palabras el ser humano es mayordomo de la creación por encargo de Dios mismo.

1. Qué significa “mayordomía”

Mayordomía es el oficio de un mayordomo, y éste es el que gobierna o administra algo. Es el superintendente, administrador de los bienes de la casa de otro. En la Biblia se usa este término en múltiples ocasiones, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

El administrador no es el dueño, sino sólo una persona encargada por el dueño para ejercer esas funciones. En este sentido todos los seres humanos debemos ser responsables mayordomos de todo lo creado.

Según el N. Testamento, los servidores de Dios son los mayordomos que él ha puesto en su Iglesia (Tito 1:7; 1 Corintios 4:1-2; 1 Pedro 1:12). Por ello, todos los creyentes son dispensadores de las gracias y de los dones que Dios les ha confiado. Lo que se demanda de cada uno es que sea fiel, porque llegará el día en que deberá rendir cuentas de su administración. Esta es la principal idea de la mayordomía cristiana.

Como cristianos creemos que toda criatura depende de Dios. Nuestras acciones están determinadas por la fe que tenemos en Dios como creador, en Jesucristo como redentor y en el Espíritu Santo como santificador.

La mayordomía es trinitaria por partir de Dios uno y trino que en su providencia lleva a cabo el plan de salvación, del cual nosotros también somos participes.

2. Dios, creador

Las Sagradas Escrituras y los credos de la Iglesia enseñan que Dios creó todas las cosas. La Plegaria Eucarística C:

“A tu mandato, todas las cosas llegaron a ser: la vasta extensión del espacio interestelar, las galaxias, los soles, los planetas en su trayectoria y esta frágil tierra, nuestro hogar insular (…) De los elementos primarios formaste la raza humana y nos bendijiste con la memoria, la razón y la destreza. Nos hiciste soberano de la creación”. (LOC p. 293).

Ahora bien, no debemos entender la creación divina de una manera estática, sino evolutiva. Algo así como sucede con los seres humanos, que de la fertilización de un óvulo va creciendo todo un ser humano en varios estadios, hasta dar el último paso de encontrarse con Dios en la otra vida.

Así pues, podríamos afirma que la creación sigue haciéndose y nosotros participamos en su conservación, siendo buenos mayordomos. Seres inteligentes

El Génesis relata cómo Dios creó el cielo, la tierra y las demás cosas, coronando la creación con el ser humano. Hay varios aspectos importantes en la creación del ser humano: como criatura hecha a imagen y semejanza de Dios es diferente a todos los demás seres de la creación; tiene la capacidad de pensar; es espiritual por ser el único ser que puede relacionarse con Dios de una manera consciente, libre y personal; por eso, es también un ser moral al estar llamado a tomar decisiones sobre el bien y el mal, sobre amar u odiar, y sobre cuidar todo lo que existe o destruirlo.

En el Génesis se encuentra el mandato “mayordómico” y les dio su bendición: Tengan muchos, muchos hijos; llenen el mundo y gobiérnenlo; dominen a los peces y a las aves, y a todos los animales que se arrastran (Génesis 2:28). Este mandato contiene la aprobación divina para que el ser humano tenga la autoridad sobre la creación. Tal autoridad implica la responsabilidad de administrar los bienes creados, y de ser un co-creador de los mismos.

El ser humano ha logrado grandes avances tecnológicos y científicos que demuestran la capacidad de construir, desarrollar y hacer nuevas cosas. Pero desgraciadamente ha usado ese mismo saber para destruir y corromper la creación, demostrando ser un mal mayordomo. Es preocupante ver la alta contaminación que actualmente existe en muchos países latinoamericanos. También es preocupante la capa de ozono, los cambios climáticos que se están dando en toda la Tierra. Todos estos desajustes del planeta son producto de las ambiciones desmedidas de los mismos seres humanos.

b. Dignidad humana y responsabilidad comunitaria

Debemos resaltar la dignidad humana como fundamental en toda mayordomía cristiana. La dignidad humana no sólo consiste en un respeto a nuestros derechos, sino también en valorar lo que somos como seres especiales que gozamos del favor de Dios. La alimentación, el esparcimiento, la salud mental, son imprescindibles en la vida de toda persona. Todo individuo debe realizar una mayordomía en su propia vida que tenga en cuenta el disfrute y el bienestar personal y de la comunidad en su conjunto. Esto es aplicable a todas las áreas de la vida humana, es decir al trabajo, a la familia y todo cuanto hacemos como criatura de Dios.

El mandato mayordómico implica cumplir la voluntad divina en la comunidad humana. Cada ser humano debe tomar conciencia de sus deberes como individuos y como seres sociales. Realmente no podemos vivir solos, somos seres que compartimos en comunidad las bendiciones de Dios y las desgracias naturales y sociales de nuestro mundo. 2. Dios redentor: Jesucristo

La salvación lograda por Cristo con su vida, muerte y resurrección abarca toda nuestra vida. La gracia divina nos acompaña siempre y como seres libres debemos actuar cumpliendo la voluntad de Dios en todas y cada una de nuestras acciones

Ante todo, debemos recordar que somos pecadores y que actuamos contrariamente a una verdadera mayordomía de la vida. El Catecismo de la Iglesia cuando enfoca el tema de la naturaleza humana se pregunta: “Entonces ¿por qué vivimos separados de Dios y en desacuerdo con la creación? Responde: “Porque desde el principio, los seres humanos han hecho mal uso de su libertad, y han tomado decisiones equivocadas”. En el tema sobre el pecado y redención el Catecismo pregunta ¿qué es el pecado? Responde: “El pecado es seguir nuestra voluntad en lugar de la voluntad de Dios, deformando así nuestra relación con él, con las otras personas y con toda la creación” (LOC p. 741). De este párrafo se desprende claramente la consecuencia del pecado.

El pecado nos separa de Dios, de nuestros semejantes y de la creación entera. Quizás la palabra pecado puede sonarnos un poco extraña, pero no podemos dejar de admitir que es una realidad entre los humanos. Por doquiera vemos cuán alejados estamos de vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Es esto y no otra cosa es lo que hace que seamos pobres mayordomos de la creación entera.

Jesucristo vino a restaurar nuestra relación con Dios y con el mundo en que vivimos. Vino a destruir el pecado y la muerte. La mayordomía cristiana busca que cumplamos con esta responsabilidad evangélica trabajando bajo la gracia de Dios por la reconciliación y restauración en Cristo de todo lo creado. Con nuestro obrar como mayordomos lograremos que el amor de Dios sea la fuente principal de todas nuestras acciones.

La Iglesia

La Iglesia es la nueva comunidad de los siguen a Jesucristo. Es la Iglesia la que tiene que cumplir la misión de proclamar y vivir el evangelio.

De ahí que nuestra misión más importante sea la evangelización: el anuncio de la buena nueva y del reino de Dios entre los seres humanos.

La evangelización debe ir acompañada de acciones que forman parte integral de nuestra misión cristiana. Estas son el de discipular, el de luchar en contra de las estructuras injustas de la sociedad, el proteger la creación. Si no somos buenos mayordomos no podemos cumplir con esta misión.

La Iglesia es la comunidad de adoración. Por medio del sacramento eucarístico recordamos y en acción de gracias celebramos la salvación. Cada acto que realizamos en la Iglesia es un acto de de los beneficios de la creación y de la redención. Cada cristiano debe ser un buen mayordomo que dé gracias a Dios por los beneficios recibidos. Este agradecimiento lo podemos realizar por medio de las tres “ts” que son: tiempo, talento y tesoro.

Tiempo:

 

El tiempo es oro, nos viene de Dios. Las veinticuatro horas del día nos permiten organizar nuestras vidas con ratos para dormir, trabajar, estudiar y recrearnos. Pero en todo ese tiempo debemos estar conscientes de que vivimos y existimos en las manos de Dios. Así todo lo que hacemos está santificado.

No hemos de mantener una actividad desmedida que nos canse. Debemos equilibrar nuestro tiempo dedicando momentos a los deberes más importantes de nuestra vida: Dios, familia, sociedad.

Planificar el buen uso de nuestro tiempo forma parte de nuestra mayordomía cristiana. Es importante que intencionalmente dediquemos momentos a colaborar en lograr el bien de la humanidad, mejorando la sociedad. En nuestras congregaciones tal vez se nos ofrezcan estas oportunidades, o de lo contrario en otras organizaciones de carácter benéfico.

Talento:

 

La mayordomía cristiana debe incluir también los talentos individuales. Todos tenemos habilidades para realizar la obra de Dios en el mundo. El talento que recibimos es un don de Dios, un regalo que debemos disfrutar con gozo y alegría. Debemos emplearlo con amor en la iglesia y en la sociedad en sentido general. El mismo Jesús habló sobre esto en la parábola de los talentos (Mateo 25:15) para que podamos comprender la importancia de administrar lo mejor que podamos lo que Dios ha puesto a nuestro alcance. El colocar nuestro talento y capacidades al bien de los demás nos producirá grandes recompensas de alegría y satisfacción.

Tesoro:

 

Dios nos ha bendecido de muchas maneras: con la vida, el trabajo, la inteligencia y con muchas cosas más. En realidad todo lo que tenemos nos viene de él, empezando por la existencia. (1 Corintios 29:14; 1 Corintios 4,7; 1 Timoteo 6:7). Nosotros sólo somos administradores de todo cuando poseemos. Cuando ofrendamos en la Iglesia no hacemos otra cosa que dar gracias a Dios por estas bendiciones. En otras palabras, nuestras ofrendas son una respuesta de gratitud a todas las bendiciones que hemos recibido de Dios. Además, mediante nuestras ofrendas nos estamos ofrendando a nosotros mismos. Glorificamos a Dios mostrando que todo lo que tenemos le pertenece y que él merece nuestro agradecimiento y adoración. Gracias a nuestras ofrendas la Iglesia puede cumplir con la misión de Dios en el mundo.

¿Es obligación diezmar? Es decir, ¿continuar con la costumbre del Antiguo Testamento de dar a Dios el diez por ciento de todo lo que ganamos? En realidad, no debemos hablar de obligación sino de amor. Cuanto más amemos a Dios más contribuiremos para su reino. Pero, podemos afirmar que tenemos que dar a Dios, con sacrificio y alegría, parte de lo que de él recibimos.

El diezmar no es obligatorio, pero el no diezmar se consideraba robo en le pueblo de

Israel. ¿Acaso roba el hombre a Dios?...¿En que te robamos? En los diezmos y en las ofrendas… (Malaquías 3:8).

3. Dios, santificador: el Espíritu Santo

El Espíritu Santo obra en nuestras vidas creando en nosotros el verdadero carácter cristiano. El apóstol Pablo escribe a los gálatas sobre el fruto del Espíritu para enseñarnos de qué manera debemos actuar como personas que creemos en Cristo y que crecemos cada día a su semejanza ¿Tiene esto que ver con la mayordomía cristiana?

De los elementos primarios formaste la raza humana y nos bendijiste con la memoria, la razón y la destreza. Nos hiciste soberanos de la creación. La liturgia destaca la condición de soberano como alguien que tiene potestad para gobernar, dirigir un país o nación. Como mayordomos no tenemos la potestad de dirigir por nuestra propia cuenta, sino que hemos sido designados por Dios para hacerlo y asumir la responsabilidad ante lo creado. Pero, sin la poderosa fuerza del Espíritu Divino, no podemos hacer nada. En la efusión del Espíritu el día de Pentecostés, los apóstoles y discípulos se llenaron de poder, y salieron con fuerza y ánimo a propagar la buena nueva de Dios a todo el mundo.

 

 

 

 

 

11 MODULO

VII. La moral cristiana

1. ¿Qué es ética y moral?

2. Los valores morales

3. Opción fundamental cristiana

4. Asuntos ético-morales contemporáneos

5. La Declaración Universal de los Derechos Humanos

6. Los ocho objetivos del desarrollo del Milenio

7. La ética asertiva o de diálogo

8. La familia                                                                                                                                              9. Valores anglicano-episcopales

 

VII. La moral cristiana

1. ¿Qué es ética y moral?

Ambas palabras significan lo mismo: costumbre. La ética se estudia en filosofía. La moral en teología. Ambas ciencias estudian las costumbres de los seres humanos en lo que tienen de responsabilidad social, hacia el otro ser humano y hacia la divinidad.

La filosofía, la ética – estudia esas costumbres guiada solamente por la razón y las considera en su evolución histórica, es decir, cómo se han comportado los diferentes pueblos a través de la historia en circunstancias similares.

La moral estudia las mismas costumbres humanas a la luz de la revelación divina. Las Sagradas Escrituras juegan un papel decisivo, así como la tradición de la Iglesia. Así estamos ya en el campo cristiano. En el pasado, la moral estuvo muy influenciada por la filosofía. Predominó la ética de Aristóteles y con ella se insistió demasiado en los “actos” o “acciones” aisladas.

Hoy día predominan más una ética y moral de la personalidad; hay que considerar el conjunto de ser humano en al actuar cotidiano. En este sentido cobra capital importancia lo que se llama “opción fundamental” o “intención fundamental”.

La opción fundamental es lo que determina de un modo constante la tendencia de un ser humano en una determinada dirección elegida y escogida. Es decir, todo lo que haga estará influenciado por esa dirección escogida. Para lograr tal opción se requiere una larga maduración personal en el tiempo. Pongamos un ejemplo, un cristiano que haya elegido conscientemente imitar siempre a Jesús y amarlo incluso hasta la muerte, ha realizado una opción fundamental por Jesús. Se ha entregado a él, en cuerpo y alma. En tal persona una falta, un pecado aislado, no le aparta del amor de Dios, porque pronto se dará cuenta del error que ha cometido, y el amor predominará sobre el error.

Por eso, es importantísimo para el cristiano estudiar las Sagradas Escrituras para descubrir en ellas los valores con contenido de eternidad en incorporarlos en su opción fundamental vital.

2. Los valores morales

Los valores son llamados de este modo por su importancia en la configuración de la dignidad del ser humano. Los principales valores no son apreciaciones subjetivas. La paz, el amor, la justicia, la generosidad, el diálogo, la honradez, etc., son apreciaciones objetivas que van más allá del tiempo y del espacio.

Aunque los valores no sean directamente observables, sí lo son las actitudes y el respeto a las normas. Por ello, hablamos de objetividad en casos de valores universalmente aceptados como el “amor”. Ahora bien, así como existen distintos modelos de sociedad, así también existen distintas formas de ordenar los valores e interrelacionarlos entre sí. Esto por supuesto trae consigo conflictos en sociedades multiculturales como las nuestras: latinoamericanas y caribeñas, ya que en ciertas ocasiones los valores en conflicto son impuestos artificialmente y en algunos casos constituyen verdaderos contravalores.

Entendiendo que lo cultural no es en sí mismo un valor universal se hace necesario someter sus distintas combinaciones a un proceso de triangulación con las Sagradas Escrituras, la tradición y la razón, a fin de determinar los puntos de contacto y distanciamientos con la fe cristiana.

Esto, con el propósito de ofrecer una moral verdaderamente apegada al Evangelio de Jesucristo, pero al mismo tiempo debidamente encarnada en su contexto real.

Antes de iniciar nuestra revisión crítica de valores, podríamos afirmar como valor universal válido para todos los pueblos y culturas que siempre se ha de evitar el mal y obrar el bien. Según este principio general también podríamos constatar que casi todas las culturas contienen principios morales expresados en alguna formulación, similar a la de los Diez Mandamientos de la cultura judeo-cristiana.

Decálogo tradicional

Dios habló estas palabras, y dijo:

Yo soy el Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre. No tendrás otros dioses delante de mí.

No te harás imagen ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra; no te inclinarás ante ellas, ni les darás culto.

No tomarás el Nombre del Señor tu Dios en vano.

Acuérdate del día de descanso para santificarlo.

Honra a tu padre y a tu madre.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No hurtarás.

No dirás contra tu prójimo falso testimonio.

No codiciarás.

3. Opción fundamental cristiana

Para el cristiano solamente cabe una opción y es la de amar a Dios sobre todas las cosas, –como nos enseñó Jesús – y al prójimo como a nosotros mismos.

El vivir en este mundo, con una opción divina, nos condiciona de tres maneras: hemos de vivir de fe, esperanza y amor. El amor debe impregnar todas nuestras acciones. El amor es superior a cualquier otro valor; mejor dicho, el amor debe manifestarse de una manera u otra en cualquier otro valor humano. Véase lo que dice san Pablo en la primera carta a los de Corinto, en el capítulo 13.

a. La caridad, como la decisión central y total de vivir en amistad con Dios.

b. La fe, como la aceptación radical de Cristo que “condiciona” nuestra comprensión y configura la propia personalidad de los creyentes.

c. La esperanza, como ideal escatológico con visión de eternidad y compromiso con el presente, en tanto que se fundamenta en Cristo resucitado como testimonio del triunfo de la vida sobre la muerte.

4. Asuntos éticos-morales contemporáneos

La tecnología moderna nos sorprende a diario con alguna innovación. Las que más nos preocupan son las que caen dentro del campo de la biología y la persona humana (clonación), porque muchos de estos avances tecnológicos tienen implicaciones morales. En un principio los humanos no pueden decidir sobre la moralidad de los mismos por la ambigüedad con que aparecen. Sin embargo, estas innovaciones implican siempre responsabilidades morales.

En todos estos casos se han de aplicar las virtudes anglicanas de flexibilidad, paciencia, humildad y esperar a que la razón guiada por las Escrituras y el Espíritu Santo nos iluminen. En el pasado la esclavitud fue permitida y hoy nos parece una aberración que va contra la dignidad humana. Ante tales misterios de “las costumbres humanas” hemos de mantener una postura digna, siempre buscando evitar el mal y lograr que avance el bien.

Uno de los temas hoy más debatidos es el de la homosexualidad. Esta ha sido una realidad constante en la historia. También lo fue la esclavitud. En la esclavitud, la historia se equivocó de una manera radical. En este tema, tan difícil, hemos de mantener una actitud de respeto y escuchar a aquellos que en el fondo de su ser manifiestan inclinaciones diferentes a las nuestras.

5. La Declaración Universal de los Derechos Humanos

De esta declaración aprobada el 10 de abril de 1948 podemos extraer: la libertad y autodeterminación; la justicia; la paz; la igualdad; el respeto (alteridad); la equidad.

6. Los objetivos del desarrollo del Milenio

Más recientemente, en septiembre de 2000 todos los países de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y las instituciones de desarrollo más importantes a nivel mundial, acordaron ocho objetivos del Desarrollo del Milenio (MDG por sus iniciales en inglés). Esos mismos objetivos, que van desde la reducción de la pobreza extrema a la mitad, hasta la detención de la propagación del VIH/SIDA para el año 2015 fueron adoptadas como prioridades misioneras por nuestra Convención General en 2006.

Ciertamente, tal y como señaló nuestra Obispa Presidente Katharine Jefferts Schori en su documento Por el bien del mundo, el empeño de las Metas del Milenio por la justicia y la paz es compatible con el concepto bíblico de Shalom:

Shalom implica la restauración de toda la creación a una correcta relación con Dios, de tal manera que los hambrientos sean alimentados, los dolientes consolados, los enfermos sanados y los cautivos liberados. “La misión de la Iglesia es restaurar a todos los pueblos a la unión con Dios y unos con otros en Cristo”. (Libro de Oración Común, p 747).

Por lo expuesto hasta aquí, se considera necesario que en toda formación catequística el valor de la paz se inspire en la noción del Shalom bíblico, y se actualice en “la paz de Jesucristo” y en su presencia prometida: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: La paz les dejo, mi paz les doy. No se las doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: ‘Me voy, pero volveré a su lado’. (Juan 14: 27).

7. La ética asertiva o de diálogo

Por otra parte, también existen ciertas exigencias globalmente aceptadas, como La ética asertiva o de diálogo. La "asertividad" es una habilidad social y de comunicación por la que una persona sabe defender sus derechos con firmeza, sin sumisión o imposición, y sabe respetar los de los demás. Es también la capacidad de expresar adecuadamente los sentimientos, de forma que lleguen y empaticen con el destinatario. Sirve para comunicar ideas, transmitir malestar, petición de ayuda, iniciativas, etc., todo ello de forma eficaz. Sirve también para trabajar en equipo, crear sinergias (multiplicar, no sumar, las energías individuales de los integrantes de un grupo), negociar propuestas, buscar soluciones conjuntas, establecer normas en consenso, generar creatividad divergente para inventar soluciones nuevas ante los problemas de siempre, etc.

El valor de la asertividad encaja perfectamente dentro de la misión reconciliadora y profética de la Iglesia. En el libro Un llamado a enseñar y aprender, en el tercer capítulo denominado “Iglesia y Sociedad” se habla de las implicaciones de una Iglesia fiel. Se trata del aprendizaje que como Iglesia tenemos que experimentar en la reflexión crítica y autocrítica de nuestra sociedad y sus concepciones y modos de vida. El objetivo es saber “resistir sus influencias negativas y enseñar a nuestros niños y jóvenes a hacer lo mismo”. Esta guía catequética nos encarga la tarea de “explorar nuevas estrategias para influir las estructuras sociales, políticas y económicas de nuestra sociedad y obrar para transformar esas estructuras que oprimen injustamente a nuestras hermanas y hermanos.” (p. 50). Entonces, se trata de ir más allá del reformismo y asistencialismo. Es decir, hablamos de procurar real y efectivamente la realización del reino de Dios.

Una vez entendido el alcance de la asertividad como valor comunicacional lograremos estimar su importancia para la denuncia eficaz de las mentiras políticas, las injusticias económicas, la violencia de género (sexismo), el racismo, la xenofobia, la discriminación de ancianos/as y minusválidos/as, el clasismo y otras formas de selección estereotípica prejuiciada, fanática y discriminatoria, que como causas raigales de la injusticia social deforman el sistema de valores de nuestros jóvenes.

8. La familia

El realidad de la familia ha sido un fenómeno constante a través de los tiempos, aunque se haya dado variedad de modelos. La raíz de la familia radica en el matrimonio. También éste ha revestido variedad de modelos en la historia. Tal vez sea Egipto el primer pueblo en considerar el matrimonio como un compromiso mutuo de los propios esposos, hombre y mujer. Desde esos tiempos, el matrimonio se ha mantenido como una relación interpersonal, que implica derechos y deberes recíprocos, y también proyección hacia la prole.

Para los cristianos, la familia, viene a ser en la tierra una continuación del misterio mismo de la Trinidad. El amor que reina en la Trinidad debe manifestarse también en la familia humana.

De esta manera, la familia sería y debe ser fuente y escuela de virtudes y valores que los hijos deben aprender y practicar. El valor fundamental es el amor, la entrega mutua, el sacrificio, la cooperación. En este sentido la familia es como un santuario doméstico, donde todos dan gracias a Dios por el don de la vida, de la familia y del amor, y al mismo tiempo adoran al Creador en profunda reverencia.

Para los cristianos la familia de José y María, con Jesús, es un modelo ideal a imitar. No tenemos detalles, pero, al parecer, vivieron juntos en Nazaret. Jesús se mantuvo en casa hasta casi los treinta años.

En la actualidad todavía se da variedad de modelos en la familia, influenciados por la sociedad y cultura de cada país. Se están iniciando nuevos estilos de vida familiar. Todavía es muy pronto para determinar si cuajarán o desaparecerán.

Todo nuevo modelo de unidad familiar implica responsabilidades propias y características. Es difícil describir la familia ideal, pero en ella ha de predominar el amor recíproco de los miembros que la integran y han de estar guiados por valores de eternidad que tengan repercusión en la sociedad en que viven para influir en ella de una forma positiva.

9. Valores anglicano-episcopales

Para lograr su justa estimación debemos examinar nuestra tradición particular (nuestros formularios históricos, los documentos emanados por nuestros instrumentos de unidad y los recursos teológicos y catequéticos anglicano-episcopales recientes):

a. Flexibilidad

Probablemente el concepto de via media sea el más apropiado para ilustrar la naturaleza de la flexibilidad anglicana. Esta noción, que recuerda la expresión aristotélica ‘in medio virtus’ que significa la virtud está en el medio, es decir, en un equilibro medio entre dos extremos, nos parece sumamente útil a la hora de establecer, que cuando los anglicanos hablamos de ser la “via media”, nos referimos a nuestra “convicción de que toda verdad se conoce y se guarda manteniendo la tensión entre dos verdades opuestas” (Un llamado a enseñar y aprender, p. 72).

(Otros valores relacionados con flexibilidad son: enculturación, paciencia, apertura, espíritu democrático, amplitud).

b. La inclusividad

Recientemente en la Declaración de Panamá (2005) del Congreso Anglicano de Teología se reiteró el compromiso por el respeto a la diversidad y la inclusividad como signos permanentes del anglicanismo. En ese documento se afirma: “Creemos que podemos proponer una tendencia que llamamos Centro Global, la cual exhorta a nuestra Comunión a rescatar el carácter participativo, diverso, tolerante, e inclusivo que nos ha caracterizado como vía media en el cristianismo.

Este concepto de la inclusividad fue incorporado eficazmente por la Iglesia de Inglaterra durante el reinado de Elizabeth I como estrategia teológica y política para asegurar la unidad de la nación y de la Iglesia en medio de las difíciles tensiones que se daban en los siglos dieciséis y diecisiete. En este sentido, consideramos que el valor de la inclusividad anglicana constituye un verdadero espacio para el encuentro y el diálogo, espacios tan requeridos por nuestro actual mundo globalizado, fragmentado, injusto e inseguro (posmoderno).

c. La unidad y la diversidad

La diversidad es la dimensión deseable de la catolicidad de la Iglesia, y un rasgo distintivo de nuestro particular desarrollo histórico, pero es una realidad que debe estar acompañada de la interdependencia, la subsidiariedad y la corresponsabilidad. Entender que: “La Santa Iglesia Católica está plenamente presente en cada una de sus encarnaciones locales” (The Virginia Report, 1997, p. 26), significa tener conciencia de la koinonia (comunión, compañerismo) como valor inestimable para la conservación de la unidad y para la garantía de la verdad.

En torno a este último punto, sobre la verdad y su dimensión comunitaria bien ha señalado recientemente su Gracia Rowan Williams que: “Sólo toda la Iglesia conoce toda la verdad”.

En fin, nuestros catequizandos deberán aprender el valor de la provisoriedad frente a los grandes problemas que puedan surgir de las complejidades de la vida contemporánea. Para ello deberán contar con instrumentos pedagógicos que les orienten en un sentido práctico a evaluar o juzgar diversas situaciones como cristianos/as y miembros de un mundo y una Iglesia plural. Se trata de ayudar al descubrimiento moral en sus vidas: familiar y cotidiana, a la estimación de la rendición de cuentas y la interdependencia como principio cristiano particularmente anglicano. Sólo una catequesis capaz de enseñar a escuchar a los demás podrá considerarse verdaderamente o episcopal.

d. La humildad

Los anglicanos siempre hemos manifestado nuestra disposición al sacrificio y a la abnegación. Con el fin de restaurar la unidad una vez ejemplificada por la Iglesia Católica indivisa durante las primeras épocas de su existencia, los anglicano-episcopales establecimos en la Declaración “Cuadrilátero Chicago-Lambeth” (1886, 1888):

Que en todas las cosas de orden o elección humana, en relación a las formas de culto y disciplina, o a las costumbres tradicionales, esta Iglesia está dispuesta a renunciar, con espíritu de amor y humildad, a todas sus propias preferencias”.

Esta capacidad para distinguir lo que no es verdaderamente inherente al sagrado depósito de la fe cristiana se conoce como adiáfora. Se trata de un principio que fue muy utilizado por los reformadores ingleses, y que ha sido definido recientemente de modo sencillo como aquellas “cosas que no hacen la diferencia, asuntos vistos como no esenciales, temas acerca de los cuales uno puede diferir sin dividir la Iglesia.” (Windsor Report 2004, Sección B, Adiáfora).

La humildad, en oposición a la autosuficiencia, a la cerrazón y al exclusivismo, contiene a su vez otros subvalores referentes como la alteridad, el respeto a las diferencias, la tolerancia, entre otros, que describen bien nuestra identidad. En general, podríamos decir que nos referimos a la correcta y necesaria humildad frente al misterio, a la confianza humilde y a la humildad segura de saberse, no la única iglesia verdadera, sino una parte de ella. La iglesia católica y apostólica.

e. La denuncia profética

En el apartado sobre la asertividad o ética asertiva se hizo mención del ejercicio profético que debe caracterizar a los episcopales. No obstante, hemos querido colocar una pequeña traducción titulada “Teología moral” (a la derecha) proveniente de un documento de la IATDC que nos parece especialmente ilustrador sobre el tema del compromiso social de la Iglesia Anglicana.

8. Valores latinoamericanos y caribeños

Podemos reconocer las demandas históricas, los clamores sociales y los esfuerzos políticos de nuestros pueblos, al mismo tiempo que identificamos tantos contravalores que nos aquejan (tales como: la corrupción, el machismo, la violencia, el clientelismo, el paternalismo, el “compadrazgo” o favoritismo, el nepotismo, el militarismo, la subordinación, etc.). Algunos de los valores que están relacionados con nuestra realidad latinoamericana y caribeña son: la solidariedad, en oposición al individualismo y a la competencia; la justicia (igualdad), frente a tantas formas de injusticia y exclusión; la paz, en oposición a la violencia; la honestidad, frente a la corrupción; y la liberación, como la dimensión material de la conquista de Cristo en la cruz, y como respuesta a los ejercicios de dominación, y a las estructuras de pecado que subyugan, subordinan y explotan a nuestro pueblo latinoamericano y caribeño: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud. (Juan 10:10).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

12 MODULO

VIII. La Espiritualidad

1. Concepto

2. Origen del término

3. Historia del contenido

4. El llamado a la santidad

5. Espiritualidad y liturgia

6. La subida ascética

7. La vida de oración

8. Cómo meditar

9. La contemplación

10. Sobre el misticismo

 

VIII. Espiritualidad

1. El tema de la espiritualidad ha causado asombro a cualquier observador en los últimos años. De ser algo desconocido del gran público e incluso por amplios sectores del mundo cristiano, ha pasado a ocupar la palestra de la sociedad entera.

El origen de tal eclosión lo encontramos en el Concilio Vaticano II (1962-65). Ese concilio acercó a las confesiones cristianas hostiles durante más de cuatrocientos años. En la iglesia Católica el tema de la espiritualidad siempre fue central. También fue muy importante en la Iglesia de Inglaterra.

El Concilio Vaticano II, en la constitución sobre la Liturgia, amplió el marco de referencia insistiendo que todos los fieles están llamados a la santidad. En los años ochenta empezó a crecer el interés por lo espiritual en todo el mundo. Hoy día la palabra espiritualidad se usa en la conversación corriente, y mucha gente anda hambrienta de un alimento más profundo en su vida cristiana.

2. Origen del término espiritualidad

Los primeros escritores latinos del norte de África inventaron la palabra espiritualidad con la que designaban todas las actividades de la vida realizadas según el Espíritu Santo. Luego, esa palabra dejó de usarse hasta casi nuestros días.

3. Historia del contenido espiritual

Los primeros cristianos entendían la vida como una participación en el misterio de Cristo iniciada por fe en el bautismo y alimentada en la Cena del Señor que los conducía a dar testimonio de amor universal. Mientras Pablo veía el ministerio como una imitación de Cristo, los primeros cristianos vieron en el martirio la manera más cercana de imitarlo.

Durante el resto de la historia de la Iglesia, predominó una espiritualidad centrada en la vida del monacal. El pueblo no era totalmente partícipe de esa riqueza espiritual. Todo eso ha venido a cambiar modernamente con el realce del ministerio de los laicos cuya plenitud de vida cristiana arranca en el bautismo.

En la espiritualidad moderna se ha de prestar atención a temas feministas; relación entre oración y justicia social; apoyo en fuentes tradicionales para resolver cuestiones actuales; reconocimiento de la psicología del desarrollo y un entendimiento del “yo”; la experiencia siempre es el punto de arranque.

Una definición que incluye todos los elementos implicados en la espiritualidad sería: un estudio, a base de la revelación y de la experiencia cualificada, de la realización del misterio de Cristo en la vida del cristiano y de la Iglesia, que se desarrolla bajo la acción del Espíritu Santo y la colaboración humana, hasta llegar a la santidad.

Espiritual es quien toma el evangelio absolutamente en serio llevándolo con sencillez hasta las últimas consecuencias.

4. El llamado a la santidad

En lo más profundo del ser humano yace un deseo de ser santos. Inconscientemente, al buscar a Dios por todas partes, manifestamos el deseo de encontrarnos con ese Dios que nos hará santos.

El libro del Levítico, 11:44, lo expresa de esta manera: “Yo soy el Señor, vuestro Dios, santificaos y sed santos, porque yo soy santo. No os volváis impuros con los reptiles, que se arrastran por el suelo”, y se repite lo mismo en el capítulo 19:2.

En el evangelio de san Mateo tenemos el mismo mandamiento con otras palabras: “Sed perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto”. (5:48). (Véanse otros lugares con enseñanza parecida: Romanos 6:19; II Corintios 7:1; I Pedro 1:13-25; Hebreos 12:14). Según esa doctrina, todos debemos esforzarnos por ser santos, y ello, por nuestro propio bien, pues así seremos más felices.

5. Espiritualidad y liturgia

Se da una estrecha relación entre espiritualidad y liturgia. De hecho se puede decir que la liturgia es la primera fuente de la vida espiritual de la Iglesia. Efectivamente, en la liturgia nacemos a la vida de la Iglesia por el bautismo y seguimos alimentándonos espiritualmente por la eucaristía y la recepción de los demás sacramentos. Además, todas las acciones litúrgicas, todos los ritos, los símbolos, la lectura de la palabra divina, las oraciones, y todas las fiestas del año litúrgico son como un continuo alimento espiritual para nuestras vidas.

En la Iglesia Episcopal y la Comunión Anglicana nos gloriamos de una larga y gloriosa tradición litúrgica. Durante la Reforma fue la Iglesia de Inglaterra la primera y producir una obra maestra sobre liturgia en el Libro de Oración Común. Desde entonces, ese libro contiene todo lo que debemos creer y vivir. Más aún, en él, más que un libro de estudio teológico para reflexionar encontramos la liturgia como experiencia de los misterios divinos.

San Juan Crisóstomo, en uno de sus sermones, afirmó que “toda liturgia es una fiesta”. Es una fiesta de fe, en la que celebramos a Dios como creador y salvador, y al adorarle nos unimos con la divinidad y con todos los coros celestiales que nos han precedido en la gloria y están siempre cantando y gozando las alegrías eternas, hasta que un día nos unamos a ellos.

6. La subida ascética

Ascética es un término poco usado en el lenguaje ordinario. Nos evoca la persona dada al sacrificio y a la penitencia. Sin embargo, todos somos algo ascetas en nuestras propias profesionales seculares, cuando queremos lograr algo que implica esfuerzo.

Asceta, significa ejercitar, entrenar y se empleó para designar los esfuerzos mediante los cuales se deseaba progresar en la vida espiritual.

Esfuerzo es una característica esencial de la vida ascética. En el Nuevo Testamento, san Pablo desplaza el acento a la realidad de lucha y combate espiritual: “¿No han aprendido nada en el estadio? Muchos corren, pero uno solo gana el premio. Corran, pues, de manera que lo consigan, como los atletas que se imponen un régimen muy estricto. Solamente que ellos lo hacen por una corona de laureles que se marchita, mientras que nosotros, por una corona que no se marchita. Así corro yo, sabiendo dónde voy. Doy golpes, pero no en el vacío. Castigo mi cuerpo y lo someto, no sea que, después de predicar a los otros, venga a ser eliminado” (1Corintios 9:24-27).

Pablo, dice que no da golpes en el vacío. Es decir, lo hace con un objetivo en mente. Cuando tenemos ante nosotros un noble ideal a lograr empleamos cualquier sacrificio para lograrlo.

Eso hacen los niños que anhelan verse un día participando en los juegos olímpicos. Con tal objetivo por delante no escatiman la infinidad de horas de ensayo que implicará tan alto ideal.

Lo mismo sucede en el camino del espíritu. Para alcanzar la nobilísima meta de unirse estrechamente a Dios en esta vida, los santos se han entregado, en cuerpo y alma, a lograr esa intimidad divina. Han descubierto que los valores del espíritu se hallan después de mucho ejercicio espiritual. El valor del silencio, por ejemplo, se aprecia tras largos períodos de estar callados y prestando atención a nuestro interior. Así vamos constatando la necesidad de cierto ascetismo: asistencia asidua a la vida litúrgica de la Iglesia, como primera fuente de alimento espiritual, y otras prácticas tradicionales como la oración mental, la meditación, y también abnegación y renuncia de un bien menor para lograr uno superior.

Sin disciplina personal no hay calidad de vida espiritual. Sin desprendimiento de las cosas terrenas, no hay libertad de espíritu. Ahora bien, el esfuerzo ha de surgir voluntariamente dentro de nosotros y motivados por la esperanza de alcanzar la santidad.

Según esto, uno ha de dedicarse libremente a la persecución de la meta escogida. Los entrenadores, los directores, ayudan, orientan, pero en definitiva la parte decisiva le pertenece al sujeto que busca el noble ideal. Y ha de empezar dando los pasos más sencillos, hasta lograr el dominio total. Según un dicho: “Planta un acto, cosecha un hábito; planta un hábito, cosecha una virtud; planta una virtud, cosecha un carácter; planta un carácter, cosecha un destino”.

Dentro de esta práctica ascética, o de ejercicios que nos conducen a la santidad, el más importante de todos es la oración.

7. La vida de oración

A pesar de conducir una vida muy atareada, Jesús nunca abandonó la oración. Atestiguan los Evangelios que Jesús se retiraba con frecuencia a lugares solitarios para reflexionar y unirse en oración con Dios Padre. Así mismo, hay muchos pasajes en los cuales, Jesús indica a sus discípulos cómo deben rezar. (Véase Mateo 14:23; 6:5-13; Marcos 1:35, 6:46; Lucas 5:16; Juan 6:15; Mateo 5:5-6).

La iglesia primitiva daba por sentado que todo cristiano dedicaba diariamente ratos a la oración, unido al Cristo resucitado. En muchas comunidades se celebraba todos los días la eucaristía y se dedicaban momentos a la oración privada y al trabajo apostólico. Esta práctica ayudó a la Iglesia a crecer con vigor y vitalidad. Pero a medida que el Imperio Romano aceptó el Cristianismo como religión oficial, ese fervor fue enfriándose, por ello surgieron comunidades monacales dedicadas por vocación a la oración diaria.

En realidad, la Iglesia siempre ha dado por entendido que todo cristiano reza diariamente y de una manera espontánea. Al mismo tiempo, tanto en Oriente como en Occidente la práctica monacal de una vida dedicada a la meditación y contemplación ha permanecido fuerte en órdenes religiosas como los benedictinos, trapenses, franciscanos, dominicos, y, sobre todo, los carmelitas que cuentan con las lumbreras de santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz.

Es lamentable que no se haya transmitido al pueblo la costumbre milenaria de la meditación. Es también muy lamentable que el interés actual por la meditación haya sido estimulado por el contacto con métodos de religiones orientales; no porque esto sea malo, sino por ignorar una tradición tan rica como la que poseemos en el cristianismo.

Entre los líderes modernos de la oración más notables podríamos incluir a santa Teresita del Niño Jesús(1873-1897) y santa Isabel de la Trinidad(1880-1906), Thomas Merton (1915-1968) promotor de la doctrina de san Juan de la Cruz, Thomas Keating, John Main, Basil Pennington, Bede Griffiths(1906-1993), Henri Le Saux (1910-1973). Todos ellos se han alimentado del indiscutible maestro san Juan de la Cruz.

Entre todas las oraciones creadas por el ser humano, destaca por su sencillez y sublimidad la que Jesús enseñó a sus discípulos y que nos transmitieron san Mateo 6:9-13 y san Lucas 11:1-4.

Padre nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre,

venga tu reino,

hágase tu voluntad,

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en tentación

y líbranos del mal.

8. Cómo meditar

La meditación ha sido una costumbre muy arraigada en la espiritualidad cristiana. El método de meditación más conocido se desarrolla en tres partes desiguales en importancia y duración.

a. La preparación, sólo debe ocuparnos unos minutos, y consiste en colocarse en la presencia de Dios, abandonando, durante el tiempo dedicados a la meditación, cualquier otra preocupación. En la carta de Santiago leemos: “Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros” (Santiago 4: 8).

b. El cuerpo de la meditación es la parte más importante de todo el ejercicio y a la que se debe dedicar más tiempo. Comprende las cuatro partes siguientes:

-. Consideraciones. Para escoger el tema de la meditación normalmente nos servimos de un libro que puede ser la Biblia u otro de carácter piadoso (como Día a Día) que nos invite a reflexiones orientadas a mejorar de vida. Se lee un pasaje del libro seleccionado, y durante cierto tiempo analizamos lo leído desde todos los puntos de vista, siempre con el último objetivo de lograr algo práctico para nuestra vida. Así pues, el fin perseguido no es dilucidar un tema teológico. Nuestra reflexión ha de ser sencilla, y centrada en el asunto que esperamos nos ayude a mejorar de conducta.

Si leemos algo de la Biblia no lo hacemos con el fin de aprender ese pasaje de memoria Tampoco hemos de entretenernos en análisis profesionales. A veces, una sola palabra, otras una sola frase, puede ser suficiente para cerrar la Biblia y centrarnos en lo que hemos leído y que ha tocado nuestra sensibilidad. Una vez que hemos reflexionado sobre el tema suficientemente, debemos aplicarlo a nuestras vidas. Si hemos pensado en algún pasaje de la vida de Jesucristo, ¿cómo actuamos nosotros en comparación a la conducta de Cristo? ¿Qué puedo hacer para acercarme al modelo de Cristo? Si hemos meditado sobre alguna virtud, el amor, la fe o la esperanza, ¿vivimos nosotros lo que implican esas virtudes o fallamos constantemente? ¿Qué podemos hacer para fortalecer la fe, consolidar la esperanza, y madurar el amor?

Hasta este momento todo el ejercicio ha sido todavía mental, y no es lo más importante de la oración, sino un paso introductorio.

-. Afecciones. Los últimos pasos de la parte reflexiva nos fueron acercando a esta parte que es la más importante. Las últimas consideraciones deben tocarnos en el corazón. Desde ese momento dejamos el trabajo de la inteligencia para que la voluntad se dedique de lleno a crear emociones y afectos, provocados por la reflexión. En general hemos de llegar a sentimientos conducentes a evitar el pecado y a fortalecer nuestra vida espiritual. Con el tiempo se ha de notar en nosotros una gran mejora de vida. Más aún, con una práctica intensiva e ininterrumpida, a través de los años, nuestra alma se está predisponiendo para el siguiente nivel, más sublime, llamado la contemplación.

-. Peticiones. Es un momento importante de la meditación. Probablemente en nuestras consideraciones afectivas hayamos llegado a la conclusión de que nos encontramos muy lejos de la perfección. Probablemente, en nuestro fervor, quisiéramos cambiar radicalmente de conducta en unos instantes. Tal vez sea muy elevado nuestro objetivo, por ello necesitamos la ayuda divina. Hemos de pedir amparo para perseverar en nuestro objetivo. También podemos incluir otras peticiones, por la iglesia, familiares, amigos, etc.

-. Resolución. Aquí termina el cuerpo de la meditación. Si hemos sido sinceros hasta este momento, sin duda alguna queremos formular algún propósito. Tal vez quisiéramos cambiar de vida de un plumazo. Tenemos que evitar el hacer propósitos generales. Uno muy concreto y específico es lo mejor. Y hemos de esforzarnos por cumplirlo.

c. Conclusión. En unos segundos damos gracias a Dios por las gracias obtenidas durante el rato dedicado a la oración, y se pide perdón por cualquier falta que podamos tener.

Para terminar, es interesante apuntar que la meditación se promovió al final del siglo XV como un método eficaz para combatir la corrupción de maleaba a la Iglesia. Y santa Teresa está segura que es difícil permanecer en pecado mientras se practica la meditación diaria. 9. La contemplación

El ser humano se pasa la vida, consciente o inconscientemente, tratando de descifrar el misterio de la vida. El verdadero enamorado de Dios clamará como el santo carmelita: ¿Adónde te escondiste Amado? Y no parará hasta encontrarlo y unirse a él.

El ansia que ciertas personas sienten de encontrar a Dios, les impulsa a una práctica rigurosa espiritual que dura normalmente muchos años. El ejercicio más eficaz para descubrir a Dios es la meditación. Quien se entregue de lleno a la meditación llegará el momento en que se encuentre en los bordes de la contemplación. Expresado de esta manera: “Buscad leyendo y hallaréis meditando; llamad orando y abríos han contemplando”, atribuido al cartujo Guido II, y citado aquí en la versión de san Juan de la Cruz.

Después de muchos años de meditación y de ejercicio espiritual, el alma así ejercitada se encuentra al borde de un nivel espiritual superior que es inalcanzable por el esfuerzo natural. San Juan de la Cruz es tajante en este sentido: “No todos los que se ejercitan de propósito en el camino del espíritu lleva Dios a la contemplación, ni aún la mitad: el por qué, él se lo sabe” (N1, 9, 9). Y aclara la enigmática expresión “Dios lo sabe”, añadiendo que son pocos los seres humanos que responden totalmente a la gracia divina y que están dispuestos a sufrir los rigores de una noche purgativa del espíritu que vendrá con la contemplación.

Dios introduce a estas almas en una nueva situación espiritual para suavizarlas y hacerlas dóciles para que no le resistan en la tarea transformativa que va a operar en ellas. Ya que Dios va a elevarlas muy alto espiritualmente quiere que se dejen llevar, que no presuman de su propia nada y se gloríen sólo de Dios. Las somete a una oscuridad espantosa y prolongada para disponerlas, a una transformación divina. San Juan de la Cruz, mejor que nadie, ha descrito todo el proceso de esta noche “terrible”, según él, en su obra la Noche oscura.

El estado nuevo de la contemplación en que se encuentra el alma no es primordialmente una forma de oración, sino una calidad nueva en el camino de santificación. Esta situación nueva no excluye ni rechaza la práctica continua de los otros ejercicios piadosos y litúrgicos. Error en que algunos movimientos místicos cayeron en el pasado.

La contemplación lleva al ser humano a una relación tan íntima con Dios que los místicos la llaman transformación divina. Son seres humanos viviendo vida divina. Estos seres humanos que han tenido tan sublime contacto con Dios, en realidad desean morir para encontrarse definitivamente con Dios. 10. Sobre el misticismo

El fenómeno del misticismo se ha dado en todas las culturas, se trata de una experiencia profunda vivida en lo más íntimo del ser humano. Baste leer la literatura sagrada de las grandes religiones como el islam, budismo, hinduismo, judaísmo y cristianismo, para darse cuenta de que algunos seres humanos han experimentado algo tan sublime que no hallan palabras apropiadas para describirlo.

Se entiende por vida mística la marcada por la intervención habitual y general de Dios mediante los dones y gracias del Espíritu Santo. Esta intervención habitual de la gracia divina llega a todo ser humano. La vida mística es más general y amplia que la contemplativa. Hay místicos que no han sido contemplativos, mas todos los contemplativos son místicos en grado supremo.

Se trata, pues, de una vivencia tan personal y profunda que escapa el enmarque en palabras. La superficialidad humana tiende a incluir entre lo místico, fenómenos vitales que caen en el campo de lo emocional y sentimental; vivencias raras, extrañas y psíquicamente transformantes. Todos estos fenómenos son difíciles de describir por su vaguedad e intimidad. Para el auténtico místico no hay vaguedades ni emociones sino certeza de un contacto directo y seguro con una realidad trascendente que llamamos Dios.

Al término “místico” le ha sucedido algo parejo al de “espiritualidad”; se aplica sin propiedad a infinidad de casos, así se habla del “color místico” de un coche, de “una noche mística”, de “una pintura mística”; en el campo religioso se le ha asociado con espiritismo, clarividencia, brujería, ocultismo, lo mágico, lo parasicológico. En todos estos casos, la palabra mística o se emplea con una amplitud llena de vaguedad que en modo alguno se acerca a la realidad auténtica vivida por el verdadero místico.

William Ralph Inge, en Misticismo en la religión, afirmó que si lo que los místicos experimentaron es verdad, si han estado en comunión con el Espíritu de Dios, tal aserción es de una importancia extraordinaria, que se ha de tener en consideración a la hora de entender a Dios, al mundo y a nosotros mismos

La espiritualidad anglicana ha contado con lumbreras místicas: The Cloud of Unknowing (1350?); Julian of Norwich (1342-?): Revelations of Divine Love; Los platonistas de Cambridge (1600-1699); Evelyn Underhill (1875-1941): Mysticism (1911); The Mount of Purification (1960); William Ralph Inge (1860-1954).